08/05/2019, 17.54
HONG KONG-VATICANO
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P. Bonzi: Gracias a Jean Vanier, el espíritu de Cristo resucitado entre los más débiles en la sociedad

de Giosué Bonzi

El fundador del Arca, una experiencia de vida común entre personas sanas y personas con discapacidades físicas y mentales, falleció ayer a la noche. Hasta hoy el Arca está presente en 35 naciones con 147 comunidades. Además en 80 países hay 1.800 comunidades de “Fe y Luz”, que reciben a personas con necesidades particulares, sus familias, los amigos. El recuerdo del Papa Francisco y el de un misionero en Hong Kong, su colaborador.

 

Hong Kong (AsiaNews)Falleció a la edad de 90 años, Jean Vanier, fundador de las Comunidades del Arca, una experiencia que construye comunidades en las cuales viven juntas personas sanas y otras con discapacidades físicas y mentales. Nació en Ginebra (Suiza), cuando era joven era un oficial de Marina. A un cierto punto abandona la carrera militar y estudia filosofía para ser docente. En 1963 sucede su encuentro con personas discapacitadas que lo lleva a la experiencia de la vida común entre hábiles y discapacitados que a los ojos del mundo son “sanos” y “eficientes” y aquellos que en cambio son más “frágiles”. Hasta hoy el Arca está presente en 35 naciones con 147 comunidades. Además, en al menos 80 países hay 1.800 comunidades de “Fe y Luz”, que reciben a personas con necesidades particulares, sus familias y sus amigos.

Ayer, el Papa Francisco, volviendo de su viaje a Bulgaria y Macedonia del Norte, así recordó a Jean Vanier: “Quiero expresar mi gratitud por este testimonio, un hombre que supo leer la fuerza cristiana del misterio de la muerte al misterio de la cruz, de la enfermedad. Del misterio de aquellos que en el mundo son descartados. Trabajó no sólo para los últimos sino también para que aquellos que antes de nacer arriesgan ser condenados a muerte. Gastó su vida así. Gracias a él y gracias a Dios-concluyó el Papa- por habernos dado un hombre de tan gran testimonio”.

El p. Giosué Bonzi, misionero del PIME, desde hace más de 50 años en Hong Kong, conoció y trabajó con Jean Vanier. El p. Bonz es también uno de los fundadores de la Fu Hong Society, una red de casas-familias donde conviven personas con discapacidades y personas sanas.

Antes de encontrarme con Jean personalmente , conocí su espíritu y su misión leyendo un libro que un amigo me había enviado de Italia. “La comunidad, lugar del perdón y de la fiesta”.

Era el año 1981: cerca de 4 años antes había iniciado la  Fu Hong Society (FHS). Me quedé realmente asombrado y curiosos por conocerlo a él y a su obra. En la primavera de 1982, durante mis vacaciones en mi patria, visité la comunidad romana de Fe y luz, encontrándome con la iniciadora en Italia, Mariangela Bertolini, que con mucho entusiasmo me facilita un encuentro con su gran amigo Jean. En 1971, Mariangela había participado en la famosa peregrinación a Lourdes con él y la amiga Marie-Hélène Mathieu, junto a miles de personas con discapacidades intelectuales, padres y amigos.

Así, viajando en tren, llegué a Trosly-Breuil donde me hospedan por algunos días en la primera comunidad del Arca. Allí encuentro, además que a Jean, también a su anciana mamá Pauline y al p. Thomas Philippe, su director espiritual.

Obviamente alrededor están los amigos con discapacidades, reunidos en diversas casas que la rodean, alrededor de la casa original, en la cual se encuentra la capilla para la adoración eucarística perpetua, colocada en un establo y que conserva en la estructura el pesebre y otros particulares típicos de esos ambientes.

En ese ambiente de oración me encontré frecuentemente con Jean, pero para hablar con él en tú a tú en su oficina, tuve que esperar serenamente por más de un día. Estaba muy ocupado. Tuve varias ocasiones, preciosísimas, de largas y agradables conversaciones con la mamá y con el p. Thomas. En circunstancias similares, la espiritualidad se respira y se absorbe por “inmersión”. El coloquio con Jean fue muy impactante. A él le comuniqué el mandato que había recibido de comunidades cristianas de diversas denominaciones: invitarlo a visitar Hong Kong. No me dijo de inmediato cuando, pero me aseguró que deseaba mucho ir a visitarnos.

Finalmente en 1990, Jean vanier vino a Hong Kong, acogido por la primera comunidad de “Fe y Luz”. Desde 1990 se me pidió ser el capellán de la comunidad (hoy son 3). Así, Jean inició a invitarme a participar en los retiros espirituales y a los programas de formación que él realizaba en Extremo Oriente.

Lo pude encontrar dos veces en Corea, en Filipinas , en Taiwán...

En 1994 fui invitado al encuentro internacional de Fe y Luz que se realizó en Varsovia (Polonia), luego al de Quebec City (Canadá) en 1998 en Roma (2002). Uno de los momentos que más te involucraban con la gente del lugar codo a codo con los amigos con discapacidad provenientes de todos los continentes del globo, ya sea en la misa, pero sobre todo en la “Fiesta”, en la cual todos son alentados a desatar la alegría en trajes típicos de cada país y cultura.

En otoño de 1999 me invitaron a participar en una semana de curso de ejercicios espirituales en Versailles, predicados por Jean, especialmente para los capellanes, católicos y protestantes, de las comunidades de Fe y Luz.

En la Semana Santa y Pascua de 2001, trigésimo aniversario de Fe y Luz, acompañé a la delegación de Hong Kong a Lourdes, donde se reunieron más de 24 mil peregrinos: portadores de discapacidad, familiares y amigos.

Agradezco al Señor por haber conocido y encontrado a Jean Vanier y haber participado activamente en la Misión de amor y del compartir con los más “pequeños”. Para mi fue una gracia inmensa que Dios me concedió este dejarse conducir por el Espíritu del Cristo Resucitado y vivo, cada uno en su propio ambiente y este compromiso comunitario y eclesial, testimoniando la alegría y la paz que la inclusión de los más débiles en la sociedad da a cada individual persona y a toda la comunidad. Es un auténtico “Kairós”.

Justamente todos los amigos de Jean sienten en el corazón, en este momento del crepúsculo terreno de su vida, un fortísimo deseo de decir “¡Gracias!” ¡Aleluia!!!


 

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