29/11/2025, 13.13
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Onu: el calor es la principal 'amenaza climática' para Asia

La alerta está contenida en un informe de la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico. Es necesario implementar medidas de resiliencia a largo plazo para contrarrestar las pérdidas económicas, las crisis sanitarias y el colapso de las infraestructuras energéticas. El asfalto y el cemento de las metrópolis agravan la emergencia. También están en peligro los recursos hídricos del continente.. 

 

Bangkok (AsiaNews) – El calor se ha convertido en la principal amenaza climática para el continente asiático, según el último informe publicado por la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (ESCAP), titulado "Rising Heat, Rising Risk" (Calor en Aumento, Riesgo en Aumento). Tal como están poniendo de relieve las dramáticas inundaciones del sudeste asiático en las últimas semanas, el documento señala la necesidad de pasar a intervenciones de resiliencia a largo plazo para contrarrestar las pérdidas económicas, las crisis sanitarias y el colapso de las infraestructuras energéticas.

El año 2024 fue el más caluroso jamás registrado en todo el mundo. En Asia, el fenómeno extremo más grave fue la ola de calor que azotó Bangladés entre abril y mayo del año pasado y afectó a unos 33 millones de personas, mientras que en la India causó cerca de 700 muertes.

Para evaluar los riesgos futuros, el informe utiliza el "índice de calor", que combina temperatura y humedad relativa. Un valor igual o superior a 35 °C indica una situación muy grave, mientras que un valor superior a 41 °C indica una condición de peligro extremo en la que la insolación y los golpes de calor son probables incluso para sujetos que no están en riesgo.

Según las previsiones actuales, entre 2080 y 2099, los países del sur de Asia (India, Pakistán y Bangladés) podrían experimentar más de 300 días al año con un índice de calor superior a 35 °C, y en muchas zonas, más de 200 días por encima del umbral de 41 °C. Myanmar, Tailandia y Camboya también corren el riesgo de afrontar más de 250 días al año con temperaturas superiores a 35 °C.

El calor extremo genera una serie de impactos en cascada que en Asia-Pacífico tendrán efectos aún más devastadores que en el resto del mundo. Las ciudades asiáticas, por ejemplo, podrían registrar un aumento de las temperaturas de hasta 7 grados debido a su crecimiento, que ha significado un aumento del uso de asfalto y cemento. Las metrópolis asiáticas como Seúl, Singapur, Bangkok, Karachi, Yakarta, Nom Pen, estarán en el centro de esta crisis y también serán el lugar donde habrá las mayores desigualdades: un estudio realizado en Bandung, Indonesia, detectó una diferencia de hasta 7 °C entre las zonas más calurosas y las más frescas de la ciudad, que habitualmente corresponden a barrios más ricos con una mayor disponibilidad de espacios verdes. Niños, ancianos y trabajadores de bajos ingresos son los que corren mayor peligro.

A los costos inmediatos de respuesta a las emergencias - estimados en 498 mil millones de dólares - se deben añadir también las consecuencias económicas debidas a la reducción de la productividad laboral. Las horas de trabajo perdidas por estrés provocado por el calor en Asia y el Pacífico, en particular en sectores de alta intensidad de mano de obra como la agricultura, la construcción y algunas industrias, están destinadas a más que duplicarse para 2030, hasta superar en horas un nivel que en la práctica corresponde a 8.1 millones de puestos de trabajo a tiempo completo, lo que afectará también el crecimiento económico de los países individuales y la lucha contra las desigualdades. Dado que el aumento de las temperaturas desencadena numerosos eventos en cascada, el valor monetario de su impacto suele subestimarse, pero se prevé que los costos aumentarán de manera significativa

La infraestructura energética también resulta particularmente vulnerable, porque con el aumento de las temperaturas aumenta la demanda de aire acondicionado, que según las previsiones se triplicaría para 2050, haciendo a su vez aumentar la demanda de energía. Pero a su vez el calor extremo complica y debilita la producción de electricidad, sometiendo a presión a las centrales, que tendrán cada vez más dificultades para operar de manera eficiente. El informe también considera que la exposición de las centrales eléctricas a días con temperaturas superiores a los 40 °C está destinada a duplicarse, superando el 8%.

Una parte de las consecuencias está referida a los recursos hídricos: los glaciares en la región de las zonas montañosas de Asia que sustentan el funcionamiento de los ecosistemas, se están derritiendo a un ritmo superior al promedio global. Para 2060 varios países como Irán, Mongolia, Myanmar, Turquía y Uzbekistán podrían perder más del 70% de su masa glacial, frente al 5% que los glaciares a nivel mundial han perdido hasta ahora. En consecuencia, aumentan las inundaciones por colapso de lagos glaciares (llamadas GLOF). En Sikkim, India, se produjo un desastre de este tipo en 2023 que causó daños y pérdidas por un valor de 173 millones de dólares.

El informe denuncia que las actuales respuestas a corto plazo demuestran ser insuficientes ante una amenaza sistémica de esta magnitud. Propone entonces un replanteo general de las políticas actuales, señalando la necesidad de prestar mayor atención a la salud, a la lucha contra las desigualdades y a la integración financiera.

Un aspecto fundamental de este modelo es la expansión de los sistemas de alerta temprana para las olas de calor, que, si se implementan en los 57 países que todavía no cuentan con estas herramientas, podrían salvar cerca de 100 mil vidas al año. No obstante, solo el 54% de los servicios meteorológicos de todo el mundo emite avisos específicos para temperaturas elevadas.

Las inversiones también deben asumir un papel estratégico: según el informe, no es necesario crear nuevos fondos específicos, sino reorientar los recursos actuales hacia los sectores que mejor pueden responder a futuros desastres climáticos. Las inversiones en adaptación en el sector de la salud, por ejemplo, con una media superior al 78%, han ofrecido algunos de los rendimientos más elevados entre los analizados. Esto se debe a que invertir en sistemas de salud capaces de responder mejor a las crisis climáticas no solo puede salvar vidas humanas, sino también mejorar la salud pública y fortalecer la productividad económica de las poblaciones más vulnerables

 

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