12/05/2022, 10.38
TURKMENISTÁN
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La misoginia del nuevo presidente turkmeno

de Vladimir Rozanskij

Serdar Berdymukhamedov endurece las reglas sobre la vestimenta y apariencia de las mujeres. Las medidas recuerdan a las impuestas por los talibanes en Afganistán. Multas de hasta la mitad del salario mensual para los infractores. Muchas mujeres turcomanas empiezan a desafiar las prohibiciones.

 

Moscú (AsiaNews)- Producen fuerte impresión las medidas de represión de la feminidad que se han impuesto en Turkmenistán en estos primeros días de la presidencia de Serdar Berdymukhamedov, quien gana cada vez más la reputación de “presidente misógino”. No es que el padre, Gurbanguly, ahora presidente del Senado, fuera mucho más complaciente con respecto a los derechos civiles, pero no parecía estar tan particularmente obsesionado con la componente femenina de la población como su hijo de 40 años.

Turkmenistán es un país de amplia mayoría musulmana pero, a diferencia de sus vecinos Uzbekistán y Tayikistán, nunca ha querido adoptar criterios de vestimenta y comportamiento estrictamente coránicos, dando preferencia a las ropas y trajes tradicionales turanios. La ropa de estilo occidental siempre ha estado mal vista, especialmente los jeans azules, así como los hijabs de inspiración islámica. La vestimenta recomendada consiste en un vestido bordado a mano, hasta los tobillos y de manga larga, en tela de colores vivos. En la cabeza, las mujeres deben llevar la “tubetejka” decorada con hilos de colores, generalmente con un pañuelo anudado.

Ahora, las mujeres turkmenas tienen prohibido usar cosméticos, no pueden viajar solas en un automóvil con varones que no sean parientes (y de todos modos deben sentarse en el asiento trasero), ni hacerse cirugía plástica en ninguna parte del cuerpo. Cada día aparecen nuevas restricciones, como si los talibanes de Afganistán estuvieran en el poder, cuando, por otra parte, estos justifican las censuras precisamente haciendo referencia a las leyes coránicas. En los últimos días decenas de mujeres turkmenas han perdido su trabajo o han tenido que pagar fuertes multas (entre 100 y 150 dólares, la mitad del salario medio) por haber infringido las nuevas normas, hasta el punto de que ya se empiezan a temer disturbios y protestas sin precedentes.

También se les ha prohibido la vestimenta "ajustada" en cualquiera de sus formas, no se pueden teñir el cabello, dejar crecer las uñas, usar pestañas postizas ni hacerse tatuajes en la piel o los párpados, una moda que se había vuelto popular entre las mujeres locales. La policía controla todos los lugares públicos y centros comerciales para detener a las mujeres que no cumplen las normas - especialmente en la capital Ašgabat - obligándolas a quitarse la mascarilla de protección del coronavirus (que todavía no se reconoce como una enfermedad extendida en el país), sobre todo para comprobar si hay signos de engrosamiento de los labios.

Algunas personas aceptaron hablar de forma anónima con los corresponsales de Azattyk. Los conductores cuentan que la policía de tránsito los detiene constantemente y que después de las 20.00 horas no se puede transportar mujeres, ni siquiera de la familia, ni en taxis ni en vehículos particulares. Las mujeres tienen prohibido conducir automóviles, aunque oficialmente no es una ley. Por otra parte, todas las nuevas restricciones tienen un carácter "exhortativo", aunque se aplican con una severidad draconiana. El permiso de conducir se concede a las mujeres tras interminables esperas y trámites, y muchas veces se considera que ha caducado incluso antes de la fecha señalada en el mismo documento.

En muchas oficinas las mujeres tienen que firmar una declaración en la que afirman que “si avergüenzo a la empresa para la que trabajo con mi forma de vestir o mi comportamiento, infringiendo las normas en el trabajo o fuera de la oficina, acepto que debo ser destituida del puesto que ocupo". Si no firman, el despido está asegurado, y de todos modos en la entrada se controla el aspecto exterior y los encargados pueden pasar a cualquier hora del día para comprobar que no hay infracciones. Las azafatas de los aviones están especialmente vigiladas.

Las protestas públicas son muy raras en un país tan represivo como Turkmenistán, pero muchos dicen que la paciencia de las mujeres (y de sus compañeros) se está agotando, teniendo en cuenta también la crisis económica que agobia a la población desde hace años. Dos mujeres de la capital se negaron a pagar la multa, enfrentándose a los policías y exigiendo ver la ley que prohíbe la aplicación de pestañas postizas: una nueva era parece haber comenzado en Ašgabat.

 

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