03/05/2019, 17.13
VATICANO
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Papa: un modelo económico ‘voraz’ causa las ‘precarias condiciones de nuestra casa común’

Al recibir a los participantes del encuentro sobre “La industria minera por el bien común”, Francisco dijo que “Las potencias económicas siguen justificando el actual sistema mundial, en el que prevalecen la especulación y la búsqueda de ingresos financieros, que tiende a ignorar todos los contextos y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “La ilusión de un crecimiento económico ilimitado”, fruto de un modelo económico “voraz”, es la causa de las “precarias condiciones de nuestra casa común” y también es responsable de la explotación de los recursos naturales sin ser capaces de conservarlos para las generaciones futuras. Es la nueva denuncia lanzada por el Papa Francisco, contra un sistema económico en el cual prevalece la especulación y que no se preocupa por las personas.

La ocasión para estas nueva intervención de Francisco fue la audiencia de hoy con los participantes del encuentro sobre “La industria minera por el bien común”, organizado por el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, en el cual participaron representantes de las compañías mineras, de la comunidades locales, y de Iglesias y comunidades de creyentes de todo el mundo.

Ante todo, el Papa manifestó su aprecio por un encuentro en el cual se ven sentados a la misma mesa, “representantes de las comunidades afectadas por la actividades mineras y responsables de las compañías mineras”.

“Las precarias condiciones de nuestra casa común -dijo luego-  se deben principalmente a un modelo económico que ha sido seguido por demasiado tiempo. Es un modelo voraz, orientado a la ganancia, con un horizonte limitado y basado en la ilusión de un crecimiento económico ilimitado. Aunque a menudo vemos su impacto desastroso en el mundo natural y en la vida de las personas, todavía nos resistimos al cambio . «Las potencias económicas siguen justificando el actual sistema mundial, en el que prevalecen la especulación y la búsqueda de ingresos financieros, que tiende a ignorar todos los contextos y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente» (ibid., 56)”.

De ello deriva, ante todo, que “la minería, como cualquier actividad económica, tendría que estar al servicio de  toda la comunidad humana". Por tanto, es importante, que en cada etapa de los proyectos de actividad minera “se haga partícipe” de manera privilegiada, a las comunidades locales, con sus “perspectivas” y sus “soluciones”. “A la luz del inminente Sínodo de Amazonia, quisiera subrayar que «e indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales». No son una simple minoría entre otras, sino que sobre todo deben convertirse en los principales interlocutores, fundamentalmente desde el momento en que se va adelante con grandes proyectos que afectan sus espacios» (ibid., 146). “Estas comunidades vulnerables tienen mucho que enseñarnos. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino un don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores (…) Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura» (ibid.). Exhorto a todos a respetar los derechos humanos fundamentales y la voz de las personas de estas bellas, pero frágiles, comunidades”.

“La atención a la protección y el bienestar de las personas involucradas en las operaciones mineras, así como el respeto por los derechos humanos fundamentales de los miembros de las comunidades locales y de aquellos que defienden sus causas, no son principios negociables. Con la sola Responsabilidad Social de Empresa no es suficiente, Debemos asegurar que las actividades mineras conduzcan al desarrollo humano integral de cada una y de todas las personas, así como de la comunidad entera”.

Finalmente, Francisco reiteró cuanto se afirma en Laudato si, que el “sistema industrial, al final del ciclo de producción y consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar los residuos y desechos. Aún no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción, que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que requiere de limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia de la explotación, reutilizar y reciclar”. Y concluyó diciendo: “Estoy muy en sintonía con el Consumo sostenible y los Modelos de producción promovidos en el 12mo Objetivo de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. Además, las tradiciones religiosas siempre han presentado la sobriedad como un componente clave de un estilo de vida ético y responsable. La sobriedad es vital incluso para salvar nuestra casa común. «Bienaventurados los mansos, pues ellos tendrán como herencia la tierra» (Mt 5,5)”

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