27/12/2019, 10.51
RUSIA
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El futuro de Putin y el cuerpo de Lenin

de Vladimir Rozanskij

El (cuarto) mandato presidencial de Vladimir Putin concluirá en el año 2024, justo un siglo después del entierro de Lenin en la Plaza Roja. Él parece excluir nuevas candidaturas suyas y de su delfín, Dimitri Medvedev. El futuro poder en Rusia será el de una anónima nomenclatura que una los antiguos y los nuevos zares, junto a Lenin y a Stalin.

 

Moscú (AsiaNews) – En el país, muchos se preguntan cuál será el futuro del largo período del “zar” Vladimir. Estos interrogantes crecieron luego de la conferencia de prensa de Putin del pasado 19 de diciembre. A nivel internacional, impresionó el apoyo putiniano al presidente americano Trump, cuyo proceso de impeachment fue juzgado como “una invención propagandista”. Pero a nivel interno el debate está alimentado por un par de respuestas que involucran el futuro del cuerpo de Lenin y el del “zar”.

La primer pregunta se refiere a la eterna cuestión de trasladar el cuerpo de Lenin, desde el mausoleo de la plaza Roja (Foto 2) a una posible sepultura, un deseo expresado por la cúpula de la Iglesia ortodoxa. Putin declaró “no considerar oportuno” el traslado de la “momia idolátrica” del profeta de la revolución y agregó una reflexión sobre el rol de Lenin en la memoria rusa.

Putin a menudo criticó la política leninista y esta vez agregó que “Lenin era solamente un revolucionario, no un estadista”. Su error fue la política de las nacionalidades, inventando una “confederación en la cual las etnias eran separadas administrativamente”, creando los presupuestos para su futura separación: “Esto generó miles de problemas, que eran difíciles de controlar; Stalin estaba en contra, pero tuvo que aceptar la fórmula leninista”. Según él, esta es la causa de los actuales conflictos: “Territorios puramente rusos, como el Donbass antes y Crimea después, luego fueron entregados a Ucrania, sólo para aumentar el número de los proletarios en aquella república… apenas se disolvió el partido, se disolvió, también, nuestro país”.

Según el presidente ruso se necesitaba mantener a todos los pueblos unidos bajo la “gran Rusia”, como trató de hacer, a su manera, el mismo Stalin, cuya figura es por lo tanto exaltada por la ideología putiniana. De este modo, se trata de “purificar” la memoria del líder de Octubre, manteniendo sólo su aureola de jefe de la revolución, imponiendo una nueva versión de la clásica “idea rusa”, “nuestra milenaria herencia” que desde los tiempos de los zares encuentra hoy su dimensión, sin renunciar al estalinismo soviético, cuyos crímenes y horrores acusa Putin a los errores de Lenin, que los hizo “casi inevitables”.  

Por tanto, y en vista la “nostalgia que aún conserva el pueblo", el cuerpo de Lenin no debe ser trasladado, según palabras de Putin, hasta tanto no se comprenda correctamente su función en la historia rusa.

Dicha afirmación se relaciona con la segunda respuesta de Putin a los periodistas (que evidentemente no fue casual) acerca de su propio futuro. Su actual mandato presidencial (el cuarto) concluirá en el año 2024, justo un siglo después del entierro de Lenin en la Plaza Roj. El presidente declaró que “sería mucho mejor quitar de la Constitución la prohibición de superar los 2 mandatos consecutivos”, dejando por lo tanto el límite absoluto de los 2 mandatos.

Esta afirmación suscitó muchas reacciones e interpretaciones. Por un lado, Putin parece sancionar el final de su largo dominio sobre la política rusa, excluyendo futuras nuevas candidaturas, aún después de una nueva “pausa” con un mandato transitorio a su delfín Medvedev. Por otro lado, se pregunta si el mismo Medvedev (admitiendo que sea él el sucesor) pueda tener otros 2 mandatos, habiendo ya pasado uno del 2008 al 2012, con Putin como Premier; y por lo tanto a nadie le sería posible permanecer en el poder un cuarto de siglo, como el actual líder.

De todos modos, nadie piensa que Putin vaya a apartarse en el 2024. Lo más probable es que asuma alguna función de control, como la presidencia del Consejo de seguridad. Seguramente ya no será exaltado por el consentimiento popular, francamente en disminución desde hace algunos años, a causa de las condiciones económicas del país, por cierto, nada fáciles. El futuro de Rusia parece ser cada vez más “soviético”, confiado a una anónima nomenclatura, dejando el culto de Lenin y Stalin y de los antiguos zares, pero con una nueva pretensión de “unidad universal” del pueblo ruso, que quiere ser protagonista de la escena internacional.

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