28/05/2026, 11.24
RUSIA
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La discriminación de las mujeres en Chechenia

de Vladimir Rozanskij

En Grozny, en los últimos años, la opinión masculina se ha vuelto cada vez más dura en los debates públicos, mientras que los límites de lo que es aceptable para las mujeres se están reduciendo cada vez más. Una paradoja suscitada por el caso del rescate en el mar de unas chicas que se estaban ahogando, criticado en las redes sociales porque «en el islam está prohibido tocar a una mujer».

Moscú (AsiaNews) - En Chechenia, la principal república rusa del Cáucaso septentrional, cualquier acción de una mujer que los hombres consideren inapropiada se convierte inmediatamente en motivo de condena en las redes sociales. Bailar con un vestido ajustado, una palabra o un gesto imprudente, una retransmisión en directo por Instagram con un desconocido: a ojos de la opinión pública conservadora, todo ello «difama al clan, al pueblo y a la nación». En consecuencia, una mujer se ve sometida a presión no solo por parte de la sociedad, sino también de su propia familia. Kavkaz.Realii ha investigado por qué la opinión masculina se ha vuelto cada vez más dura en los debates públicos en los últimos años, mientras que los límites de lo que es aceptable para las mujeres se han reducido cada vez más.

Cualquier cosa puede desencadenar una condena: la profesión, el aspecto, un gesto o una palabra. Una peluquera que corta el pelo a hombres se convierte en blanco de ataques; un baile o una canción desencadenan una oleada de sermones sobre lo que está permitido y lo que no.

Detrás de cada episodio de este tipo se esconde todo un sistema de expectativas y prohibiciones que moldea la imagen de una mujer «respetable» a los ojos del sector más radical de la sociedad. Los comentarios, las amenazas y las reprimendas se convierten en una constante en la vida de muchas mujeres, y van desde la presión moral hasta una verdadera amenaza para su seguridad y libertad.

Un ejemplo significativo es una historia de hace unos días: dos hombres en una playa de la ciudad de Dagestanskye Ogni se lanzaron al mar para salvar a unas mujeres chechenas que se estaban ahogando. Podría haber acabado en tragedia, pero, a costa de un gran riesgo personal, lograron salvarlas. En lugar de gratitud, aparecieron cientos de comentarios de condena bajo el vídeo en las redes sociales. Los usuarios instaron a las mujeres y a sus familias a «demostrar su conciencia»: «nadie necesita ser salvado si las mujeres se quedan en casa», «en el islam, tocar a una mujer está prohibido», «¿qué os parece que las toquen unos desconocidos?», «¿dónde están los padres y los hermanos de estas chicas?», escribieron los comentaristas en checheno.

Lo mismo ocurrió tras el asesinato de Larisa Arsanukaeva en Niza, una madre chechena de varios hijos que fue asesinada por su exmarido. Mientras muchas mujeres escribieron sobre la tragedia, expresando solidaridad y condolencias, un número significativo de hombres optó por guardar silencio y algunos comentaristas radicales intentaron justificar el crimen: «hay algo sospechoso en esta historia», «no habría matado a alguien así, sin motivo». Estos episodios reflejan el auge de las posturas radicales en los últimos años, el aumento del control sobre el comportamiento de las mujeres y la amplificación del fenómeno por parte de las redes sociales, que convierten cada paso en objeto de escrutinio público.

Mientras tanto, las autoridades de la república suelen imponer restricciones a las mujeres: entre ellas, las «entrevistas explicativas» a quienes no llevan velo y la prohibición de que las modelos desfilen con ropa de diseño en las tiendas de Grozni. Los usuarios conservadores de las redes sociales recurren a Amir Sugajpov, viceministro de Asuntos Juveniles y asistente del presidente Ramzan Kadyrov, para que imponga nuevas limitaciones. Los comentaristas le piden que «aisle las tiendas de lencería» y que prohíba a las mujeres acudir al psicólogo, salir por la noche, llevar ropa ajustada y acudir a centros de masajes.

La periodista, activista de derechos humanos y bloguera Aida Mirmaksumova señala que en los últimos años la influencia de la religión ha crecido en el Cáucaso Norte, en un contexto de problemas sociales como el desempleo, la corrupción y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos. La gente busca refugio en las mezquitas, pero los sermones que allí se pronuncian no siempre son equilibrados y responsables, y no siempre los imparten teólogos verdaderamente preparados. Aida destaca que en Internet circulan numerosos vídeos de personas que se hacen pasar por eruditos islámicos, quienes discuten en detalle lo que las mujeres deben y no deben hacer, pero casi nunca se hace mención a las responsabilidades de los hombres: cuidar de la familia, pagar la pensión alimenticia, respetar los derechos de las mujeres y la inadmisibilidad de separar a un hijo de su madre tras el divorcio.

 

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