26/06/2026, 10.51
ASIA CENTRAL
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Mujeres migrantes en Turquía: riesgos y esperanzas en la Ruta de la Seda

de Vladimir Rozanskij

La falta de un estatus legal reconocido expone a miles de mujeres de Asia Central a graves peligros en Turquía. Este año causó gran revuelo en Estambul el caso de dos ciudadanas uzbekas cuyos cadáveres fueron hallados en contenedores de basura. Sin documentos, trabajar en los hogares es a menudo la única opción para sobrevivir, pero al mismo tiempo supone una trampa.

Estambul (AsiaNews) - Decenas de miles de mujeres procedentes de Asia Central llegan a Turquía para trabajar, pero las estrictas normas de inmigración y la falta de un estatus legal las obligan a menudo a realizar trabajos domésticos en condiciones de aislamiento, donde se encuentran totalmente dependientes de sus empleadores y vulnerables a la violencia. Sus desapariciones, la explotación y los asesinatos ponen de manifiesto una crisis que pasa en gran medida desapercibida fuera de sus comunidades. El sitio Azattyk da cuenta de estas situaciones.

A principios de este año, se encontraron en Estambul los cadáveres decapitados de dos ciudadanas uzbekas, Durdona Khakimova y Sajora Ergašalieva, arrojados a los contenedores de basura. Estos crímenes brutales han desencadenado protestas en toda Turquía. Las activistas por los derechos de las mujeres han salido a la calle para recordar la vulnerabilidad sistémica de las mujeres, en particular de las migrantes. «Esto es inhumano. Estas personas deberían pudrirse en la cárcel», afirma Durdona, una familiar de las víctimas. «Solo vino aquí a trabajar... Estas chicas son inocentes». La violencia contra las mujeres en Turquía sigue aumentando: según el Centro Independiente de Investigación Social y Política, en 2025 fueron asesinadas 420 mujeres, y otras 508 murieron en circunstancias sospechosas.

A pesar de las protestas, los crímenes continúan. Mientras la sociedad debatía sobre el doble asesinato ocurrido en enero, el 2 de marzo se encontraron los restos de otra mujer en un bosque de la provincia de Balikesir; se cree que se trata de una migrante uzbeka desaparecida dos meses antes, pero aún no se han publicado los resultados de las pruebas de ADN.

Durante mucho tiempo, Rusia fue el principal destino de la migración laboral procedente de Asia Central, pero tras la crisis económica de 2014, cada vez más personas comenzaron a optar por Turquía debido al régimen de exención de visados, a unas normas más permisivas y a la afinidad cultural. Con el tiempo, la situación ha cambiado: debido a las dificultades económicas y al creciente sentimiento antiinmigración, las autoridades turcas han endurecido sus políticas. A partir de 2022, comenzaron a expedir visados y permisos de residencia de forma más rigurosa y también intensificaron la lucha contra el trabajo ilegal.

Arslan Tokobaev, cónsul de Kirguistán en Estambul, ha declarado que «según nuestros datos, unos 4.700 ciudadanos kirguisos fueron expulsados en 2024. Las estadísticas correspondientes a 2025 aún se están elaborando, pero la cifra podría ser prácticamente la misma. Debido al endurecimiento de la legislación, el número de permisos de residencia concedidos ha disminuido drásticamente». En consecuencia, miles de personas se ven abocadas a la economía sumergida, sin ningún tipo de protección jurídica. «Quienes trabajan desde casa a veces no salen de ella durante tres o cinco años; algunos trabajan las 24 horas del día sin descanso y, al carecer de documentos, no pueden protegerse», afirma Ryskul, un activista kirguís en Turquía.

Ayžarkyn (nombre ficticio por motivos de seguridad) es la hija de una mujer kirguisa que vivió y trabajó en Turquía durante muchos años sin papeles: «Mi madre no tenía visado, por lo que vivía aquí de forma ilegal. Durante siete años no consiguió obtener un visado ni regresar a Kirguistán». En 2023, la mujer desapareció y Ayžarkyn no pudo ponerse en contacto con ella durante una semana: su teléfono estaba apagado. Entonces acudió a la policía, pero nadie se molestó en recabar más información; solo más tarde uno de los sospechosos admitió haber enterrado su cadáver.

Para las mujeres indocumentadas, trabajar en casa como cuidadoras, niñeras, cocineras o empleadas domésticas es a menudo la única opción para sobrevivir, pero al mismo tiempo una trampa. Muchas se ven, de hecho, recluidas en las casas de sus empleadores. Las mujeres de Turkmenistán son especialmente vulnerables: su país ha endurecido las normas sobre la expedición de pasaportes, que solo pueden obtenerse dentro del país. Turkmenistán está sumido en una crisis económica y, obviamente, nadie quiere volver, «porque aquí, independientemente de la violencia psicológica o física, siempre tienen la esperanza de ganar dinero y enviárselo a sus familias», afirma Diana, una activista turcomana en Turquía. Azattyk ha enviado una solicitud al Ministerio del Interior turco en relación con la situación de las mujeres migrantes procedentes de Asia Central, pero no se ha recibido ninguna respuesta.

 

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