22/05/2023, 11.30
CHINA-ASIA CENTRAL
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La cumbre de Xi'an y las nuevas rutas de Beijing

de Vladimir Rozanskij

El encuentro de los países de Asia Central con Xi Jinping no se debe leer sólo como un contrapeso al G7. Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán eran el "patio trasero" de Moscú. Hoy no solo se están desrusificando a nivel lingüístico y social, sino que reciben al gran hermano chino con los brazos abiertos.

 

Xi'an (AsiaNews/Agencias) - La cumbre "China-Asia Central", que se llevó a cabo en Xi'an el 19 y 20 de mayo, simultáneamente con la cumbre del G7 en Hiroshima, no pareció tanto un contrapeso a los grandes de Occidente reunidos en el Extremo Oriente, sino más bien una advertencia y una conclusión: nosotros también estamos aquí, a partir de ahora el mundo estará dividido en partes iguales. La China de Xi Jinping ha hecho un elogio de la “fuerza silenciosa”, una fuerza de enormes dimensiones que no quiere hacer la guerra, pero sin la cual no se puede hacer la paz.

El encuentro en Xi'an parecía hacer eco de las glorias de un pasado lejano, cuando a principios del siglo XIII se reunió el Gran Kurultay de Karakorum, y el "soberano de los océanos" Genghis Khan unió a los pueblos túrquicos con los mongoles para formar el imperio más grande de toda la historia de la humanidad. La Horda Tártara invadió entonces y destruyó por completo la Rus de Kiev, y entre las dos grandes cumbres de potencias mundiales de hoy, la única que quedó fuera fue precisamente la Rusia de Putin, con la vergüenza de la presencia en Japón de la Ucrania de Zelensky. Sin duda las cumbres no agotan la lista de grandes países: además de Rusia, el Estado canalla por excelencia, están los persas igualmente aislados de Irán, pero también los reinos intermedios de Turquía, el Golfo Pérsico e India, y muchos otros, que en todo caso se ven obligados a reposicionarse en el nuevo orden mundial.

Sin tonos exasperados, China ha logrado sancionar de hecho la exclusión de Rusia de las rutas políticas y comerciales, demostrando que su creciente influencia en Asia Central la libera de los límites geográficos de Oriente y la acerca cada vez más al centro del mundo. Los cinco países exsoviéticos eran el "patio trasero" de Moscú, y hoy no solo se están desrusificando lingüística y socialmente, sino que reciben con los brazos abiertos al hermano mayor de Beijing.

En Xi'an no se habló de guerras ni de alianzas, que quedaron en un segundo plano, sino que se discutió sobre infraestructura y comercio. China ha prometido casi cuatro mil millones de dólares en nuevas inversiones que se suman a las muchas que ya hizo, comprando en la práctica toda el área asiática de pasado soviético; entre las bambalinas del escenario se podían vislumbrar las regiones siberianas de la Federación Rusa, muy interesadas en el resultado de las negociaciones. Sin embargo, no hay que pensar que Beijing está dejando la seguridad completamente en manos de los rusos para concentrarse sólo en los negocios. En los acuerdos también se habló de defensa y del aumento del gasto militar.

Como reiteran muchos observadores, la cumbre no es más que el resultado de todos los años en que Rusia fue cediendo progresivamente el control económico de Asia Central a China. En 31 años después de la caída de la URSS, es la primera vez que se reúnen todos los presidentes de este G6 asiático, pero las relaciones entre China, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán ya son tan estrechas que el encuentro resulta casi inevitable y festivo. Ahora Rusia es el "patio trasero" del nuevo imperio asiático: no será destruida como en los tiempos de los Khan, sino que se convertirá en un vasallo leal, a pesar de sus turbulencias occidentales. Los cinco líderes de los "países-stán" llegaron a Xi'an directamente desde el desfile de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú donde habían consolado a Putin en su soledad, no ya como sirvientes sino como señores.

La guerra rusa en Ucrania se ha convertido así en una extraordinaria oportunidad para China y sus aliados, distrayendo a Moscú de sus antiguos dominios asiáticos y “ofreciéndole espacios y posibilidades nunca antes vistos”, como afirma el director del programa chino del centro de análisis Stimson de Washington, Yuan Sun. Mientras tanto, los países del G6 asiático son los principales proveedores para Rusia de microchips informáticos, equipos láser y otros varios otros artículos de relevancia civil y militar, actualmente inaccesibles debido a las sanciones occidentales pero hoy más vitales que el pan para no caer en una especie de Edad Media tecnológica.

Por su parte el kazajo Tokaev abre sus puertas a las empresas chinas, cuyos representantes ya ni siquiera necesitarán visa de ingreso, y agradece a Beijing por “su apoyo a la soberanía de los países de Asia Central”. Uzbekistán y Kirguistán han firmado un acuerdo con Beijing para completar la línea férrea que conectará Oriente con Occidente sin pasar ya por Rusia. La "Ruta de la Seda" también queda superada y se integra en una nueva y gran ruta de Asia Central, el corazón palpitante del mundo futuro.

 

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