06/10/2022, 12.31
AFGANISTÁN
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Kabul, atentado en la escuela Kaaj: desde Italia, la denuncia de dos ex alumnas hazaras

Sin contar los atentados del último mes, en poco más de un año han muerto 700 miembros de la minoría chií en 13 ataques del Estado Islámico. Las niñas que habían salido a protestar en las calles para pedir protección sufrieron una intoxicación alimentaria, probablemente un acto deliberado de los talibanes. Ayer se produjo otra explosión contra una sede de las autoridades afganas.

 

Milán (AsiaNews) - "Todavía no había abierto bien los ojos, la mañana del 30 de septiembre, cuando leí la noticia de que el centro educativo de Kaaj había sido atacado por los terroristas". Quien habla es Amena Baturi, una joven hazara de 16 años que huyó de Afganistán hace poco más de un año tras la reconquista de los talibanes. "Estaba muy enfadada, no me lo podía creer, intenté ubicar a alguien que estuviera en contacto con la escuela: compañeros de clase, amigos, pero no hubo respuesta. Sólo después de varias horas, a través de las redes sociales, me enteré de que varios alumnos habían muerto o resultaron heridos, entre ellos algunos ex compañeros". En la explosión murieron 53 personas, entre ellas 46 estudiantes hazaras.

También Amena es ex alumna de la institución. La joven es campeona nacional e internacional de taekwondo desde su infancia, y en el pasado asistió a la escuela pública del distrito Dasht-e-Barchi de Kabul, que sufrió un atentado terrorista del IS-K (Estado Islámico de la Provincia de Jorasán) a finales del mes pasado. La joven deportista quería estudiar matemáticas porque "esperábamos un futuro mejor para nuestra generación".

En la mañana del 30 de septiembre, apenas supo de la noticia del atentado, Amena se comunicó con su amigo Omulbanin, también refugiado hazaro que ahora vive en Italia y como ella, es ex alumno del centro educativo de Kaaj: "Amena gritaba y me pedía que llame a Maryam, Sharifa y Rehela. Sólo una de sus amigas, Maryam consiguió salvarse, ya que llegó tarde a un examen programado esa mañana”. "Después de dos días la llamé y le pregunté cómo estaba", continuó Omulbanin. "Nunca me recuperaré", respondió su amiga. "Quisiera que nadie de este mundo estuviera cansado de vivir por pertenecer a un grupo o etnia".

Los talibanes, que habían informado un saldo de 30 muertos, amenazaron a los estudiantes y profesores para que no tomaran fotos para los medios de comunicación y no informaran del incidente. En los días siguientes al atentado, las mujeres salieron a la calle a protestar para exigir el derecho a estudiar y el fin del genocidio contra la comunidad hazara. Esta minoría chiíta siempre ha sido perseguida en Afganistán: primero por los talibanes y ahora por los fundamentalistas del Estado Islámico, que consideran que las nuevas autoridades del país son “tibias” con la ideología islámica. Unas cincuenta niñas acabaron en el hospital con un cuadro de intoxicación alimentaria: según algunas fuentes, se trató de un acto deliberado de los talibanes para poner fin a las manifestaciones.

Según un informe de Human Rights Watch (HRW) publicado hace un mes (por lo que no incluye los ataques más recientes, entre ellos el del 30 de septiembre), más de 700 hazaras han muerto en al menos 13 ataques de la rama local del ex ISIS en el último año.

El atentado más reciente, que parece estar dirigido a los talibanes y no a las minorías religiosas, tuvo lugar ayer: a última hora de la tarde, se produjo una explosión en una mezquita cercana al Ministerio del Interior. No se conoce el número exacto de víctimas (según algunas fuentes son al menos 20) porque las autoridades se obstinan en aparentar que son capaces de administrar el país.

Está claro que no es así: el informe de Human Rights Watch acusa al gobierno talibán de ser incapaz de proteger a las minorías y proporcionar una atención médica adecuada a las víctimas y sus familias, a pesar de haberse comprometido a hacerlo cuando tomaron el poder en agosto del año pasado. "El problema no es que los talibanes sean responsables de la violencia. Son responsables de no proporcionar una seguridad adecuada a su población", explicó John Sifton, director regional de HRW Asia. “Si pretenden actuar como autoridad de gobierno, su primera prioridad debería ser proteger a la población de la violencia" del IS-K. El temor de la organización humanitaria  es que muchos atentados suicidas -especialmente los que se producen en provincias remotas- no se denuncien debido al control que ejercen los talibanes sobre los medios de comunicación.

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