15/01/2026, 18.15
KUWAIT - VATICANO
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Kuwait. Basílica de Nuestra Señora de Arabia, la luz que ilumina una iglesia sufriente

de Dario Salvi

Mañana el Card. Parolin y Mons. Berardi encabezarán la ceremonia de elevación del histórico lugar de culto en Ahmadi. En una nueva entrega del reportaje de AsiaNews en el vicariato del Norte de Arabia presentamos esta jornada de fiesta para los católicos. P. Fernandes, párroco: un punto de referencia para la vida cotidiana, la pastoral y la espiritualidad. Desafíos y problemáticas de la Iglesia local.

 

Kuwait City (AsiaNews) - Una jornada de fiesta y un signo visible de la presencia cristiana en Kuwait y en la región del Golfo, en una tierra donde los musulmanes son mayoría y las comunidades católicas están compuestas sobre todo por trabajadores migrantes de Asia. Mañana el secretario de Estado del Vaticano, Card. Pietro Parolin, y Mons. Aldo Berardi, vicario apostólico de Arabia del Norte (Kuwait, Bahréin, Qatar y Arabia Saudita) encabezarán la ceremonia eucarística para la elevación a Basílica Menor de la iglesia de Nuestra Señora de Arabia, en Ahmadi. Se espera la asistencia de miles de fieles a la celebración, que constituye un “hito” en la historia de la Iglesia local. La Virgen que se venera en Ahmadi, en efecto, es un símbolo de unidad y de presencia silenciosa, pero tenaz y con profundas raíces en la fe. La elevación a basílica menor implica una relación más estrecha y tangible con la Sede Apostólica, como lo demuestran los signos papales.

En Kuwait no hay una única Iglesia, sino que las cuatro parroquias que la componen son todas realidades diferentes con exigencias peculiares: la Concatedral de la Sagrada Familia en Kuwait City, que durante mucho tiempo fue la sede del vicariato; la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Arabia en Ahmadi, ahora basílica menor; la parroquia de Santa Teresa en Salmiya y la parroquia de San Daniel Comboni en Jleeb Al-Shuyoukh, más conocida como Abbasiya.

Las dos primeras son lugares de culto reconocidos por el gobierno, la tercera lleva adelante sus actividades con regularidad aunque no tiene signos en el exterior, y la cuarta que, de hecho, recuerda más a las comunidades clandestinas o subterráneas. Estas últimas son una realidad que el vicario apostólico Mons. Berardi ha definido como “sufriente”, pero que no por ello ha perdido la esperanza, comenzando porque las dos parroquias están a la espera de tener sus lugares de culto y eso ha dado lugar a algunas discusiones. “Se está hablando sobre las próximas leyes sobre el culto no musulmán, y las autoridades - explicaba el prelado a AsiaNews - han aceptado que se realice un encuentro ecuménico de todas las Iglesias del Golfo”, que debería concretarse antes de fin de mes.

Una comunidad “vibrante”

El que nos introduce en la historia de la basílica es el P. Darel Fernandes, párroco franciscano de origen indio, que desde hace pocos meses se encuentra al frente de uno de los centros más importantes, no solo del vicariato de Arabia del Norte sino de toda la Iglesia del Golfo. Es el primer lugar de culto católico que se construyó en el emirato, dedicado a la Madre de Dios (junto con San Elías el profeta y Santa Teresa de Lisieux) y se lo considera la “iglesia madre” del vicariato. Ahmadi es un importante centro petrolero que atrae a numerosos migrantes económicos - sobre todo de la India y Filipinas - que han comenzado a establecerse en la zona. En los primeros tiempos (desde 1948 hasta 1955) utilizaron una capilla provisoria que fue bendecida el 8 de diciembre de 1948. Ese mismo día también nació la devoción a “Nuestra Señora de Arabia” que ha continuado hasta nuestros días, en el contexto de una comunidad católica que el sacerdote describe como “vibrante”.

La colocación de la primera piedra de la futura basílica fue el 8 de septiembre de 1955, y fue presidida por Mons. Teofano Ubaldo Stella, el primer sacerdote católico residente en el país, quien desde el primer momento trabajó para fundar un lugar de culto que permitiera acoger a los fieles. El proyecto se pudo concretar gracias a la contribución de la Kuwait Oil Company, que concedió los permisos de construcción, posteriormente se hizo un campanario y, en tiempos más recientes, una nueva sala, gracias a una donación del gobierno de Kuwait. Años después el santuario fue remodelado para colocar la estatua de Nuestra Señora de Arabia - una réplica de la imagen del Monte Carmelo - que fue entronizada el 6 de enero de 1950 y coronada el 25 de marzo de 1960.

Una Iglesia en salida

“Según los relatos de la época - recuerda el P. Fernandes - había un fuerte deseo de disponer de un lugar de culto donde la gente pudiera reunirse y rezar, aunque la situación no era fácil para las primeras comunidades cristianas, sin duda mucho peor que hoy” a pesar de algunas “restricciones. Por ejemplo, no se pueden realizar procesiones o celebraciones al aire libre”. Este lugar de culto no lo utilizan sólo los católicos, sigue diciendo el sacerdote, sino que está abierto a otras denominaciones cristianas como coptos y ortodoxos “que lo comparten con nosotros” en un espíritu de armonía y de buenas relaciones, aunque “no hay demasiada interacción”. A nivel comunitario “tenemos diversas realidades lingüísticas y diferentes ritos” prosigue, y cada uno de ellos “celebra sus propias misas” según el principio de la “unidad en la diversidad”. A nivel social y económico, añade, tenemos los mismos problemas que en otros lugares donde hay mucha migración, como “la pérdida del trabajo y las dificultades para encontrar un nuevo empleo, los salarios que no siempre se perciben y el alto costo de vida que afecta los salarios”.

Para los católicos en Kuwait la iglesia no es solo un lugar de culto, sino que también es un punto de referencia en la vida cotidiana. “Tenemos diversos programas culturales - explica el sacerdote indio - aniversarios y fiestas, los jubileos [de san Aretas y el que acaba de terminar, de la Esperanza, n.d.r.], y precisamente hemos centrado nuestro trabajo sobre el tema de la esperanza en una perspectiva cristiana”. Los fieles, explica el P. Fernandes, “necesitan una guía espiritual y la tarea de los sacerdotes es estar presentes y dedicarles nuestro tiempo. Las personas que vienen a la iglesia - explica - perciben el valor de la libertad, por eso queremos que esté abierta a todos, sin restricciones”. En la pastoral “uno de los objetivos para el futuro es lograr que quienes han perdido la vinculación con su parroquia, puedan regresar”. Añade el deseo de una iglesia cada vez más “en salida” hacia los necesitados, hacia los que están lejos incluso físicamente del lugar de culto. “Aquí - concluye - es la Iglesia la que debe ir hacia su pueblo, no el pueblo el que va a la iglesia, como en Occidente”.

Luces y sombras

La basílica menor de Nuestra Señora de Arabia y la Concatedral son las dos “pancartas” de la presencia católica en Kuwait. Sin embargo, en su interior hay otras dos realidades “ocultas”, “subterráneas” o "clandestinas", que operan en un contexto de desafíos y problemas graves. La primera es la parroquia de Santa Teresa en Salmiya, encabezada por el sacerdote indio Savio D’Souza, cuya iglesia no tiene ningún signo visible en el exterior, una cruz, una campana o una luz en la época de Adviento - en preparación de la Navidad - cuando la visitamos. Es un edificio como tantos otros, pero en su interior hay imágenes sagradas, un sagrario, un altar y bancos para la misa; también oficinas para los sacerdotes y espacios para la oración. “No tiene ningún nombre, no tiene una cruz - cuenta el párroco a AsiaNews - y debemos prestar mucha atención a las decoraciones”.

No obstante, apenas uno cruza el umbral encuentra una comunidad “feliz, activa y participativa, compuesta por lenguas y países diferentes”, como es tradicional en el Golfo. Aquí - sigue diciendo - se alternan las misas “en inglés, tagalo, tamil, malay, hindi, y otras varias”. El P. Savio señala que hay mucha “colaboración” con las otras parroquias y sacerdotes que están en Kuwait, que “nos ayudan. En este sentido - afirma - es una iglesia cálida, viva, que expresa el sentido de comunidad”. En los días de fiesta - sigue diciendo - se suceden las celebraciones desde las seis de la mañana hasta la noche, pero raramente combinan todos los ritos o lenguas”, incluso por una simple cuestión de espacio. Cada uno - observa el religioso originario de Bombay - tiene sus propios “requisitos y necesidades. Otro aspecto importante es la catequesis, en la que participan cerca de 1700 niños, sumando las diversas lenguas. También tenemos una escuela [dedicada a san Juan Bosco], aunque no podemos usar el nombre de Dios o hablar de religión en ella”.

Por último, la parroquia de San Daniel Comboni en Abbasiya, que es aún más peculiar, porque carece de un verdadero lugar de culto estable y los fieles usan los sótanos de los edificios, alternándolos, para las celebraciones. Una Iglesia subterránea, en muchos aspectos similar a la de las catacumbas, en la que no faltan la fe y las celebraciones - a pesar de las dificultades y cierto temor - como cuenta el P. Sojan Paul, el párroco, originario de Kerala (India), y los otros cinco sacerdotes que colaboran con él. “Nuestra situación es difícil de resolver” admite el religioso, mientras me guía en la visita a las dos “iglesias subterráneas” a través de calles y edificios - algunos ruinosos y con signos evidentes de degradación - del barrio donde se encuentra la parroquia. La cuestión de fondo no son tanto las violaciones de la libertad religiosa como el “trato diferente, los problemas burocráticos” que afectan a la vida cotidiana de los católicos, comenzando por los lugares de trabajo. “El 95% de las familias - explica el párroco - vienen de la India, luego hay algunos filipinos y cerca del 1% de África. Se vive una sensación de inseguridad, de inestabilidad - prosigue - que sin duda está relacionada con el hecho de ser trabajadores migrantes” aunque no falta un sentido de “pertenencia” al país que los ha acogido.

“Nuestra situación - admite el p. Paul - es difícil de resolver y no podemos prever qué puede pasar” aunque es evidente que necesitamos espacios y poder vivir la fe de manera libre y no, como ocurre ahora, en las casas privadas y prestando atención al volumen de los cantos. “El año pasado - recuerda - estábamos poniendo unas estrellas y otras decoraciones en el exterior porque era Navidad, pero llegó la policía y nos pidió que las quitáramos”. “En Kuwait no se puede hablar de una Iglesia perseguida, no es ése el problema - concluye - sino de una realidad diferente, peculiar y necesitada de ayuda”.

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