Gran Canaria. El Papa dijo a los migrantes: '¡Ustedes no son números ni expedientes! Son personas'
En el puerto de Arguineguín, León XIV recordó las vidas "confiadas a la fragilidad de un cayuco", "despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad". A las mujeres víctimas de trata y explotación les dijo: "Tu vida pertenece a Dios". Denunció a los "monstruos" del mar: "Mafias, traficantes e indiferencia". Y advirtió a la Iglesia que "acoger al migrante no es algo secundario".
Las Palmas de Gran Canaria (AsiaNews) - “Cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. En el puerto de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria, el papa León XIV comentó esta mañana uno de los pasajes “más exigentes” del Evangelio, en Mateo (Mt 25,41-45). El viaje del pontífice en España continuó en el archipiélago frente a las costas marroquíes, tierra ansiada por los migrantes, por las vidas confiadas a la “fragilidad de un cayuco”. “Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan muchas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad”.
El pontífice se encontró con las organizaciones que acogen a los migrantes. Las Canarias, un lugar reconocido mundialmente como destino turístico privilegiado y de incomparable belleza natural, es también el punto de llegada de miles de personas que, marcadas por la desgracia de haber nacido en medio de la inestabilidad y la violencia, se juegan la vida en lo que se conoce como “Ruta Atlántica”. León XIV, que ayer estuvo en Barcelona, fue recibido por unas 2.000 personas, entre las que se encontraban el primer ministro Pedro Sánchez, el obispo de Islas Canarias, Mons. José Mazuelos Pérez, el director de Cáritas de las Canarias, P. Gonzalo Marrero Rodríguez, y el P. Víctor Domínguez González, delegado para la pastoral de los migrantes.
“Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador”, afirmó el Papa. “Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”. El llamado de Jesús —“Desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5,10)— ante este mar ensangrentado “adquiere una fuerza literal y dolorosa”, dijo. León XIV recordó entonces que dicho mandato es visible —y tangible— en el anillo del pescador que lleva en el dedo. El anillo que recibió —de manos del cardenal Luis Antonio Tagle— hace algo más de un año, el 18 de mayo de 2025, en la misa de inicio del Ministerio Petrino.
“El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles”, dijo Prevost. “La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche”. Y denunció a los “monstruos” que surcan las aguas, potencial escenario de oscuridad y caos. “Mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permite que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”, enumeró León XIV.
Ante toda esta realidad, la fe tiene la capacidad de no quedarse “paralizada”. La voz de Dios —que ordena al mar calmarse y es capaz de abrir caminos a través de él (cf. Éx 14,21-31)— “sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros”, añadió el pontífice esta mañana desde Arguineguín. “Allí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas”.
Como ocurrió ayer en el centro penitenciario Brians 1, cerca de Barcelona, el Papa escuchó hoy también algunos testimonios de personas que viven en primera línea el drama de la expatriación, cuyas vidas a menudo quedan a merced del azar, tanto del lado de quienes acogen como de quienes salvan. León XIV les agradeció que hayan compartido sus vivencias y mencionó sus nombres: Tito y María. El primero es capitán de la Guardamar Urania de Salvamento Marítimo, quien desempeña esta misión desde hace 18 años. La segunda es voluntaria de Cáritas diocesana. El papa Prevost dijo con respecto a ella: “Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra”.
“La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces”, continuó. El Papa recordó también a Blessing —“bendición”—, cuyo testimonio llegó a través de una carta. Su historia está impregnada de esperanza, pero también de dolor: tras partir a los 22 años para dar un futuro a sus hijas de 4 y 2 años, su vida cayó en manos de la “mafia”, donde fue víctima de violencia y abusos. “Cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador”, le dijo el Papa.
León XIV dirigió entonces un mensaje a las mujeres víctimas de trata y explotación: “Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien de valor inestimable”. Y añade: “¡Tu vida no pertenece a quienes te hicieron daño; tu cuerpo no pertenece a quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo! Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que nadie te puede arrancar”.
El Papa se dirigió también a las personas migrantes: “Quiero inclinarme ante su dignidad. Ustedes no son números ni expedientes. Ustedes son personas”. Personas con una familia y un hogar que dejaron atrás, pero también “con sueños que nadie tiene derecho a despreciar”. La vida de ustedes "debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad”, dice.
Sin embargo, no es suficiente que sean conscientes de su propia dignidad. Su condición debe convertirse en un “examen de conciencia”. “Para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante”, señaló Prevost.
Y también para la Iglesia. “La acogida del migrante no puede ser algo secundario, ni delegarse solo en algunos voluntarios”, afirmó. “Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras”. El Papa subrayó por tanto la importancia de “vías legales y seguras”, y del “derecho a no tener que emigrar”. Y planteó una pregunta fundamental para la humanidad: “Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?”.
Al terminar el encuentro en el puerto de Arguineguín, se dirigió a la ermita de la Virgen del Carmen para bendecir una cruz construida con la madera de una embarcación. El Papa también depositó una ofrenda floral en memoria de las víctimas de las migraciones por mar. Después de saludar a algunos voluntarios, voluntarias y personas migrantes, el Papa se trasladó en automóvil y posteriormente en papamóvil hasta la Catedral de Santa Ana para el encuentro con el clero, las religiosas y agentes de pastoral. Esta tarde presidirá la misa en el estadio de Gran Canaria, y mañana, último día de viaje, irá a Tenerife.
20/04/2016 10:19
18/08/2017 13:52
