Nueva fractura en la resistencia birmana: el grupo karen proclama un Estado independiente
El general al mando del Ejército Kawthoolei (KTLA), una de las milicias que luchan contra la junta militar, ha anunciado en los últimos días el nacimiento de la «República de Kawthoolei» en la frontera con Tailandia. La medida divide al pueblo karen y ha sido criticada porque corre el riesgo de debilitar el frente antijunta en la guerra civil, en un momento ya muy delicado para la resistencia.
Yangon (AsiaNews) - Entre las facciones que luchan contra el ejército birmano en la guerra civil de Myanmar, que pronto entrará en su sexto año, se registra una nueva escisión. El 5 de enero, un comandante militar de etnia karen proclamó el nacimiento de un Estado independiente a lo largo de la frontera con Tailandia, abriendo una nueva y delicada fractura dentro del frente antigolpista.
El general Saw Nerdah Mya, líder del Ejército Kawthoolei (KTLA), anunció la creación de la «República de Kawthoolei», que estará dirigida por el Gobierno de Kawthoolei (GOK). Con esta declaración, el KTLA marca un cambio radical con respecto al objetivo que hasta ahora compartían las diferentes milicias que componen la resistencia, es decir, la creación de una unión federal y democrática en la que los grupos étnicos compartieran el poder dentro de un único Estado.
Con esta medida, en cambio, la KTLA ya no pide autonomía o federalismo, sino la plena independencia y la separación completa de Myanmar. Una dinámica que, en realidad, ya está en marcha en varias zonas de Myanmar bajo el control de las milicias étnicas, como el estado occidental de Rakhine.
El Gobierno de Myanmar ha declarado que el pueblo karen ha sufrido «77 años de opresión» bajo los gobiernos militares liderados por representantes y generales de la etnia bamar. La KTLA sostiene además que el Estado de Myanmar se ha derrumbado debido a la resistencia armada que estalló tras el golpe militar de 2021, en el que el ejército tomó el poder encarcelando a la líder democrática Aung San Suu Kyi.
A la luz de esta situación, el grupo reivindica el derecho, basado en los principios internacionales de derechos humanos, a autogobernarse, controlar sus territorios tradicionales y garantizar la seguridad de la población karen. El nuevo gobierno anunciado tiene la intención de redactar su propia Constitución, formar un gabinete, establecer un sistema judicial independiente y obtener el reconocimiento internacional como Estado separado de Myanmar.
Sin embargo, la proclamación ha abierto graves divisiones dentro de la propia comunidad karen. Durante décadas, el principal representante político del pueblo karen ha sido la Unión Nacional Karen (KNU), cuyo brazo armado, el Ejército de Liberación Nacional Karen (KNLA), es una de las principales milicias que luchan contra la junta militar.
A nivel oficial, la KNU sigue apoyando la creación de una unión federal democrática y colabora estrechamente con el Gobierno de Unidad Nacional (NUG), el anterior gobierno en el exilio, y con otras milicias étnicas. Sus líderes han criticado abiertamente la declaración unilateral de Saw Nerdah Mya, calificando a la KTLA de grupo escindido cuyas acciones socavan la unidad del pueblo karen.
Varios líderes karen temen que este asunto debilite la lucha contra la junta en un momento crucial. El ejército, tras recuperar una serie de territorios, está celebrando elecciones para legitimar el régimen, pero solo en las zonas bajo su control, no en todo el país.
La opinión pública en las comunidades karen también parece dividida: algunos ven en la independencia una solución clara y definitiva; otros temen que pueda desembocar en enfrentamientos armados entre grupos karen, desplazando el conflicto de la resistencia contra el régimen militar a una guerra interna.
Según varios analistas, si el proyecto independentista de la KTLA cobra impulso, otros poderosos grupos étnicos armados podrían abandonar la visión federal para intentar crear muchos pequeños Estados separados. Una dinámica similar correría el riesgo de fragmentar la alianza de la resistencia, debilitar la coordinación militar y prolongar significativamente la guerra civil.
Tampoco faltan las preocupaciones inmediatas en materia de seguridad a lo largo de la frontera entre Myanmar y Tailandia. En la zona ya residen decenas de miles de refugiados que huyen de los bombardeos y las ofensivas de la junta. Los posibles combates entre grupos armados rivales podrían generar nuevas oleadas de desplazados. Además, la KTLA controla territorios cercanos a gasoductos estratégicos que abastecen a Tailandia, lo que suscita temores sobre la seguridad de las infraestructuras energéticas y la estabilidad regional.
El anuncio confirma además lo que varios analistas ya habían previsto tras el inicio de la guerra civil: intentar derrocar a la junta militar en el poder podría ser solo una fase del conflicto, que podría tomar direcciones impredecibles debido a las heridas históricas nunca sanadas entre los numerosos grupos étnicos de Myanmar.
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