13/04/2026, 18.21
ARGELIA - VATICANO
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Las Bienaventuranzas en Argel. Para redescubrir que Dios es verdaderamente grande

León XIV ha llegado a Argelia, en la primera visita que realiza un pontífice a este país de inmensa mayoría musulmana, puente entre África y el Mediterráneo. "La paz no es solo la ausencia de conflicto, sino también justicia y dignidad". "Un pueblo que ama a Dios como el argelino posee la verdadera riqueza". "Fundamentalismo y secularización son polarizaciones absurdas". Cuando le preguntaron sobre los insultos de Trump, el Papa respondió: "Seguiré proclamando en voz alta el mensaje del Evangelio".

 

Argel (AsiaNews) –El Pontífice leyó íntegramente las palabras evangélicas de las Bienaventuranzas a los pies del monumento de los mártires Maqam Echahid, que conmemora a las víctimas de la guerra colonial por la independencia de Francia. Eligió el elogio de los mansos, de los misericordiosos y de todos los que tienen hambre y sed de justicia para dirigirse directamente con las palabras de Jesús a todo el pueblo argelino, más allá de cualquier barrera religiosa. Así comenzó esta mañana, bajo una lluvia torrencial, el histórico viaje de León XIV a Argelia, el primero que realiza un pontífice a este país de inmensa mayoría musulmana, puente entre el Mediterráneo y el África subsahariana, región que el Papa visitará en sucesivas etapas en una gira que lo llevará en los próximos días a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

“Un país extenso –dijo el Santo Padre–, con una larga historia y ricas tradiciones que se remontan a la época de san Agustín e incluso mucho antes de él. Una historia dolorosa, marcada asimismo por períodos de violencia que, sin embargo, gracias a la nobleza de espíritu que los caracteriza y que siento viva ahora, aquí, han sabido superar con valentía y honestidad”. Un país que Prevost ya había visitado dos veces, en 2001 y 2013, siguiendo las huellas de su maestro, san Agustín, a quien mañana rendirá homenaje en Annaba, la antigua Hipona. Pero que, precisamente por esa historia azarosa, hoy tiene un mensaje muy concreto para el mundo, desfigurado por los conflictos.

“En este lugar –dijo León XIV hablando ante el memorial que recuerda a quienes murieron en la guerra de Argelia– recordamos que Dios desea la paz para cada país; una paz que no es solo ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y de dignidad. Esta paz, que permite enfrentar el futuro con ánimo reconciliado, es posible solamente con el perdón. La verdadera lucha por la liberación se ganará definitivamente solo cuando se haya conquistado finalmente la paz en los corazones. Sé cuán difícil es perdonar. Sin embargo, mientras los conflictos se multiplican continuamente en todo el mundo, no se puede añadir resentimiento al resentimiento, de generación en generación. El futuro pertenece a los hombres y a las mujeres de paz”.

Frente a la búsqueda incesante de quienes están dispuestos a todo con tal de acumular “riquezas que se desvanecen, que engañan y decepcionan, y que, lamentablemente, a menudo terminan corrompiendo el corazón humano y generando envidias, rivalidades y conflictos”, citó la pregunta planteada por Jesús hace dos mil años: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?» (Mt 16,26). Es una pregunta fundamental para todos, a la que los difuntos que aquí se honran dieron respuesta: perdieron la vida, pero en otro sentido, entregándola por amor a su pueblo. Que su ejemplo sostenga al pueblo argelino y a todos nosotros en nuestro camino, porque la verdadera libertad no solo se hereda, sino que se elige cada día”.

Fue un mensaje de paz fundado en la convicción de que el fuerte arraigo del islam en Argelia es un valor que, si se vive en su verdadero significado, abre a la fraternidad: “Un pueblo que ama a Dios –dijo también León XIV– posee la riqueza más verdadera, y el pueblo argelino guarda esta joya en su tesoro. Nuestro mundo necesita este tipo de creyentes, hombres y mujeres de fe, sedientos de justicia y de unidad”.

Y lo mismo reiteró más tarde, en el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, que tuvo lugar en el Centro de convenciones “Djamaa el Djazair” de Argel, inmediatamente después de la visita de cortesía al presidente Abdelmadjid Tebboune. “Somos hermanos y hermanas –dijo el Pontífice– porque tenemos al mismo Padre en los cielos; el profundo sentido religioso del pueblo argelino es el secreto de una cultura del encuentro y de la reconciliación, de la cual también mi visita quiere ser signo. En un mundo lleno de enfrentamientos e incomprensiones, ¡encontrémonos y tratemos de comprendernos, reconociendo que somos una sola familia!”.

De la tradición argelina, en su discurso a las autoridades el Papa León destacó especialmente el profundo sentido de la acogida, en las comunidades árabes y bereberes, así como la idea típicamente musulmana de la sadaka, la limosna vivida como una cuestión de justicia a restablecer respecto de quien es pobre. “Esta visión de la justicia –comentó el Papa– es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que viviéramos juntos”.

A un país como Argelia, que es un puente natural entre el Norte y el Sur, entre Oriente y Occidente, atravesado hoy también por el fenómeno de los flujos migratorios, el Papa dirigió la invitación a “dialogar con las inquietudes de todos y mostrar solidaridad con el sufrimiento de tantos países, cercanos y lejanos”, para “contribuir a imaginar y alcanzar una mayor justicia entre los pueblos”. Invitó a mirar el Mediterráneo y el desierto del Sáhara como “confluencia de caminos geográficos y espirituales de enorme significado”. "El Mediterráneo, el Sáhara y el inmenso cielo que los domina nos susurran que la realidad nos sobrepasa por todas partes, que Dios es verdaderamente grande y que todo lo vivimos en el misterio de su presencia”, dijo luego haciendo alusión a las palabras Allahu Akbar de la tradición musulmana. Más tarde se dirigió a la Gran Mezquita de Argel, ratificando con este gesto su mirada hacia el islam.

Sin embargo, la sociedad argelina también experimenta hoy la tensión entre el sentido religioso y la vida moderna. Lo recuerda la historia trágica que ha vivido este país con el terrorismo islamista en los años noventa. “Aquí, como en todo el mundo, tienden a manifestarse dinámicas opuestas, de fundamentalismo o de secularización –explicó León XIV–, por las que muchos pierden el sentido auténtico de Dios y de la dignidad de todas sus criaturas. Los símbolos y las palabras religiosas pueden convertirse entonces, por una parte, en lenguajes blasfemos de violencia y opresión y, por otra, en signos carentes de significado, en el gran mercado de consumos que no sacian”.

Estas polarizaciones absurdas, sin embargo, no deben asustarnos –comenta el Papa–. Hay que enfrentarlas con inteligencia. Son la señal de que vivimos en una época extraordinaria, de gran renovación, en la que quien mantiene libre el corazón y despierta la conciencia puede obtener de las grandes tradiciones espirituales y religiosas nuevas visiones de la realidad y motivaciones inquebrantables para el compromiso. Es necesario educar en el sentido crítico y en la libertad, en la escucha y en el diálogo, en la confianza que nos hace reconocer en quien es diferente a un compañero de viaje, no a una amenaza. Debemos trabajar por la sanación de la memoria y la reconciliación entre antiguos adversarios. Es el don que pido para ustedes –concluyó–, para Argelia y para todo su pueblo, sobre el cual invoco abundantes bendiciones del Altísimo”.

En el marco de estos gestos y palabras debe situarse también la pequeña polémica de la jornada, que desató la publicación nocturna del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En su red social Truth, este insultó duramente al Pontífice, calificándolo como un “débil” porque, en su opinión, le debe a él su elección al solio pontificio. Palabras sin sentido, que han provocado un rechazo global, y en el vuelo hacia Argel los periodistas también le pidieron al Papa su opinión al respecto. “Yo no temo a la administración Trump –respondió–. Continuaré hablando en voz alta sobre el mensaje del Evangelio, el mensaje por el que la Iglesia trabaja. Nosotros no somos políticos; no miramos la política exterior con la misma perspectiva. Pero creemos en el mensaje del Evangelio como constructores de paz”.

 

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