30/11/2017, 09.56
RUSIA
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Moscú, casi 500 obispos ortodoxos-rusos en Sínodo extraordinario

de Vladimir Rozanskij

Reunidos en la catedral del Santo Salvador hay 200 obispos rusos, 100 ucranianos; 20 de Bielorrusia; obispos en servicio en 22 países del mundo; decenas de obispos jubilados. Se celebran los 100 años de la restauración del Patriarcado de Moscú, justamente al inicio de la tempestad revolucionaria (1917). Como temas, los nuevos mártires, la vida religiosa y los matrimonios de los divorciados. El saludo de Vladimir Putin.

Moscú (Asianews)- En la catedral del Santo Salvador inició ayer el Sínodo extraordinario de los obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa (Arkhiereiskij Sobor, el “Concilio episcopal”) en ocasión de los 100 años del dramático Concilio de Moscú de 1917, en los días de la tempestad revolucionaria, en los cuales fue restaurado el patriarcado de Moscú después de 200 años de gestión sinodal. El Sínodo concluirá el sábado 2 de diciembre, con una participación excepcional de invitados y periodistas, el patriarca Kirill (Gundjaev) celebrará una liturgia el 4 de diciembre, día de la entronización del patriarca Tikon en 1917.

El Patriarcado de Moscú fue instituido en 1589, introduciendo en la eclesiología ortodoxa la novedad del “patriarcado nacional”: en la Iglesia antigua existían solamente cinco patriarcados “apostólicos”, Roma, Constantinopla, Jerusalén, Alejandría y Antioquía (los dos primeros, en realidad, de relevancia imperial). Poco después de un siglo de su institución, el zar Pedro el grande, suprimió el patriarcado en 1701, para substituirlo con una gestión estatal a la cual los obispos estaban sometidos, el Santo Sínodo guiado por el “oberprokuror” imperial. La paradoja es que en el momento de su restauración, el máximo oficio eclesiástico ruso tuvo que ser de nuevo perseguido y el condicionamiento del poder estatal soviético, declaradamente ateo, que controlaba a la Iglesia con el “Consejo de los Asuntos religiosos”. Solamente en 1990, con la elección al trono de patriarca Alexis II (Ridiger), la iglesia rusa recuperó su autonomía.

Los temas al orden del día del Sínodo en curso no son sólo celebrativos, exlatando la memoria de los nuevos mártires de la persecución atea, a partir del zar Nicolás II y de su familia. Es más, justamente con el reconocimiento de los despojos de los santos mártires imperiales, custodiados en San Petersburgo, será la primera cuestión propuesta al juicio de los obispos. Su reconocimiento no fue nunca oficialmente establecido y permanecen diversas dudas: la familia del zar fue fusilada en el sótano de la casa “Ipatiev” de Ekaterinenburg y los cuerpos fueron sepultados en una fosa común. El mismo patriarca Kirill invitó a no apurarse en la evaluación, examinando todos los elementos atentamente todos los elementos de prueba a disposición.

Otras tareas del Sínodo se refieren a la proclamación de un ulterior grupo de nuevos mártires, que se agregarán a los más de 2000 ya canonizados y junto a la inserción en el calendario de los santos rusos de algunos nombres, cuya devoción es practicada solamente en Ucrania. De este modo se confiará en la intercesión de los santos la armonía y la unión de las partes en conflicto del pueblo heredero de la antigua Rus´de Kiev. Serán también examinados los nuevos reglamentos de la vida monástica, en discusión desde hace diversos años, comprendida la delicada utilización de internet en los monasterios y en las celdas individuales de los monjes. Otro problema se refiere a la celebración del matrimonio, que por tradición rusa puede ser celebrado una asegunda y hasta una tercera vez, pero que a menudo se trata de uniones civiles, aún más de tres, que debe ser resuelta con regularizaciones con procedimientos aún no definidos.

Los obispos rusos tratarán de prestar especial atención a la cultura, comenzando con la enseñanza de la religión en las escuelas y de la teología de la universalidad. Además de la instrucción, se considerará la variedad de expresiones artísticas y culturales en la sociedad rusa, tema particularmente candente después de las polémicas de este año en lo que se refiere a la película “Matilde”, si bien el Sínodo no tiene intención de pronunciarse ni pro ni contra autores sobre obras individuales. La intención es favorecer un diálogo más constructivo entre la Iglesia y el mundo de la cultura, en las actuales condiciones de la sociedad rusa.

Más de 20 obispos todavía en cargo en Rusia, los 100 de Ucrania y 20 de Bielorusia, participan en el Sínodo los obispos rusos que están en servicio en 22 países del mundo y se agregan los obispos jubilados, acercándose a la cifra de los 500 obispos en total. Muchísimos los periodistas acreditados, gracias a la decisión de máxima apertura y transparencia del encuentro eclesiástico hacia el mundo de la información.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin saludó a los participantes al Sínodo, sin ir personalmente a la catedral como estaba inicialmente previsto. En precedencia los zares y las autoridades soviéticas enviaban a sus propios representantes para dirigir los trabajos; hoy el presidente se limita a honrar y escuchar a una respetuosa distancia la voz de los jerarcas de la Iglesia.

 

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