28/02/2024, 15.10
VATICANO
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Papa: las minas antipersona siguen matando

El llamamiento del Papa Francisco, 25 años después de la entrada en vigor del Tratado de Ottawa que las prohibió. En el Sínodo de los católicos armenios habló sobre la atención a los refugiados de Nagorno-Karabach. En la catequesis, se refirió a los pecados capitales de la envidia y la vanagloria.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- El Papa Francisco volvió a denunciar hoy al final de la audiencia general del miércoles que las minas antipersona son "artefactos perversos" que "siguen golpeando a civiles inocentes, sobre todo niños, incluso muchos años después del fin de las hostilidades". Recordó que el 1 de marzo se cumplirán 25 años de la entrada en vigor del Tratado de Ottawa que prohibió estas armas. Al acuerdo internacional adhieren 164 países del mundo, pero no las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia, China e India.

“Expreso mi cercanía a las numerosas víctimas de estos artefactos perversos – dijo Francisco – que nos recuerdan la dramática crueldad de las guerras y el precio que las poblaciones civiles se ven obligadas a pagar. A este respecto, doy las gracias a todos aquellos que contribuyen a ayudar a las víctimas y a desminar las zonas contaminadas. Su trabajo es una respuesta concreta a la llamada universal a ser operadores de paz cuidando a nuestros hermanos y hermanas".

Pidió una vez más que no se olvide "a los pueblos que sufren a causa de la guerra: Ucrania, Palestina, Israel y tantos otros". "Rezamos también por las víctimas de los recientes ataques a lugares de culto en Burkina Faso - añadió - así como por la población de Haití, donde continúan los crímenes y los secuestros por parte de bandas armadas". Poco antes se había reunido con los miembros del Sínodo del Patriarcado de los Armenios de Cilicia, encabezados por el Patriarca católico armenio, y recordó a todas las personas que han tenido que huir de Nagorno-Karabaj para buscar refugio. “Tantas guerras, tanto sufrimiento – comentó -. La Primera Guerra Mundial iba a ser la última y los Estados se constituyeron en la Sociedad de Naciones, el primer paso hacia las Naciones Unidas, pensando que esto era suficiente para preservar el don de la paz. Sin embargo, desde entonces, cuántos conflictos y masacres, siempre trágicos y siempre inútiles. Muchas veces he suplicado: “¡Basta!”. Hagamos todos eco del grito de paz, para que toque los corazones, incluso aquellos insensibles al sufrimiento de los pobres y los humildes. Y sobre todo oremos. Yo lo hago por ustedes y por Armenia".

En el Aula Pablo VI resultó evidente que el Papa Francisco todavía tiene dificultad para hablar debido al síndrome gripal, por lo que encomendó la lectura del texto de la catequesis a Mons. Filippo Ciampanelli de la Secretaría de Estado. Continuó allí con su reflexión sobre los vicios y las virtudes, y hoy se refirió a los dos pecados capitales que la tradición espiritual llama endivia y vanagloria.

El origen de la envidia - observó el Papa - "es una relación de odio y amor: queremos el mal del otro, pero en secreto queremos ser como él. El otro es la manifestación de lo que nos gustaría ser y que en realidad no somos. Su suerte nos parece una injusticia: seguramente - pensamos - nosotros merecemos mucho más sus éxitos o su buena suerte". Pero detrás de este vicio hay "una idea falsa de Dios: no se acepta que Dios tenga sus propias 'matemáticas', diferentes de las nuestras". Quisiéramos imponer a Dios nuestra lógica egoísta, pero la lógica de Dios es el amor. Los bienes que Él nos da están destinados a ser compartidos".

Relacionada con la envidia, está la vanagloria, "estos dos vicios son característicos de una persona que quisiera ser el centro del mundo, libre de explotar todo y a todos, el objeto de toda alabanza y amor". El que se vanagloria “carece de empatía y no se da cuenta de que hay otras personas en el mundo además de él. Sus relaciones son siempre instrumentales, marcadas por la prepotencia hacia el otro. Su persona, sus logros, sus éxitos, deben ser mostrados a todo el mundo: es un perpetuo mendigo de atención. Y si a veces no se reconocen sus cualidades, se enfada ferozmente. Los demás son injustos, no comprenden, no están a la altura".

¿Cómo curarnos de este mal? El pontífice observó que los maestros espirituales no sugieren muchos remedios, porque al final los mismos elogios que el vanidoso esperaba cosechar en el mundo pronto se volverán contra él. “¡Cuántas personas, engañadas por una falsa imagen de sí mismas, cayeron más tarde en pecados de los que pronto se avergonzarían!”, comentó Francisco. La instrucción más hermosa - concluyó así el Pontífice - sigue siendo el testimonio de san Pablo, que tres veces pidió al Señor que lo librara de aquel tormento, pero al final Jesús le respondió: "Te basta mi gracia". Y habiendo comprendido que la fuerza se manifiesta plenamente en la debilidad, en la Segunda Carta a los Corintios dice: "Por tanto, de buena gana me gloriaré en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo" (2 Cor 12,9).

 

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