Línea dura de Tokio contra la inmigración: récord de expulsiones en 2025
El año pasado Japón expulsó a 318 ciudadanos extranjeros, lo que supone un aumento del 30% respecto al año anterior. Ahora, el país busca acelerar los procedimientos de repatriación a pesar de la grave escasez de mano de obra. Las ONG denuncian el riesgo de violaciones del principio de no devolución de refugiados y un creciente clima de temor, incluso entre quienes residen en el país desde hace años.
Tokio (AsiaNews) – El endurecimiento de las políticas migratorias en Japón está alimentando temores e incertidumbres tanto entre los residentes extranjeros como entre los solicitantes de asilo, según han señalado varias organizaciones de derechos humanos.
Según los datos oficiales, en 2025 se registró una cifra récord de 318 ciudadanos extranjeros expulsados, un incremento del 30% respecto del año anterior. Esto es consecuencia directa del “Zero Illegal Foreign Residents Plan” (Plan Cero Residentes Extranjeros Ilegales), un programa que se lanzó en mayo del año pasado para agilizar las expulsiones de las personas que ya han presentado varias veces la solicitud de asilo. Entre los migrantes expulsados, 52 habían solicitado protección internacional tres o más veces.
Esta política refleja la creciente intolerancia de la sociedad japonesa hacia la presencia de extranjeros, ya sean residentes o turistas. Sin embargo, la Japan Association for Refugees (JAR) ha denunciado que el aumento de las expulsiones está generando un clima de fuerte inseguridad entre los extranjeros, incluso entre aquellos que viven en el país desde hace décadas o que corren el riesgo de ser perseguidos en su país de origen. Esto afecta incluso a menores que han crecido en Japón y están perfectamente integrados lingüística y culturalmente. La organización de derechos humanos ya ha reportado casos de personas repatriadas que sufrieron persecuciones cuando regresaron, como una familia kurda a la que se envió de vuelta a Turquía el año pasado y el padre fue detenido apenas había llegado.
En 2025 Japón reconoció a 187 refugiados, tres menos que el año anterior, mientras que las solicitudes de asilo pasaron de 8.377 a 14.832. La mayoría de los permisos de residencia se concedieron a ciudadanos afganos y 26 procedían de Yemen.
En total, solo en 2025 se rechazaron 12.636 solicitudes de asilo. Según la JAR, entre estas habría personas que “cumplen claramente los criterios para obtener el estatus de refugiado”, como aquellas procedentes de zonas de conflicto o víctimas de violencia y detenciones. Por ejemplo, entre los solicitantes de Myanmar, sólo 9 de 1.490 obtuvieron el estatus de refugiado; se trata de la cifra más baja desde que los militares encabezaron un golpe de Estado en 2021 y dieron comienzo a una guerra civil que continúa hasta la actualidad.
El gobierno conservador, liderado por la primera ministra Sanae Takaichi, tiene la intención de seguir adelante con el “Plan Cero” para reducir a la mitad el número de personas indocumentadas que ya han recibido una orden de expulsión, y que actualmente suman cerca de 3.000 extranjeros.
Uno de los objetivos del plan es la reducción de los tiempos de tramitación de las solicitudes —que han pasado de más de 33 meses en 2022 a menos de seis meses— para evitar que los migrantes trabajen durante los periodos de permiso provisional, lo que dificultaría las expulsiones posteriores.
Según diversos observadores, el debate público está influenciado por la creciente difusión de sentimientos xenófobos, favorecidos a su vez por la recesión económica, una dinámica que contribuyó al éxito electoral de la línea dura propuesta por el actual gobierno en las elecciones de febrero.
Al mismo tiempo, sin embargo, la presencia de extranjeros en Japón —país que sufre una grave escasez de mano de obra— sigue aumentando. En 2025 superó por primera vez los 4 millones de personas, con un incremento cercano al 10%. Los ciudadanos chinos constituyen el grupo más numeroso (más de 930.000), seguidos por los vietnamitas (681.000) y los surcoreanos (407.000). También registraron un fuerte crecimiento las comunidades procedentes de Myanmar (+36%) e Indonesia (+33%).
Foto: Oficina de Inmigración de Tokio en Minato-ku, Tokio. Caito/Shutterstock
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