16/05/2026, 16.39
MUNDO RUSO
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El regreso al comunismo de los jóvenes rusos, entre la guerra y la crisis económica

de Stefano Caprio

Crece la demanda popular de una política de "izquierda". Uno de los requerimientos es un impuesto a los superricos como respuesta a la desigualdad social. Los jóvenes se unen a grupos radicales de izquierda en busca de la "verdad" y se enfrentan a los nazis en las calles. En un clima de agotamiento, cualquier reivindicación tiene un gran potencial. El declive constante, aunque todavía no catastrófico, de Rusia Unida y de Putin.

 

La frase que ha tenido más impacto en el espacio político ruso en los últimos días fue la que pronunció el líder histórico de los comunistas del KPRF, Guennadi Ziugánov, cuando el 22 de abril, día del nacimiento de Vladimir Lenin, afirmó en la Duma Estatal que "si no se toman medidas efectivas a nivel económico, financiero y social, en otoño nos espera la repetición de 1917, y nosotros no tenemos derecho a repetir esa experiencia". El gran adversario de Borís Yeltsin, quien allanó el camino para el ascenso de Vladimir Putin, sin duda no tenía en mente la revolución bolchevique de octubre, sino la primera revolución de febrero, cuando el 8 de marzo (según el nuevo calendario) las mujeres de Petrogrado se abalanzaron contra los cadetes indefensos que protegían el Palacio de Invierno, mientras el zar Nicolás II se encontraba cerca del frente para apoyar a los ejércitos en la catastrófica guerra contra los alemanes, ajeno al colapso del imperio.

Ante la inevitable caída en una crisis económica general, crece cada vez más en Rusia la exigencia popular de una política "de izquierda", que sin entrar en la peligrosa evaluación de la "operación militar especial" pueda defender los intereses de las clases sociales más afectadas por la inflación galopante y los aumentos de los precios al consumidor, y de los jóvenes que no ven perspectivas para el futuro. Algunos blogueros afines a los comunistas, como Andréi Rudói, están reuniendo millones de seguidores en YouTube, a pesar de que el bloqueo debería hacerlo inaccesible, a menos que se utilicen sistemas VPN que las agencias de control no logran erradicar de los usuarios. Los levaki, los "simpatizantes de izquierda", proponen campañas para un impuesto al lujo de los superricos, dada la creciente desigualdad social, y pequeños grupos radicales de marxistas-leninistas, trotskistas y maoístas se encuentran entre los principales combatientes activos por un internet libre.

"Maoístas: ¡los rusos necesitan comunicarse! ¡Dejen de bloquear Telegram!". Los activistas de la Unión Maoísta de los Urales colgaron esta pancarta en una calle de Cheliábinsk a finales de marzo, informó la Novaya Gazeta Evropa. Las fuerzas de seguridad locales advirtieron la situación, dos personas fueron arrestadas y, según informes no confirmados, la policía habría incautado explosivos a una de ellas. El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PKR), de inspiración trotskista, está pegando volantes por todas partes contra el uso forzado del servicio patriótico de mensajería Max, y distribuyendo material de propaganda del partido en el ingreso de las fábricas de la región de Moscú. "¡Lenin lo hizo, así que tú también puedes hacerlo!", es el eslogan que difunden entre los trabajadores con su material de propaganda.

El Partido Comunista Ruso (Internacionalista) organizó una manifestación en Novosibirsk contra el sacrificio de ganado, y también es uno de los principales organizadores de manifestaciones y piquetes en varias ciudades contra las restricciones de internet. Al operar en Rusia, el PKR Internacionalista puede criticar incluso a la Unión Soviética, y recientemente su grupo en VKontakte fue bloqueado por este motivo. Los anarquistas de Acción Autónoma también recomiendan descargar a través de VPN y distribuir con cautela material de propaganda contra la guerra con Ucrania, y publican regularmente fotografías de ese tipo de carteles, procedentes de diversas ciudades. "En Rusia y en otras partes los jóvenes se unen a grupos radicales de izquierda porque buscan la verdad. La política radical, sobre todo la de izquierda, permite vivir en un estado de producción continua de verdad: se crea una enorme cantidad de textos, declaraciones y acciones públicas", afirma un programador moscovita que en el pasado participó en grupos radicales de izquierda similares, y que concedió una entrevista anónima a Novaya Gazeta.

Observa que el pensamiento radical no está particularmente interesado en alcanzar objetivos, sino más bien en el proceso en sí, por lo que es inútil discutir sobre lo que estos grupos radicales son capaces de lograr en la Rusia moderna. Según el programador, ellos alcanzan cualquier resultado "más a pesar de, que gracias a". Las referencias a figuras históricas —Trotsky, Kropotkin, Mao, Che Guevara o Stalin— para estos activistas representan más bien una tradición subcultural o incluso religiosa, una forma más sencilla de construir una narrativa. "¿Por qué me hice comunista en la escuela secundaria y no un fan de Tolkien o un punk? No tengo una respuesta, supongo que fue el deseo de encontrar un ambiente favorable para la comunicación intelectual. Participaba en reuniones, piquetes y formaba parte de organizaciones. Éramos muy pocos y nos conocíamos todos. Estábamos muy alejados de la sociedad y de sus problemas", recuerda el programador.

Sin embargo, no se debería subestimar estos movimientos: "Si y cuando se abran oportunidades políticas en Rusia, todo lo que ha ocurrido tendrá importancia. Algunos miembros de grupos de izquierda participarán seguramente en la nueva política". Las organizaciones cambian rápidamente y es probable que surjan otras nuevas, y tal como ocurrió en la fase de la perestroika gorbachoviana "la Rusia democrática en sí misma no logró nada, pero sus miembros participaron en muchas iniciativas", observa un ex activista. La demanda de política de izquierda en Rusia es en realidad mucho más amplia que lo que pueden ofrecer los pequeños círculos marxistas y anarquistas casi subculturales; en un contexto de agotamiento por la guerra en la sociedad rusa, de crecientes pérdidas militares directas, despidos masivos, declive económico, aumento de impuestos y medidas descabelladas de las autoridades, como el sacrificio de ganado sin explicaciones ni indemnizaciones, cualquier reivindicación social, cualquier crítica a las autoridades por parte de la izquierda, tiene un gran potencial.

El Vitsom, el centro progubernamental de investigación de la opinión pública panrusa, está registrando un descenso constante, aunque todavía no catastrófico, en los índices de aprobación de Rusia Unida y del propio presidente Vladimir Putin. La operación SVO, el aumento de los precios y el estado del sistema de salud son las principales preocupaciones de los rusos. "Estoy convencido de que en una futura Rusia democrática la izquierda tendrá la mayoría en el parlamento. Tal vez haya varios partidos", considera Evgueni Stupin, ex diputado de la Duma de Moscú y miembro del partido comunista, según el cual "ya existen muchas estructuras e individuos de izquierda a la espera de la oportunidad de unirse a la lucha legal".

Los rusos tienen una fuerte exigencia de justicia social, lo que indica un decidido giro a la izquierda y, lamentablemente, un gran impulso al nacionalismo interno debido al fracaso total de la política migratoria, y también porque ahora en Rusia hay muchos militares, en su mayoría de derecha. Los liberales lo tendrán más difícil en esta situación, sobre todo porque la clase media, que tradicionalmente apoyaba a Alekséi Navalny y a otros movimientos liberales, está desapareciendo lentamente: muchos han abandonado Rusia, otros han caído en la pobreza o, por el contrario, se han unido a la élite. El propio Stupin se vio obligado a abandonar Rusia en 2023 debido a la amenaza de un proceso penal, pero su audiencia combinada en Telegram y YouTube cuenta con casi un millón de personas, y publica numerosos videos y artículos sobre los conflictos sociales en Rusia.

Con las manifestaciones prácticamente prohibidas, la presión sobre los medios cada vez más fuerte y las elecciones sin competencia, es difícil evaluar la relevancia de cualquier idea política. Varios medios periodísticos rusos de izquierda cuentan con decenas de miles de suscriptores en Telegram y cientos de miles en YouTube. Aunque sus cifras son inferiores a las de muchos medios liberales o nacionalistas, la izquierda está recuperando terreno gradualmente. Hay pocas figuras públicas de extrema izquierda, en parte debido al riesgo de persecución. El profesor y activista sindical independiente Andréi Rudói es uno de los blogueros más populares, con más de 350 mil suscriptores en Telegram y YouTube, y también consiguió salir de Rusia y evitar el arresto. Otra conocida figura pública de izquierda, el filósofo marxista Boris Kagarlitsky, ha declarado que no abandonaría Rusia por principio, y actualmente cumple una condena de cinco años por "justificación del terrorismo".

Otra fuente de incitación para los movimientos de izquierda ha sido el auge de la extrema derecha, y la innegable fascistización del Estado en su conjunto. Por ejemplo, el Frente Estudiantil Antifascista, que opera legalmente en Rusia y organizó protestas contra la Escuela Iván Ilyín, en la Universidad Estatal Rusa de Humanidades, que provocaron la dimisión del rector de la universidad, ha publicado material crítico sobre el reclutamiento de estudiantes en milicias paramilitares, y también lanzó una campaña para introducir un impuesto al lujo con el cual financiar los subsidios de vivienda para los jóvenes. Los jóvenes de izquierda se enfrentan con frecuencia con los nazis en las calles de las ciudades rusas, y tal vez por eso Putin empieza a hablar del "fin de la guerra", para evitar que comience otra muy destructiva dentro de la propia Rusia.

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