16/05/2026, 17.31
CHINA
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Los escándalos religiosos y la 'salvaguardia' que las reglas de Beijing no saben ofrecer

de Andrew Law

Después del escándalo que involucró al abad del Templo Shaolin, la acusación pública de Hu Chenglin, presidente de la Asociación Taoísta de Shaanxi, cuna de esta antigua tradición religiosa profundamente arraigada en China, ha desatado una nueva tormenta, a pesar de la insistencia en el "rigor moral" de las directivas del gobierno para las religiones. Pero cuando la fe se reduce a un estudio político ritualizado, el intercambio de favores se convierte en una tentación muy fuerte.

Milán (AsiaNews) - En las últimas semanas, la noticia de que “el taoísmo también ha producido su propio ‘Shi Yongxin’” ha vuelto a generar dudas públicas sobre la integridad del mundo religioso en China. Shi Yongxin es el abad del templo Shaolin, ex vicepresidente de la Asociación Budista China, quien cayó repentinamente en desgracia el año pasado por acusaciones de corrupción. La nueva controversia involucra ahora a Hu Chenglin, ex vicepresidente de la Asociación Taoísta China, presidente de la Asociación Taoísta de Shaanxi y también miembro de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.

Ha sido denunciado públicamente por haber ocultado durante mucho tiempo el hecho de estar casado y por haber mantenido relaciones inapropiadas con muchas mujeres, violando las reglas de su escuela religiosa y las normas de gestión del personal a su cargo. Las acusaciones incluyen además la malversación de fondos y contabilidad irregular, porque supuestamente utilizó fondos públicos de la asociación taoísta y propiedades del templo para uso personal, e incluso llegó a alquilar un crucero de lujo en Hong Kong. Aún más grave es que se le acusa de aprovechar su posición social para obtener “privilegios” en los nombramientos internos taoístas y en los permisos de construcción de templos, obteniendo beneficios y favoreciendo a otras personas, además de haber expedido ilegalmente “certificados taoístas” a mujeres con las que mantenía relaciones especiales, lo que les permitía obtener cargos religiosos falsos. Según se ha informado, todos sus nombramientos ya han sido tratados de acuerdo con las normativas pertinentes.

Xi’an ocupa un lugar destacado en la historia del taoísmo chino, porque allí se concentran numerosos “templos ancestrales taoístas”. El Chongyang Gong, situado en el distrito de Huyi (antiguo condado de Hu), es el lugar donde Wang Chongyang, fundador del quanzhenismo, practicó el taoísmo, murió y fue sepultado, y es el primero de los “tres grandes templos ancestrales Quanzhen”. La plataforma Louguantai, en el condado suburbano de Zhouzhi, es tradicionalmente considerada el lugar donde Laozi expuso sus doctrinas y es reconocida como la “cuna del taoísmo”. El monte Zhongnan, al sur de la ciudad, es además uno de los rarísimos lugares del mundo con una alta concentración de ermitaños: todavía hacen allí vida retirada miles de practicantes. En Xi’an el taoísmo no es solo historia, sino también un estilo de vida que continúa hasta el día de hoy. Precisamente por este contexto tan profundo, las revelaciones sobre el caso Hu Chenglin durante las vacaciones del Primero de Mayo resultaron particularmente impactantes y desataron rápidamente una tormenta mediática.

Como es una religión autóctona china, el taoísmo se considera a menudo como naturalmente dotado de características “sinizadas”. Sin embargo, en el proceso de “sinización de la religión” el taoísmo también debe seguir aprendiendo y transformándose. Desde el punto de vista político de los “cinco reconocimientos” hasta la dimensión cultural de la “culturalización”, el trabajo realizado no es menor que el de otros grupos religiosos. Sin embargo, desde el “maestro del bienestar” Li Yi del templo Baiyun de Jinyunshan en Chongqing (acusado en 2018 de falsificar su currículum y presunta agresión sexual) hasta Lu Wenrong del templo Yuchan de Hainan (cuyo hijo fue secuestrado fuera del país en 2019 y por el cual exigieron un enorme rescate) hasta ahora con Hu Chenglin —los tres, antiguos o actuales vicepresidentes de la Asociación Taoísta China—, están emergiendo comportamientos muy alejados de la imagen de pureza ascética, sencillez, elegancia espiritual y salvación del mundo que los taoístas deberían encarnar. Y este contraste entre las campañas de estudio político y el caos real induce inevitablemente a muchas reflexiones y plantea dudas sobre la verdadera eficacia de tales medidas.

El mundo budista chino, en realidad, tampoco es en absoluto una tierra de pureza. Además del fenómeno de los falsos lamas vivientes y falsos maestros ya severamente reprimidos, en 2018 Xuecheng, entonces miembro permanente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, presidente de la Asociación Budista China y abad del templo Longquan de Beijing, fue obligado a dimitir tras acusaciones de acoso sexual y manipulación mental de varias discípulas. Este escándalo hizo caer inmediatamente de su pedestal al templo Longquan, conocido por reunir a monjes altamente educados y tecnológicamente avanzados. Shi Yongxin, abad del templo Shaolin, diputado de la Asamblea Nacional del Pueblo, vicepresidente de la Asociación Budista China y profesor honorario de varias universidades, a pesar de haber estado en el centro de la controversia durante años, fue completamente desenmascarado recién el año pasado. Se lo acusó de haber violado durante mucho tiempo los preceptos, de haberse apropiado de bienes y de haber mantenido relaciones con numerosas mujeres. Su conducta no solo infringió los límites morales de la opinión pública, sino que incluso podría haber cometido delitos penales.

La opinión pública nutre a menudo expectativas de “pureza moral” respecto de las figuras religiosas. Sin embargo, en una economía de mercado los lugares sagrados religiosos cumplen a menudo funciones turísticas, culturales y comerciales. Ante las tentaciones de la economía inmobiliaria, de cobrar entradas y de las industrias derivadas, los grupos religiosos, como garantes efectivos de la economía religiosa, han aprovechado las oportunidades de desarrollo de la época, pero también se enfrentan a enormes desafíos: incluso algunos líderes religiosos se parecen más bien al director ejecutivo de una empresa.

Según los argumentos políticos chinos sobre “mantener el rumbo de la sinización de la religión”, una de las tareas principales de la guía religiosa debería ser corregir la tendencia a la comercialización, devolviendo la religión a su esencia espiritual y evitando que se subordine al turismo local o a la economía inmobiliaria bajo el lema “la religión prepara el escenario, después actúa la economía”. Desde que Xi Jinping propuso explícitamente el principio de la «sinización de las religiones» en 2015, esta directriz se ha incorporado a los planes quinquenales de todas las confesiones. En 2021 la Conferencia nacional sobre las religiones también estableció claramente el “riguroso gobierno de la religión” como una medida importante de la sinización, requiriendo a las comunidades que fortalecieran la autogestión y aplicaran rígidamente las reglas y preceptos. En octubre de 2025, tras la conferencia inaugural del programa educativo “Estudiar las leyes, observar los preceptos, fomentar el cultivo de la espiritualidad y construir una imagen positiva”, las cinco grandes religiones publicaron conjuntamente el “Llamamiento a la frugalidad, contra el lujo, por una fe correcta y una práctica recta”, de tonos directos y severos.

En él se establecen las siguientes reglas “para aplicar plenamente el riguroso gobierno de la religión, corregir el estilo religioso, gobernar el caos y construir una buena imagen de las religiones de nuestro país marcada por la frugalidad, la sobriedad, la fe correcta y la práctica recta:

No personalizar ni usar ropa de lujo o costosa, ni utilizar bienes de lujo.

No participar en banquetes con alcohol, ni consumir ingredientes selectos o bebidas alcohólicas de alta gama.

No vivir en casas o residencias de lujo, no amoblar la casa con muebles costosos, ni frecuentar clubes exclusivos o círculos privados.

No adquirir o utilizar autos de lujo, no viajar irregularmente en primera clase o clase ejecutiva, ni alojarse en hoteles de lujo.

No dejarse arrastrar por la pasión por las mujeres, ni dedicarse a placeres sensuales y libertinaje.

No buscar riquezas injustas, ni perseguir fama y beneficios.

No efectuar intercambios de intereses con hombres de negocios, no estrechar relaciones demasiado cercanas con funcionarios públicos, ni asociarse con elementos sociales poco recomendables”.

El contenido de esta propuesta es clarísimo; pero los detalles de la formulación son tales que cada punto resulta chocante. El mero hecho de que las cinco grandes religiones oficialmente reconocidas por el gobierno la hayan aprobado por unanimidad y hayan tomado posición contra el “caos”, demuestra la gravedad y magnitud de estos fenómenos.

Sin duda la mayor parte del personal religioso chino vive en la pobreza, y las desviaciones mencionadas en el llamamiento están muy alejadas de su realidad. Se puede decir que estos problemas afectan sobre todo a las figuras religiosas que tienen acceso a determinados recursos o privilegios. Por razones históricas, la supervisión legal presenta muchas zonas grises, la transparencia financiera de los grupos religiosos es limitada y los límites entre el patrimonio personal y los bienes colectivos son poco claros; además, no solo se considera que las figuras religiosas están dotadas de carisma espiritual, sino que a menudo gozan también de un estatus social relevante (muchos miembros del clero forman parte de las conferencias consultivas políticas o de las asambleas populares a nivel de distrito, provincial o nacional). Muchos comentaristas señalan que el actual “riguroso gobierno de la religión” enfrenta algunos desafíos: los “presidentes” de ciertos grupos religiosos a menudo solo son castigados cuando sus escándalos ya no se pueden ocultar o bien cuando ya no se los considera políticamente “confiables”.

La identificación del hombre moderno con la religión deriva más de la admiración por la personalidad de las figuras religiosas que de la obediencia ciega a la autoridad de los maestros. Como dijo Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a los testigos que a los maestros”.

Algunos religiosos —especialmente los líderes involucrados en los escándalos— han extraviado gradualmente su vocación original bajo el peso de complejas tareas administrativas. Cuando falta supervisión dentro de las organizaciones religiosas y el ejercicio del poder carece de transparencia y control sustancial, el intercambio de favores se convierte en una tentación irresistible. Aún más lamentable es el hecho de que los estudios políticos ritualizados a menudo no consiguen integrarse plenamente con las doctrinas concretas de la iglesia, consumiendo recursos y reduciéndose a una mera formalidad. La falta de testimonio de vida y el vacío de la supervisión institucional coexisten; en estas condiciones, el hecho de que no surjan problemas es casi la excepción.

Precisamente en este sentido merece gran atención el sistema de “safeguarding” desarrollado en los últimos años por la Iglesia católica. Este modelo nació inicialmente como un instrumento de reparación para tratar los abusos internos, pero a medida que las reformas se profundizaron, evolucionó hacia un modelo positivo destinado a proteger a los más vulnerables y la dignidad humana.

El Papa Francisco, un enérgico promotor de las reformas dentro de la Iglesia, ha promovido iniciativas globales de protección de las personas vulnerables. En 2019 publicó el motu proprio Vos Estis Lux Mundi y fundó en la Pontificia Universidad Gregoriana el “Institute of Anthropology: Interdisciplinary Studies on Human Dignity and Care” (IADC), que forma responsables de la protección para diócesis, órdenes religiosas e instituciones relacionadas.

Este sistema pone en el centro la protección de los más débiles y se basa en tres pilares: responsabilidad (accountability), transparencia (transparency) y acatamiento (compliance), para prevenir los daños a través de un enfoque interdisciplinario. No solo controla institucionalmente a quien detenta el poder, sino que previene de raíz varios tipos de abusos, comprometiéndose a construir comunidades seguras. Es un sistema que combina firmeza y flexibilidad: no sólo combate los abusos, sino que proporciona también mecanismos de supervisión capaces de reforzar la frágil naturaleza humana, reconstruyendo en el desierto de la secularización una comunidad testigo llena de esperanza y dignidad. Es un sistema que se está transformando de un control externo rígido en una fuente interior de formación.

En conclusión: los escándalos surgidos en el mundo religioso chino son esencialmente el resultado de la degeneración de estructuras de poder privadas de controles y equilibrios, que operan en ambientes cerrados. Confiar exclusivamente en rígidas “líneas rojas” externas o en estudios políticos ritualizados puede tener quizás un efecto disuasorio a corto plazo, pero difícilmente llega a la transformación profunda del alma de los religiosos. El verdadero “riguroso gobierno de la religión” no debería limitarse a castigos ejemplares y selectivos después de los escándalos, sino que debería orientarse hacia el cuidado de la personalidad del clero y vínculos institucionales eficaces.

Tomando ejemplo del sistema de “safeguarding” de la Iglesia católica, fundado en la responsabilidad, transparencia y acatamiento como mecanismos preventivos, la supervisión externa debería transformarse en conciencia espiritual interior, permitiendo al ejercicio del poder operar a la luz del sol y recuperar su naturaleza de servicio. Solo así el mundo religioso chino podrá construir realmente una imagen social digna de confianza.

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