León XIV al Cuerpo diplomático: 'La paz es un bien difícil, pero posible'
Al comienzo del nuevo año, el Papa recibió a los diplomáticos acreditados en el el Vaticano. Algunos de los temas abordados fueron la “debilidad del multilateralismo”, la guerra que “vuelve a estar de moda” y el estado de derecho gravemente comprometido. Denunció la “diplomacia de la fuerza” y el uso de un lenguaje cuyo significado es “cada vez más fluido” y que obstaculiza el diálogo. Preocupación por la libertad de conciencia y religiosa: "Una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad”. Reiteró la defensa de la vida, de los migrantes y de los presos; y renovó el llamamiento a Myanmar.
Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - La crisis del multilateralismo, la guerra que “vuelve a estar de moda”, el estado de derecho gravemente comprometido. Pero también un lenguaje cuyo significado es “cada vez más fluido”, la vulneración de la libertad religiosa, la violencia doméstica y las prácticas que niegan “el origen de la vida y su desarrollo”. En el Aula de la Bendición del Palacio Apostólico Vaticano, León XIV compartió esta mañana “una reflexión sobre nuestros tiempos, tan convulsionados por un número creciente de tensiones y conflictos”, con los miembros del Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, con ocasión del intercambio de saludos para 2026. Estuvieron presentes 420 diplomáticos y diplomáticas de todos los continentes, en representación de numerosos pueblos, idealmente del mundo entero.
El discurso del pontífice fue largo y detallado. Tocó temas muy variados, desde las relaciones internacionales hasta las guerras, pasando por los acontecimientos de 2025: la muerte de Francisco, el Jubileo y el primer viaje apostólico a Turquía y Líbano. Señaló también los “signos de valiente esperanza”, que resisten en un mundo en conflicto, y que nos recuerdan que “la paz es un bien difícil, pero posible”. Como los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra en Bosnia y Herzegovina, y la Declaración conjunta de Paz entre Armenia y Azerbaiyán, que se firmó el pasado verano. Pero también “los esfuerzos realizados en los últimos años por las autoridades vietnamitas para mejorar las relaciones con la Santa Sede”. Son “semillas de paz, que hay que cultivar”, añadió el pontífice.
Como suele hacer a menudo, León XIV citó a san Agustín, concretamente su obra De civitate Dei, La ciudad de Dios. “Nuestra sensibilidad cultural se ha nutrido de esa obra que, como todos los clásicos, habla a los hombres de todos los tiempos”, dijo. Recordando que la ciudad terrena de Agustín - acompañada por la de Dios en el modelo de las dos ciudades - “en nuestros días, […] incluye todas las instituciones sociales y políticas, desde la familia hasta el Estado-nación y las organizaciones internacionales. Ella está centrada “en el orgullo y el amor propio (amor sui), en el afán de poder y gloria mundanos que conduce a la destrucción”. “Agustín señala que los cristianos están llamados por Dios a habitar en la ciudad terrena con el corazón y la mente puestos en la ciudad celestial, su verdadera patria”, dijo. Y afirmó que siguen siendo actuales los “graves peligros para la vida política” sobre los que advierte el santo de Hipona.
La preocupación principal de nuestro tiempo - no “una época de cambio”, sino “un cambio de época”, dijo citando a Bergoglio - es “la debilidad del multilateralismo”. A una diplomacia que busca el diálogo se opone, en efecto, “una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados”, explicó León XIV. “El entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido después de la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas". Y, citando de nuevo a Agustín, agregó: “No existe quien no ame la alegría, así como tampoco quien se niegue a vivir en paz. Incluso aquellos mismos que buscan la guerra no pretenden otra cosa que vencer”. Esta “actitud” condujo a la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, de cuyas cenizas nació la Organización de las Naciones Unidas.
Fue la intuición de 51 naciones que pusieron en el centro de las relaciones la “cooperación multilateral”, para “prevenir futuras catástrofes globales, salvaguardar la paz, defender los derechos humanos fundamentales y promover un desarrollo sostenible”. Las Naciones Unidas - cuyo 80.º aniversario se celebró en 2025 - “han mediado en conflictos, promovido el desarrollo y ayudado a los Estados a proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales”. Prevost añadió: “Por lo tanto, es necesario realizar esfuerzos […] para que se centren más y sean más eficientes en la búsqueda, no de ideologías, sino de políticas destinadas a la unidad de la familia humana”. En definitiva, el propósito del multilateralismo “es ofrecer un espacio donde las personas puedan reunirse y dialogar”, dijo.
Pero a menudo la comunicación resulta difícil debido a que las palabras tienen un significado “cada vez más fluido” y los conceptos que representan son “cada vez más ambiguos”. Entonces el lenguaje “se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes”. Es necesario que las palabras vuelvan "a expresar determinadas realidades de forma inequívoca. Sólo así será posible recuperar el diálogo auténtico, sin malentendidos”, añadió el Papa. “Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales desafíos de nuestro tiempo”. La consecuencia de ese “debilitamiento de la palabra” es la “paradoja” de una reivindicación de la libertad de expresión, pero que no está anclada “en la verdad”.
Prevost compartió asimismo su preocupación por la restricción de la libertad de conciencia, y aclaró que la objeción de conciencia “no es rebelión, sino un acto de fidelidad a uno mismo”. "En este momento de la historia - dijo -, la libertad de conciencia parece ser cada vez más cuestionada por los Estados, incluso por aquellos que dicen basarse en la democracia y los derechos humanos”. “Una sociedad verdaderamente libre - continuó - no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias”. También resulta preocupante la limitación de la libertad religiosa, porque "en muchos contextos se considera más un “privilegio” o una concesión que un derecho humano fundamental” dijo, y citó las numerosas víctimas de la violencia por motivos religiosos en Bangladés, Nigeria, Siria y Mozambique.
El Papa reiteró luego la posición de la Santa Sede en defensa de "la dignidad inalienable de cada persona”. Comenzando por las personas migrantes. “Cada migrante es una persona”, afirmó Prevost. Recordó que cada uno de ellos - “no todos los migrantes se desplazan por elección propia” - posee “derechos inalienables”, ya sea en Asia, África, o en cualquier otro lugar. “Las mismas consideraciones se aplican a los presos, que nunca pueden ser reducidos a los delitos que han cometido”, añadió. Y expresó su agradecimiento a los gobiernos "que han respondido positivamente al llamamiento de mi venerable predecesor a favor de gestos de clemencia durante el Año jubilar”, dedicado a la esperanza.
Es inequívoca también la posición de la Santa Sede con respecto al derecho a la vida. “La vocación al amor y a la vida, que se manifiesta de manera eminente en la unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre, implica un imperativo ético fundamental para que las familias puedan acoger y cuidar plenamente la vida por nacer”, dijo el Papa. Reiteró el “rechazo categórico de cualquier práctica que niegue o instrumentalice el origen de la vida y su desarrollo”. Entre ellas, el derecho al aborto, “los proyectos destinados a financiar la movilidad transfronteriza con el fin de acceder al llamado 'derecho al aborto seguro'” y la gestación subrogada. Expresó también su preocupación por la relación de las personas jóvenes con la adicción a las drogas. “Se necesita un esfuerzo conjunto de todos para erradicar esta lacra de la humanidad y el narcotráfico que la alimenta”.
Por último, el Papa recordó las guerras que están ensangrentando el mundo. Respecto de Ucrania reiteró “la urgente necesidad de un alto el fuego inmediato y de un diálogo motivado por una búsqueda sincera de caminos que conduzcan a la paz”. Para Tierra Santa pidió que se garantice "a los palestinos de la Franja de Gaza un futuro de paz duradera y justicia en su propia tierra, así como a todo el pueblo palestino y a todo el pueblo israelí”. Y señaló que la solución de los dos Estados "sigue siendo la perspectiva institucional para satisfacer las legítimas aspiraciones de ambos pueblos", pese a las agresiones de los colonos en Cisjordania. Prevost se refirió también a las tensiones en el mar Caribe, en Venezuela, en Haití, en la región africana de los Grandes Lagos, en Sudán y Sudán del Sur, así como en Asia oriental.
Sobre Myanmar dijo: “Con renovada intensidad, hago un llamamiento para que se elijan con valentía los caminos de la paz y del diálogo inclusivo, que permita garantizar a todos un acceso justo y oportuno a la ayuda humanitaria”. El país está viviendo en estas semanas el drama de elecciones ilegítimas, y el Papa aclaró que “los procesos democráticos, para ser auténticos, deben ir acompañados de la voluntad política de perseguir el bien común, fortalecer la cohesión social y promover el desarrollo integral de cada persona”. De estos escenarios, reflexionó León XIV, se desprende la conciencia de que “la guerra se conforma con la destrucción, la paz requiere esfuerzos continuos y pacientes de construcción, así como una vigilancia constante”.
08/01/2024 18:08
09/01/2023 16:08
