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RUSIA - TIERRA SANTA
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Los ortodoxos rusos y el Fuego Sagrado de Jerusalén en tiempos de guerra

de Vladimir Rozanskij

Tras las celebraciones de la Semana Santa de las Iglesias de rito latino, el sábado 11 tendrá lugar el encendido de la llama pascual que, desde el Santo Sepulcro, las Iglesias ortodoxas difunden por todo el mundo. Existe tensión por las restricciones impuestas a los lugares de culto por el Gobierno israelí. Un asunto que se sigue con tonos apocalípticos también en Moscú, donde en los últimos años este rito se ha convertido en fundamental para afirmar su primacía.

Moscú (AsiaNews) - El cierre del Santo Sepulcro, como medida de seguridad en el contexto del conflicto de Oriente Medio, ha suscitado en los últimos días numerosas protestas por parte de los católicos y está provocando nerviosismo entre los ortodoxos, sobre todo entre los rusos, que temen por la ceremonia del encendido del Fuego Santo en el principal santuario de la fe cristiana, prevista para el sábado 11 de abril, víspera de la Pascua ortodoxa. Hay incluso quienes lo interpretan como una señal de la llegada del Anticristo y el comienzo del fin del mundo.

El 29 de marzo, la policía israelí impidió al cardenal Pierbattista Pizzaballa celebrar la liturgia del Domingo de Ramos, aunque fuera de forma privada, y era la primera vez que esto ocurría desde la época de las Cruzadas en el siglo XII, cuando se confió a los franciscanos la Custodia de Tierra Santa. El incidente diplomático se resolvió con las disculpas del propio Benjamin Netanyahu, quien garantizó el acceso para liturgias sin público, que se seguirían a distancia, como de hecho se pudo hacer en la Vigilia Pascual. No obstante, algunos peregrinos se enfrentaron a las fuerzas del orden, llegando incluso a las manos.

La iglesia del Santo Sepulcro, en la que todas las confesiones cristianas tienen su propio altar, fue cerrada a todo el mundo el 28 de febrero, al inicio de la operación militar israelo-estadounidense contra Irán, y lo mismo ocurrió con los demás santuarios principales, incluidos el Muro de las Lamentaciones de los judíos y la mezquita de Al-Aqsa de los musulmanes (donde no se permitió ninguna oración). El propio patriarca ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III, durante todo el mes de marzo sólo celebró misas en su casa o fuera de Jerusalén.

En los últimos 30 años, los rusos han exaltado mucho el culto al Fuego Santo: con expresiones de propaganda religiosa y política, que ven en el encendido del Sábado Santo un momento de revelación de la «verdadera fe». Se trata de una devoción ajena al mundo católico, salvo por la participación de las asociaciones de Scouts, que desde el Santo Sepulcro suelen difundir la llama pascual por todo el mundo. La variante rusa tiene una dimensión particularmente mística, ya que se cree que el milagro del encendido espontáneo «desde el cielo» en la vigilia de la Pascua ortodoxa, según el calendario juliano, es una demostración de la superioridad de la fe ortodoxa sobre todas las demás confesiones cristianas. Esta creencia adquiere connotaciones apocalípticas, basándose en textos de dudosa autoría que se remontan al siglo X, en la época del bautismo de la Rus’ de Kiev, cuando Jerusalén estaba bajo el control del califato islámico.

El canal de televisión ruso NTV tiene la exclusiva para la retransmisión del «descenso del Fuego», con el apoyo del Patriarcado de Jerusalén, que organiza la celebración según los horarios que convienen a la retransmisión rusa. El fondo ruso dedicado al apóstol San Andrés el Primoclito, dirigido por el consejero de Putin Vladimir Yakunin, tiene la tarea de llevar inmediatamente las lámparas de fuego por toda Rusia, comenzando por la entrega al patriarca de Moscú Kirill en la catedral del Santísimo Salvador, donde este año también se han dispuesto los antiguos iconos de la Madre de Dios Vladimirskaya y Donskaya, retirados de los museos.

En 2020, debido al coronavirus, solo se permitió el acceso al Santo Sepulcro al patriarca Teófilo, a algunos clérigos y a los operadores de televisión rusos, bajo la vigilancia de la policía. Ahora se prevé la posibilidad de repetir la celebración al menos con un contingente limitado, y la expectación se vuelve frenética en el contexto de la «guerra santa» que se libra desde hace unos años. Uno de los profetas del apocalipsis, el general checheno Apti Alaudinov, ya ha declarado que «en un 99 % el Anticristo ya está actuando en la tierra, y su nombre es Donald Trump». El jefe de la brigada chechena Akhmat es un musulmán que intenta superponer las revelaciones islámicas a las cristianas, y su declaración es compartida por muchos ortodoxos, sobre todo en las comunidades monásticas más radicales. La negación del Fuego Sagrado sería para los ortodoxos rusos el equivalente a la explosión de una bomba atómica, con consecuencias verdaderamente imprevisibles.

 

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