Papúa: los rebeldes, el asesinato del piloto y el futuro de las misiones humanitarias
Condena de los obispos de esta remota región por la muerte del capitán Nicholas Francis Goselin. Los obispos recuerdan el servicio «esencial» prestado por la AMA, organización fundada por cinco diócesis católicas. Se rechazan con indignación las acusaciones según las cuales los aviones transportaban efectivos y material del ejército indonesio.
Yakarta (AsiaNews) - Una «tragedia humanitaria» por la muerte de un piloto competente y valiente y la interrupción de un «servicio fundamental» para la población civil de zonas remotas, señal de una tensión latente y de un conflicto que persiste, con un Gobierno incapaz de alcanzar una solución política duradera. Así han comentado en las últimas horas dos destacados obispos indonesios el asesinato, el pasado 2 de julio, del capitán Nicholas Francis Goselin, más conocido como Mark, y el incendio de la aeronave perteneciente a la organización benéfica cristiana Associated Mission Aviation (AMA). Al parecer, el ataque fue perpetrado por grupos armados separatistas papúes acuartelados en Balinggalinggama, en la regencia de Yahukimo, en las tierras altas de esta remota región situada en la parte oriental del archipiélago indonesio.
Monseñor Petrus Canisius Mandagi, arzobispo de Merauke (provincia de Papúa del Sur), recuerda el servicio «esencial» prestado por la asociación cristiana y por un piloto que dedicó su vida a ayudar a la población local. «El avión Ama, propiedad de las cinco diócesis de Papúa —subraya el prelado—, fue incendiado por el KKB [Ejército de Liberación Nacional de Papúa Occidental]. Y lo que es aún más desgarrador, el piloto fue asesinado. Vino a servir al pueblo de Papúa a través de su trabajo como piloto. Condenamos firmemente este acto brutal». Junto con decenas de sacerdotes, religiosas y laicos, monseñor Mandagi ha subrayado que Papúa necesita paz, más que una violencia que no deja de prolongar el sufrimiento de su pueblo. El prelado también ha invitado a los católicos a rezar por el difunto capitán Goselin y su familia, pidiendo que se les conceda fuerza y consuelo ante esta pérdida.
Actividad de riesgo
El obispo indígena papú —natural de Jayapura— y miembro de la comisión de Associated Mission Aviation (AMA), monseñor Yanuarius Theofilus Matopai Tu, ha expresado preocupaciones similares. El obispo ha subrayado que el ataque ha supuesto una dolorosa tragedia para la Iglesia católica, para la propia AMA y para las comunidades que dependen de los vuelos humanitarios en las zonas del interior y remotas de Papúa. Mons. Yanuarius hizo estas declaraciones mientras recibía los restos mortales de Goselin en la base aérea de Sentani, en Jayapura, el pasado 3 de julio. El prelado subrayó además que se trataba del primer ataque violento y deliberado contra la AMA en sus 67 años de servicio.
«Durante décadas, nos hemos enfrentado a riesgos derivados de las condiciones meteorológicas y a problemas técnicos. Sin embargo —observó el obispo—, un acto criminal que implica el incendio de un avión y el asesinato de un piloto es extremadamente difícil de aceptar. Es un acto bárbaro e inhumano». Desde su fundación, Ama se ha centrado en los servicios humanitarios por vía aérea, transportando pasajeros, suministros médicos, alimentos, material educativo y otros bienes esenciales a zonas aisladas a las que no se puede acceder fácilmente por tierra. La organización también apoya las actividades pastorales de la Iglesia católica, los programas sanitarios, los servicios educativos y las misiones sociales en toda Papúa.
Una gran pérdida
Monseñor Yanuarius rechazó posteriormente las acusaciones que circulan en las redes sociales según las cuales los aviones de Ama se utilizaban para transportar personal militar indonesio (TNI), agentes de policía, miembros del Ejército de Liberación Nacional de Papúa Occidental (TPN-PB) o munición. El prelado declaró además que los vuelos se dedican exclusivamente a fines humanitarios y no están relacionados con intereses políticos ni operaciones militares, y aclaró que Ama sigue estrictos procedimientos de vuelo y rechaza las solicitudes relacionadas con actividades militares.
Según el obispo, las operaciones de AMA se han financiado durante mucho tiempo a través de programas de aviación pioneros del Gobierno; los vuelos a Balinggalinggama se realizaban regularmente una vez a la semana, y la organización nunca había recibido amenazas. Además, el avión destruido en el ataque se había adquirido gracias a donaciones de miembros de la Iglesia e instituciones católicas. Por lo tanto, el incidente no solo ha provocado pérdidas económicas, sino que también ha interrumpido los servicios humanitarios que han prestado apoyo a las comunidades remotas de Papúa durante décadas.
El director de AMA, Bob Kayadu, también expresó su profundo dolor por la muerte del capitán Goselin, el primer piloto «asesinado deliberadamente» en más de 60 años de actividad. «Los accidentes aéreos pueden ocurrir, pero incendiar una aeronave y matar a su piloto es absolutamente inhumano. Esto supone una herida muy profunda para todos nosotros». Kayadu rechazó posteriormente las afirmaciones según las cuales Ama habría apoyado operaciones militares, subrayando que la organización nunca ha transportado equipo ni armas militares. Todos los vuelos se registran mediante manifiestos oficiales y la organización mantiene su compromiso de prestar servicio a las comunidades sin discriminación alguna.
Actualmente, Ama cuenta con unos 16 pilotos que prestan servicio en zonas remotas de toda Papúa. Los vuelos a Balingga se operan desde 2023, con servicios semanales regulares. El capitán Goselin había prestado servicio como piloto de misión en Papúa durante casi tres años antes de su muerte. Fue asesinado poco después de aterrizar en una pista de Yahukimo en la mañana del 2 de julio. El avión, un Pilatus, que él pilotaba fue atacado por asaltantes armados y posteriormente incendiado. Ocho pasajeros indígenas papúes sobrevivieron al asalto.
En el punto de mira internacional
El grupo que reivindicó el ataque afirmó que el avión había entrado en lo que describieron como una «zona de guerra» y acusó a los vuelos de Ama de haber prestado apoyo a las fuerzas de seguridad indonesias. Los rebeldes papúes añadieron que el ataque tenía como objetivo llamar la atención internacional sobre sus reivindicaciones políticas en favor de la independencia de Papúa y fomentar el proceso de diálogo en el que participan Indonesia, los Países Bajos, Estados Unidos y otras partes.
El asesinato de un ciudadano estadounidense atrajo inmediatamente la atención de la comunidad aeronáutica internacional y de Estados Unidos, lo que también suscitó preocupación en la Iglesia. De hecho, Ama es propiedad de cinco diócesis católicas de Papúa: Jayapura, Timika, Merauke, Manokwari-Sorong y Agats. Además de Ama, esta remota región también cuenta con los servicios de la Mission Aviation Fellowship (MAF), una organización misionera cristiana protestante dedicada al transporte aéreo. Ambos grupos han desempeñado un papel importante a la hora de conectar por vía aérea a comunidades aisladas, proporcionando transporte y logística a zonas con acceso limitado por carretera.
De hecho, para muchas personas que viven en el interior, los servicios de aviación misionera son esenciales, aunque el ataque de Yahukimo no ha sido el primer incidente violento que ha afectado a la aviación: en febrero de 2026, unos hombres armados asesinaron al piloto de Smart Air, Egon Irawan, y al copiloto Baskoro después de que su avión aterrizara en la pista de Koroway Batu, en la regencia de Boven Digoel. Trece pasajeros sobrevivieron y huyeron al bosque. Los líderes de la Iglesia católica y los responsables de la AMA esperan que la tragedia de Yahukimo marque un punto de inflexión para poner fin a la violencia, fomentando el diálogo y garantizando que los servicios de aviación humanitaria puedan seguir llegando a las comunidades de las zonas más remotas de Papúa.
14/11/2024 09:47
