02/04/2026, 15.50
VATICANO
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León XIV, Misa Crismal: 'Difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte'

El pontífice presidió por primera vez junto a los obispos y sacerdotes de Roma el rito con la bendición de los óleos sagrados. Su reflexión sobre la "misión cristiana", "la misma de Jesús", se centró en tres ejes: desapego, encuentro y prueba. Invitó a los presbíteros a sentirse "huéspedes", como los "grandes misioneros", que eran capaces de acercarse a los demás "de puntillas". También recordó a san Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 mientras celebraba la Eucaristía.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - “Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte”, dijo León XIV en la Misa Crismal de las 9:30 en la Basílica de San Pedro. Ante patriarcas, cardenales, obispos y presbíteros, en los umbrales del Triduo Pascual, el obispo de Roma compartió una reflexión profunda y llena de matices sobre la “misión cristiana”, que es “la misma de Jesús, no otra”, al servicio de un “pueblo misionero”, "¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!”.

Como él mismo recordó, esta es la primera Misa Crismal que preside León XIV. Este es el día en que se hace memoria de la Pasión, se consagran los óleos para los Sacramentos y se renuevan las promesas presbiterales. El pontífice reflexionó sobre tres "secretos" de la misión cristiana: desapego, encuentro y prueba — en "la dramática posibilidad de la incomprensión y el rechazo”—. “Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz”, dijo el obispo de Roma al clero.

El primer “secreto” queda definitivamente claro en la Pascua: “Dios consagra para enviar”. De hecho, Jesús dice: “Me ha enviado” (Lc 4,18), para describir “ese movimiento que une su Cuerpo a los pobres, a los prisioneros, a quienes caminan a tientas en la oscuridad y a quienes se encuentran oprimidos”. De la misma manera la Iglesia —y sus “miembros”— es “impulsada más allá de sí misma”. Y “ser enviados implica, en primer lugar, un desprendimiento, es decir, el riesgo de dejar lo que es familiar y seguro, para adentrarse en lo nuevo”, observó el Papa.

Cristo invita a “partir”, lo que significa inevitablemente “arriesgarse, para que ningún lugar se convierta en una celda, ninguna identidad en una guarida”. El Papa recordó que “toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace”. Y “la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes”, dijo León XIV. “No hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento, no hay alegría sin arriesgar”. La “disponibilidad para perder, para vaciarse” es, de este modo, “una condición para el encuentro y la intimidad”. El amor verdadero es “desarmado”, por eso la misión cristiana —una misión “expuesta”— no puede tener “signos de poder” ni de “posesión”, dijo León XIV.

El segundo “secreto” es el encuentro. "A lo largo de la historia, la misión ha sido no pocas veces trastocada por lógicas de dominio”. Por eso, es “prioritario” recordar, añadió el Papa, que “ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia”. De esto son testigos “los grandes misioneros”, "capaces de acercarse “de puntillas”, “cuyo método consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el diálogo y el respeto”, añadió.

Y añadió: “La misión no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros”. La “sorpresa de Pentecostés” —el oír hablar en la propia lengua (cf. Hch 2,8)— “se repite cuando no pretendemos dominar los tiempos de Dios, sino que confiamos en el Espíritu Santo”. Por eso es importante establecer una “sintonía con lo invisible”, “honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo”. “Somos huéspedes: lo somos como obispos, como sacerdotes, como religiosas y religiosos, como cristianos. De hecho, para acoger debemos aprender a dejarnos acoger”, dijo el Papa en la Misa Crismal.

Por último, la tercera dimensión es “la más radical” de la misión cristiana. “La cruz es parte de la misión; el envío se vuelve más amargo y atemorizante, pero también más gratuito y revolucionario”. Capaz de interrumpir desde dentro la “ocupación imperialista” del mundo y desenmascarar la “violencia” que se convierte en “ley”. El Mesías “saca a la luz una nueva creación”. “¡De cuántas resurrecciones somos testigos también nosotros, cuando, liberados de una actitud defensiva, nos entregamos al servicio como una semilla en la tierra!”, explicó el Papa.

Hay “muchos testigos” que han sido capaces de atravesar “fracasos” y “situaciones en las que parece que todo ha terminado”. León XIV recordó a san Óscar Arnulfo Romero (1917-1980), arzobispo de San Salvador, víctima de la violencia contra la Iglesia, que fue canonizado en 2018 por el Papa Francisco. Él escribió, un mes antes de su martirio: “Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último aliento”.

 

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