16/06/2021, 13.07
VATICANO
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Papa: Jesús rezó por mí, por cada uno de nosotros, y sigue haciéndolo

La oración sacerdotal de Jesús fue el tema de la catequesis en la audiencia general dedicada a la oración. “Incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos, nunca estamos solos”. “Esto me parece lo más hermoso que debemos recordar, al cerrar este ciclo de catequesis dedicado al tema de la oración”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Jesús oró por cada uno de nosotros y sigue haciéndolo. En la audiencia general de hoy, la última dedicada al largo ciclo sobre la oración, el Papa Francisco habló sobre "La oración sacerdotal de Jesús". Hoy también se realizó el encuentro en el patio de San Dámaso y durante casi media hora Francisco caminó entre los presentes, entre los que había un ruidoso grupo de religiosas salesianas, dos novias vestidas de blanco y numerosos sacerdotes y seminaristas. Bendijo rosarios, imágenes y algunas estatuillas, firmó infinidad de libros, pergaminos y fotografías, intercambió bromas y solideos y posó para algunas selfies. También recibió una bufanda de un suizo. Y detrás de los presentes había una gran pancarta con la imagen del Papa bendiciendo.

En su catequesis, Francisco subrayó que "la oración de Jesús es intensa, es única y se convierte en el modelo de toda oración". “Los Evangelios - señaló - dan testimonio de que la oración de Jesús se hizo mucho más intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte. Estos son los hechos culminantes que constituyen el núcleo central de la predicación cristiana: esas últimas horas que vivió Jesús en Jerusalén son el corazón del Evangelio, no solo porque los evangelistas reservan, en proporción, un espacio mayor a esta narración, sino también porque la muerte y resurrección son como un relámpago que ilumina todo el resto de la vida de Jesús”.

“Jesús no era un filántropo que se hizo cargo del sufrimiento y las enfermedades humanas, era y es mucho más. En Él no solo hay bondad, hay mucho más: hay salvación, y no una salvación episódica - la que me salva de una enfermedad o de un momento de desaliento - sino la salvación total, la mesiánica, la que nos permite esperar en la victoria definitiva de la vida sobre la muerte”.

“En los días de su última Pascua, encontramos a Jesús plenamente inmerso en la oración. Él reza de una manera dramática en el huerto de Getsemaní, cuando está sufriendo una angustia mortal. Pero precisamente en ese momento Jesús se dirige a Dios llamándolo 'Abbà', Papá (cf. Mc 14, 36). Esa palabra aramea - la lengua que hablaba Jesús - expresa intimidad, expresa confianza. Precisamente cuando siente que lo envuelven las tinieblas, Jesús las atraviesa con esa pequeña palabra: ‘Abbà’, Papá. Jesús también reza en la cruz, oscuramente envuelto por el silencio de Dios. Y sin embargo, de sus labios vuelve a brotar la palabra ‘Padre’. Es la oración más intensa, porque en la cruz Jesús es el intercesor absoluto: reza por los demás, reza por todos, incluso por aquellos que lo condenan, sin que nadie, salvo un pobre criminal, se ponga de su lado. Todos estaban contra Él o eran indiferentes”.

"Jesús oró por todos, ha rezado también por mí", siguió diciendo Francisco de manera espontánea: "Todos pueden decir: 'Jesús, en la cruz, ha orado por mí'". “Jesús reza por todos nosotros, como si quisiera decirle a cada uno: 'Yo he rezado por ti, en la Última Cena y en el madero de la Cruz'. Hasta en el más doloroso de nuestros sufrimientos, nunca estamos solos”. "Esto me parece que es lo más hermoso que debemos recordar, al concluir este ciclo de catequesis dedicado al tema de la oración". “La gracia de que nosotros no solamente rezamos sino que, por así decirlo, ya hemos sido ‘rezados’, ya hemos sido acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en la comunión del Espíritu Santo. Cada uno puede poner esto en su corazón, no hay que olvidarlo, ni siquiera en los peores momentos. Ya hemos sido acogidos, hemos sido amados en Cristo Jesús, y también en la hora de la pasión, muerte y resurrección todo fue ofrecido por nosotros”. “Entonces en la oración, y también en la vida - concluyó - sólo debemos tener valor, tener esperanza, y con este valor y esta esperanza sentir con fuerza la oración de Jesús para seguir adelante. Que nuestra vida sea dar gloria a Dios con la conciencia de que Jesús reza por mí”.

“La oración - dijo después en el saludo a los polacos- es una necesidad vital, porque es el aliento del alma; todo en la vida es fruto de ella. Como es la oración, así es la vida: el estado de nuestra alma y nuestras obras. Que el diálogo personal e íntimo con Cristo los ayude a estar siempre cerca de Dios, a encontrar la respuesta a todas sus preguntas y a los problemas que los aquejan”.

Al final del encuentro, cuando saludó a los fieles italianos, Francisco les deseó "que el verano sea un tiempo de serenidad y una hermosa oportunidad para contemplar a Dios en la obra maestra de su creación".

 

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