01/06/2026, 11.02
RUSIA
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Las cosas sobre las que ya no se puede bromear en Rusia

de Vladimir Rozanskij

Varios cómicos han sido perseguidos por chistes relacionados con las operaciones militares y la movilización, así como con la Iglesia ortodoxa y con Putin. La ironía y el sarcasmo eran las únicas armas para resistir la opresión del totalitarismo soviético; hoy en día, incluso esas armas están prohibidas.

 

Moscú (AsiaNews) - La semana pasada, la Fiscalía de Moscú solicitó que se abriera un proceso penal contra el cómico Aleksandr Dolgopolov por «rehabilitación del nazismo». Según la agencia Baza, la acusación se habría motivado por una broma que hizo durante un espectáculo de cabaret: «A veces paseo por Berlín y pienso: “Vaya, mataron a mi abuelo”». En este caso se sabe exactamente por qué chiste se persigue a un cómico en Rusia, pero no siempre es así: los cómicos pueden ser perseguidos o declarados agentes extranjeros por expresiones que no siempre quedan aclaradas en las acusaciones oficiales.

En la Rusia actual no se puede bromear sobre la guerra, y varios cómicos han sido perseguidos por chistes relacionados con las operaciones militares. En septiembre de 2024, el Ministerio de Justicia incluyó al cómico Ruslan Belyj en el registro de agentes extranjeros por su espectáculo de monólogos contra la guerra Still, en el que, entre otras cosas, decía que «si Kaliningrado quisiera separarse de Rusia mañana, las últimas personas a las que querría ver allí serían esos jodidos alemanes que preguntan: ¿Dónde estuvieron durante todos estos 70 años?». Otro tema prohibido es la movilización: Belyj publicó en su canal de YouTube las palabras «por lo general soy una persona sencilla. Cuando oigo la palabra "movilización", ya saben que estoy jodido. Soy muy móvil en este sentido», tras lo cual tuvo que irse a vivir a España.

El pasado febrero, el cómico Artemij Ostanin fue condenado a seis años y nueve meses de campo de trabajo por hacer una broma sobre un hombre discapacitado que había perdido las piernas en la guerra, con el que se había chocado en el metro. «No se me ocurrió nada mejor que asomarme y decir: “Bueno, no vayas tan rápido”». Sergei Zaitsev, líder del movimiento «Llamada del Pueblo», presentó una denuncia contra Ostanin, alegando que las bromas que se burlan de «un soldado que perdió las piernas en el distrito militar del Cáucaso Norte traspasan todo límite moral y ético». El cómico fue acusado de incitación al odio y de atentar contra la dignidad humana, y fue incluido en la lista de terroristas y extremistas. El cómico huyó a Bielorrusia, donde fue detenido por las fuerzas de seguridad locales, y fue golpeado, torturado y sufrió una lesión medular.

No se puede bromear sobre los rusos ni sobre los ciudadanos rusos de diversas etnias: en enero de 2023, el cómico Dmitri Gavrilov publicó y posteriormente borró la grabación de una de sus actuaciones en Georgia, donde se había desplazado tras el anuncio de la movilización. En ella se incluía una broma: «Para mantener la calma, escribí “Al diablo con los rusos” en la pared de mi casa, solo para recordarme dónde estoy». A su regreso a Rusia, Gavrilov fue condenado inicialmente a 13 días de detención administrativa por «incitación al odio». El tribunal consideró que sus chistes contenían «signos de humillación de la dignidad humana basados en la nacionalidad, la lengua y el origen». El cómico fue luego multado con 30.000 rublos por haber «desprestigiado» al ejército.

Obviamente, no se puede bromear sobre la religión y la Iglesia Ortodoxa Rusa. En 2020, el Ministerio del Interior inició una investigación a raíz de una denuncia presentada por un residente de la región de Moscú contra Aleksandr Dolgopolov, ya que no le había gustado su chiste sobre la Virgen María, que habría llamado a Jesús por el nombre ruso Bogdan. En noviembre del año pasado, el movimiento de las Cuarenta Cuarentinas presentó una denuncia ante el Comité de Investigación contra Nurlan Saburov, Aleksej Ščerbakov y Sergej Detkov, presentadores del programa «¿Qué pasa después?», por haber hecho bromas sobre Jesús en un antiguo episodio. En 2026, a Saburov se le prohibió la entrada en Rusia durante 50 años y se cancelaron los conciertos de Ščerbakov. No está claro si esto estuvo relacionado con chistes sobre la religión. El ucraniano Detkov abandonó el programa en 2020 y ahora vive en Europa.

Y mucho menos se puede bromear sobre Vladimir Putin; al desestimar el recurso de Semen Slepakov, el tribunal citó su libro «Canto del patriota», escrito desde el punto de vista de un ruso orgulloso de que Vladimir Putin utilizaría armas nucleares si fuera necesario: «¡Las nuestras nos matarán, caramba!». El tribunal consideró que el autor «ridiculizaba al presidente de la Federación Rusa, quien tiene la intención de utilizar las armas cuando la soberanía y la integridad territorial de Rusia se vean amenazadas».

La ironía y el sarcasmo eran las únicas armas para resistir la opresión del totalitarismo soviético, cuando por todo el país circulaban los chistes de Radio Armenia, un grupo semiclandestino de cómicos rusos y caucásicos que, con acento armenio, se burlaban de los líderes del partido y de los acontecimientos políticos internacionales. Incluso en la televisión estatal no faltaban intervenciones de actores muy desenfadados con sus chistes y sátiras sobre cualquier tema, mientras que la Rusia de Putin demuestra haber caído a un nivel aún más bajo y sombrío, prohibiendo al pueblo incluso reirse.

 

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