18/01/2018, 18.55
VATICANO - CHILE
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Papa en Chile: Esta tierra abrazada por el desierto más árido, sabe vestirse de fiesta

En la misa conclusiva de su visita a Chile, en el Campus Lobito de Iquique, el Papa Francisco ruega por “la integración de los pueblos” en una zona de emigrantes y de inmigrantes. La invitación a ser como los “servidores” de Caná: ellos también participan en el milagro”, ocupándose del cuidado de los pobres y de quien tiene una vida “aguada”. La coronación de la imagen de la Virgen del Carmen (“Virgen de la Tirana”), Patrona de Chile. El regalo del báculo y de una cruz hecha de cristales de sal.  

Iquique (AsiaNews) – “Esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta”: de esta manera, el Papa Francisco saludó a la población de Iquique, en el Campus Lobito, una llanura inmensa que limita, de un lado con áridas montañas, y del otro, con el océano. El altar, con el océano a sus espaldas, estuvo adornado con estatuas de colores estridentes y con flores multicolores, y por la estatua de la “Virgen de la Tirana”, que fue trasladada desde un santuario cercano hasta el lugar de la misa. La eucaristía que el Papa celebró fue la última de su viaje a Chile y estuvo dedicada a “Nuestra Señora del Carmen”, Madre y Reina de Chile y fue ofrecida por “la integración de los pueblos”.

La región de Iquique es desértica porque tiene las precipitaciones más bajas del mundo, incluso más bajas que el desierto del Sahara. Pero, como ha dicho el obispo local, Mons. Guillermo Patricio Vera Soto, es “un desierto lleno de vida”. Y su población es rica en tradiciones festivas, que el Papa Francisco exalta como signo de la alegría del Evangelio. “Vengo – dijo - como peregrino a celebrar con ustedes esta manera hermosa de vivir la fe. Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos —que se prolongan hasta por una semana—, su música, sus vestidos hacen de esta zona un santuario de piedad popular. Porque no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que logran vestir a todo el poblado de fiesta.”.

Partiendo del evangelio leído en la misa, el de las Bodas de Caná (Juan 2, 1-11), el pontífice subrayó el peligro de que toda fiesta termine “aguada” por la falta de vino, pero también por “la acción de María, para que prevalezca la alegría”.

 “María – continuó - anda por nuestros poblados, calles, plazas, casas, hospitales. María es la Virgen de la Tirana; la Virgen Ayquina en Calama; la Virgen de las Peñas en Arica, que anda por todos nuestros entuertos familiares, esos que parecen ahogarnos el corazón para acercarse al oído de Jesús y decirle: mira, «no tienen vino». Y luego no se queda callada, se acerca a los que servían en la fiesta y les dice: «Hagan todo lo que Él les diga» (Jn 2,5). María, mujer de pocas palabras, pero bien concretas, también se acerca a cada uno de nosotros a decirnos tan sólo: «Hagan todo lo que Él les diga». Y de este modo se desata el primer milagro de Jesús: hacer sentir a sus amigos que ellos también son parte del milagro. Porque Cristo «vino a este mundo no para hacer una obra solo, sino con nosotros, con todos nosotros, para ser la cabeza de un gran cuerpo cuyas células vivas, libres y activas, somos nosotros»”.

El Papa ha recordado que en la lengua local, Iquique significa “tierra de sueños”, y trae a la memoria que la gente emigró “acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique [con sus minas de cobre, y con una zona de libre mercado–ndr] es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida”.

“Busquemos que [esta tierra] siga siendo, también, tierra de hospitalidad –pidió el pontífice-.  Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16, 31)”.

“Como María en Caná, busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y  reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir: «no tienen vino». El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos con fe: no tienen vino”.

“Y dejemos a Jesús que termine el milagro, transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio nuestro. Alegría y fiesta contagiosa que nos lleva a no dejar a nadie fuera del anuncio de esta Buena Nueva”.

Luego de la homilía, Francisco procedió a coronar la estatua de la “Virgen de la Tirana” en medio de cantos y danzas de algunos grupos.

Al término de la eucaristía, antes de partir hacia Perú, el Papa dirigió su saludo a los fieles y a Chile, el cual define como “una patria que halla su belleza en el rostro multiforme de sus pueblos”. El obispo le regaló un báculo esmaltado, realizado por un artesano local, y una cruz compuesta de cristales de sal. El Papa agradeció ambos y concluyó: “Qué más puedo desearles sino terminar mi visita diciendo al Señor: Mira la fe de este pueblo y dónales unidad y paz. Les agradezco y les pido que no se olviden de rezar por mí”.

Durante la misa se difundió la noticia de que durante el viaje desde Santiago de Chile a Iquique, el pontífice había celebrado el matrimonio entre el auxiliar de vuelo Carlos Ciuffati y la azafata Paula Podest (foto 2).

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