Pasadas las elecciones en Myanmar nuevas bombas “de precisión” golpean a los civiles
En las últimas semanas la campaña militar de la junta birmana ha continuado con incursiones en aldeas, mercados y monasterios, e incluso mediante vigilancia digital. Los militares reivindican el uso de armas “de precisión”, pero médicos y testigos denuncian un aumento de la letalidad. Min Aung Hlaing ha visitado las zonas de conflicto en Sagaing y se teme una nueva escalada.
Rangún (AsiaNews) – Cualquier expectativa de que las recientes elecciones en Myanmar organizadas por la junta militar pudieran reducir la violencia se ha desvanecido rápidamente. Por el contrario, el comienzo de 2026 ha intensificado la campaña de bombardeos aéreos del régimen, lo que para la población civil se ha traducido en más muertes, en la misma línea de lo que ya ocurrió durante la campaña electoral.
Según datos de las Naciones Unidas publicados a finales de enero, durante los dos meses de votaciones se realizaron más de 400 ataques aéreos, que dejaron más de 170 civiles muertos. Tras el cierre de las urnas, los ataques tampoco se detuvieron.
El 13 de febrero la junta bombardeó los distritos de Mrauk-U y Kyauktaw, en el Estado birmano occidental de Rakhine, y dejó al menos siete muertos entre los civiles. En Kyauktaw una bomba destruyó varias viviendas y mató a dos niños mientras las familias estaban preparando la comida. El ejército declaró que había atacado un “refugio terrorista” con municiones de precisión.
El 14 de febrero un ataque con drones cerca de Thabeikkyin dejó cuatro muertos, entre ellos una adolescente de 14 años que trabajaba en los campos de su familia. Los comunicados oficiales hablaron únicamente de “infraestructuras rebeldes”.
El 9 de febrero, en la región de Sagaing, los militares destruyeron un edificio alegando que se trataba de un “centro de mando” de las Fuerzas de Defensa del Pueblo (PDF), los grupos armados que desde el golpe de Estado de febrero de 2021 luchan contra el ejército birmano. Sin embargo, según testimonios locales se trataba de una oficina administrativa de la aldea donde se habían alojado familias desplazadas. También en este caso se reportaron víctimas civiles, entre ellas una madre de 34 años y sus dos hijas.
Según los líderes de las organizaciones étnicas armadas que integran la resistencia, en los últimos 15 meses los jets militares han bombardeado más de mil emplazamientos civiles. En enero un ataque aéreo en el distrito de Bhamo mató a 28 civiles, entre ellos ocho niños. Los sobrevivientes informaron que se trataba de una ceremonia fúnebre, mientras que el ejército reivindicó la presencia de combatientes de la oposición.
Mercados y monasterios siguen siendo atacados. El 7 de febrero un dron alcanzó un mercado matutino en la región de Sagaing y mató a seis personas que estaban comprando, mientras que el 11 de febrero un bombardeo en el Estado Kayah dañó una escuela monástica donde se alojaban desplazados, mató a dos profesores e hirió a 12 niños.
Estos ataques han sido posibles gracias a las nuevas armas “de precisión”. Según algunos trabajadores de la salud locales, las nuevas municiones tienen efectivamente un radio de explosión más limitado, pero son más letales. “Si te encuentras en el radio de detonación, no sobrevives”, explicó un médico de una clínica móvil en el Estado Shan. “La tecnología limita el nivel de destrucción general, pero no perdona a los civiles que se encuentran en el lugar que se toma como objetivo”.
La población civil denuncia que la situación se agrava con la incorporación de los sistemas de vigilancia. Según algunos testimonios, analizan los teléfonos de activistas y opositores políticos arrestados para extraer datos y mapear redes de contactos, y después bombardean las casas y las aldeas vinculadas con la persona arrestada. Un informe del 6 de febrero de la organización CIVICUS, por ejemplo, ha documentado que las “leyes de protección electoral” se han utilizado para arrestar a más de 330 personas acusadas de compartir críticas en línea o participar en actividades anti-electorales. “Lo llaman guerra de precisión”, comentó un monje desplazado que coordina la ayuda humanitaria. “Pero para nosotros es crueldad de precisión”.
La resistencia también ha aumentado el uso de pequeños drones FPV (pilotados a través de un visor) contra objetivos militares. El 12 de febrero una serie de ataques coordinados golpeó el aeropuerto de Myitkyina. En respuesta, el ejército bombardeó aldeas cercanas durante dos días, y mató a 11 civiles en tres comunidades. De esa manera , las personas que viven cerca de infraestructuras estratégicas se han convertido en un objetivo indirecto de los bombardeos de la junta: “No teníamos nada que ver con el aeropuerto”, declaró un sobreviviente que perdió a varios miembros de su familia. “Pero vivíamos cerca. Eso fue suficiente”.
La junta también está atacando con drones los campamentos de la resistencia, lo que vuelve aún más confusos los límites del frente y aumenta los riesgos para las aldeas circundantes. En los campamentos para desplazados que se encuentran a lo largo de las zonas fronterizas, las personas lamentan que el progreso tecnológico ha aumentado tanto las capacidades de la resistencia como la letalidad del ejército. Pero la precisión, dicen, no es justicia. Una bomba que destruye una sola casa en vez de un barrio entero sigue matando a la familia que vive en ella.
Después de reivindicar la victoria en las elecciones, el presidente de la junta, el general Min Aung Hlaing, parece decidido a perseguir una solución militar independientemente del costo humano. Ignorando los festejos del Año Nuevo Lunar en Rangún, el domingo 15 de febrero llegó a Homalin, en la zona del norte del Estado Shan que sigue asediada por los grupos armados de la resistencia. Aquí se reunió con funcionarios de distrito y residentes locales antes de dirigirse a las tropas del Comando Noroccidental para alentar a los soldados a utilizar en todo su potencial las “armas y tecnologías modernas” que les suministra el ejército.
La semana pasada las fuerzas del régimen reconquistaron la ciudad de Banmauk, que se encuentra en la frontera con el Estado de Kachin y, según algunos analistas locales, la visita de Min Aung Hlaing busca poner en evidencia que el ejército todavía mantiene posiciones en algunas zonas de Sagaing, y en los próximos días podría producirse una escalada violenta de los combates precisamente en estas áreas.