28/03/2021, 13.48
VATICANO
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Papa: Levantemos nuestra mirada hacia la cruz para recibir la gracia del estupor

Al comenzar los ritos de la Semana Santa, el Papa Francisco celebró el Domingo de Ramos y la Pasión del Señor en el altar de la cátedra. “Admirar a Jesús no es suficiente. Hay que seguirlo en su camino”. "Sorprende ver al Omnipotente reducido a nada. Verlo a Él la Palabra que todo lo sabe, enseñarnos en silencio desde la cátedra de la cruz”. “Amamos a Jesús. Porque Él está en los últimos, en los rechazados, en aquellos que nuestra cultura farisaica condena”. El centurión es "el icono del estupor".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Levantemos nuestra mirada hacia la cruz para recibir la gracia del estupor", es la invitación que el Papa Francisco dirigió hoy a los fieles en la misa del Domingo de Ramos y la Pasión del Señor que inaugura los ritos de Semana Santa.

Debido a las restricciones por el Covid, la celebración litúrgica tuvo lugar en la basílica frente al altar de la cátedra, en presencia de pocos cientos de fieles.

El tema del "estupor" recorrió toda la homilía del pontífice, quien propuso que esta actitud interior  "nos acompañe toda la Semana Santa".

El estupor no es lo mismo que la admiración que el pueblo de Jerusalén le demostró a Jesús cuando entró en la ciudad santa montado en un asno: "Ellos admiraban a Jesús, pero no estaban dispuestos a dejarse sorprender por Él. El estupor no es  lo mismo que la simple admiración". La admiración puede ser mundana, porque responde a los gustos y expectativas de cada uno; el asombro, en cambio, permanece abierto al otro, a su novedad ... Porque no basta con admirar a Jesús. Hay que seguirlo en su camino, dejarse cuestionar por Él: pasar de la admiración al estupor. ¿Y qué es lo que más sorprende del Señor y su Pascua? El hecho de que Él llegue a la gloria por el camino de la humillación".

"Sorprende ver al Omnipotente reducido a nada. Verlo a Él la Palabra que todo lo sabe, enseñarnos en silencio desde la cátedra de la cruz. Ver al rey de reyes que tiene por trono un patíbulo. Ver al Dios del universo despojado de todo. Verlo coronado de espinas y no de gloria. Verlo a Él, la bondad en persona, que es insultado y pisoteado. ¿Por qué toda esa humillación? Señor, ¿por qué  dejaste que te hicieran todo eso?

Lo hizo por nosotros, para tocar lo más íntimo de nuestra realidad humana, para experimentar toda nuestra existencia, toda nuestro mal. Para acercarse a nosotros y no dejarnos solos en el dolor y en la muerte. Para recuperarnos, para salvarnos. Jesús subió a la cruz para descender a nuestro sufrimiento. Probó nuestros peores estados de ánimo: el fracaso, el rechazo de todos, la traición de los que lo aman y hasta  el abandono de Dios. Experimentó en su propia carne nuestras contradicciones más dolorosas, y de esa manera las redimió, las transformó. Su amor se acerca a nuestra fragilidad, llega hasta donde nosotros sentimos más vergüenza. Y ahora sabemos que no estamos solos. Dios está con nosotros en cada herida, en cada miedo. Ningún mal, ningún pecado tiene la última palabra. Dios vence, pero la palma de la victoria pasa por el madero de la cruz. Por eso las palmas y la cruz están juntas.

“En esta Semana Santa, levantemos nuestra mirada hacia la cruz para recibir la gracia del estupor… Volvamos a comenzar desde el asombro; miremos al Crucificado y digámosle: ‘Señor, ¡cuánto me amas, qué valioso soy para Ti!'... Y con la gracia del estupor entendemos que, acogiendo a quien es descartado, acercándonos a quien es humillado por la vida, amamos a Jesús. Porque Él está en los últimos, en los rechazados, en aquellos que nuestra cultura farisaica condena".

En la conclusión, el Papa Francisco señaló al centurión del relato de la Pasión como "el ícono del estupor": "Lo había visto morir amando, y eso fue lo que lo impresionó. Sufría, estaba agotado, pero seguía amando. Esto es el estupor ante Dios, quien sabe llenar de amor incluso el momento de la muerte. En este amor gratuito y sin precedentes, el centurión, un pagano, encuentra a Dios”.

Ante la cruz ya no hay lugar para la admiración mundana: "Ante la cruz ya no hay lugar para malas interpretaciones. Dios se ha revelado y reina sólo con la fuerza desarmada y desarmante del amor. Hermanos y hermanas, hoy Dios sigue sorprendiendo nuestra mente y nuestro corazón. Dejemos que este estupor nos invada, miremos al Crucificado y digámosle también nosotros: ‘Realmente eres el Hijo de Dios. Tú eres mi Dios’".

 

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