10/09/2021, 13.22
TURQUÍA-AFGANISTÁN
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Misioneros en Estambul: 'Se dispara la tensión contra los refugiados afganos'

de Chiara Zappa

"La bomba social, alimentada por la crisis económica, en un país que ya acoge a 5 millones de migrantes, corre el riesgo de estallar con la nueva ola de prófugos", cuentan Gabriella y Roberto Ugolini. Desde hace décadas trabajan en la frontera con Irán, donde el gobierno está construyendo un muro contra los que huyen de los talibanes.

Estambul (AsiaNews) - "El clima en Turquía con respecto a la nueva ola de refugiados que llegan de Afganistán es muy tenso y está aumentando la xenofobia", dicen preocupados Roberto y Gabriella Ugolini, misioneros fidei donum de la diócesis de Florencia que trabajan en el país de la Media Luna desde el año 2000. En este momento son testigos de una nueva emergencia migratoria, en una sociedad severamente probada por la crisis económica.que la pandemia de covid-19 no ha hecho más que agravar.

"En los últimos años Turquía ha demostrado ser un país con una gran capacidad de acogida, pero los problemas internos han exasperado a la población, que no quiere oír hablar de abrir las puertas a más refugiados". Según datos oficiales de la ONU, actualmente hay 3,6 millones de sirios en el país, mientras que el número total de refugiados y solicitantes de asilo, según las autoridades de Inmigración, alcanza los 5 millones. En parte porque "muchos eligen no registrarse, con la esperanza de continuar el viaje hacia Europa”, explican los esposos Ugolini. Son cientos de miles de afganos: 116.000 según la agencia gubernamental AFAD y al menos medio millón para las organizaciones no gubernamentales.

En las últimas semanas, cerca de 1.500 afganos por día - "incluso militares en fuga" - habrían cruzado la frontera turca desde Irán, el país por el que pasa la ruta para llegar a Occidente, y es probable que el número siga subiendo. Pero la tasa de rechazos ha aumentado dramáticamente.

"Precisamente a lo largo de la frontera con Irán el gobierno turco ha construido un muro que debería extenderse por unos 500 km, en un intento por detener el avance de estas personas desesperadas". Son personas que Gabriella y Roberto Ugolini conocen bien, porque su misión siempre ha sido ayudar a los migrantes en el este del país: primero en Ürfa, en la frontera con Siria, y después quince años en Van - el corazón de la región kurda a un paso de Irán - una tierra de pastores, contrabandistas y muchos afganos e iraníes que huyen de la violencia y la opresión.

"Es gente que huye por razones políticas, para escapar de la persecución religiosa o en busca de una vida digna para ellos y sus hijos. Pero también hay mujeres que huyen de las limitaciones familiares y sociales, y otras personas, como los homosexuales, que sufren graves formas de intolerancia en sus sociedades de origen. Todos ellos ven a Turquía como un paso para llegar a Europa u otros países occidentales, pero en realidad después tienen que esperar hasta diez años para obtener un eventual estatus de refugiado”.

Mientras tanto, "este país trata de acogerlos con dignidad. Los que se registran tienen acceso a servicios, como la escuelas para los niños, pero solo pueden trabajar ilegalmente. Y los que deciden permanecer en la clandestinidad quedan a merced de los traficantes de personas".

Hoy en día, la "bomba social" alimentada por el desempleo - que recientemente produjo disturbios y violencia contra un barrio de Ankara habitado por sirios - corre el riesgo de estallar con los que están llegando de Afganistán. En las primeras semanas de la emergencia el presidente Erdogan había declarado que "Turquía no está obligada a ser el depósito de migrantes que se dirigen a Europa". Erdogan también se encuentra presionado por los partidos de la oposición, que lo siguen atacando por el acuerdo con la UE y señalan el riesgo que supone la oleada de refugiados que huyen del gobierno talibán. Por otra parte, el presidente ha declarado que quiere conceder una línea de crédito a ese  régimen: una razón más para no aceptar solicitudes de asilo.

Los que ya estaban esperando el reconocimiento del estatus de refugiado ahora se sienten desesperados, porque temen que su expediente quede congelado”, dice el matrimonio Ugolini, actualmente radicado en Estambul. Además de brindar asistencia a los migrantes que se encuentran en la metrópoli, ellos siguen dirigiendo la escuela de turco e inglés que fundaron en Van para mujeres iraníes y afganas.

“La Iglesia - afirman - siempre ha estado en primera línea en la acogida, a pesar de que los medios a su alcance son limitados. Caritas funciona bien, tanto en el vicariato de Estambul como en el de Anatolia, y hay numerosas iniciativas de ayuda en colaboración con otras Iglesias cristianas, desde la ortodoxa griega hasta las comunidades protestantes”.

Pero las necesidades son enormes y el país ya no sabe cómo responder a ellas. “El peligro de que siga creciendo la intolerancia es real - admite la pareja italiana - y no será fácil contenerla”.

 

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