18/03/2026, 16.06
CAMBOYA
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Phnom Penh cierra la fase diocesana y envía a Roma la causa de los 12 mártires de Pol Pot

de Giorgio Bernardelli

Concluyó hoy en Camboya la fase diocesana del proceso de beatificación del obispo Joseph Chhmar Salas y 11 compañeros asesinados durante el genocidio de los Jemeres Rojos. Desde 2015 se han recogido decenas de testimonios de personas que dieron fe de su fidelidad al Evangelio en tiempos de horror. Entre los candidatos hay dos religiosas y cuatro laicos. Si son reconocidos por el Vaticano, serán los primeros beatos de esta pequeña Iglesia que renació en los años noventa.

Phnom Penh (AsiaNews) - La Iglesia católica de Camboya ha vivido hoy un día muy importante de su historia: en la sede del vicariato apostólico de Phnom Penh se ha cerrado la fase diocesana del proceso de beatificación del obispo Joseph Chhmar Salas y once compañeros. Este es el primer proceso canónico de acreditación del martirio llevado a cabo por esta jovencísima Iglesia local que renació en la década de 1990 tras el genocidio perpetrado por los Jemeres Rojos. Los doce testigos de la fe —sobre quienes se recogieron las pruebas que ahora se enviarán a Roma tras un exhaustivo examen de diez años— fueron asesinados por el régimen de Pol Pot entre 1970 y 1977.

El grupo está encabezado por monseñor Joseph Chhmar Salas, primer obispo camboyano, que fue nombrado vicario apostolico de Phnom Penh en 1975, poco antes de la llegada de los Jemeres Rojos a la capital. Junto con él figuran los sacerdotes camboyanos P. Joseph Chhmar Salem (su hermano) y P. Marcel Truong Sang Samronh; el misionero de las MEP P. Pierre Rapin; el monje benedictino Charles Badré; el P. Damien Dang Ngoc An, de la orden vietnamita de la Sagrada Familia de Banam; las religiosas Hna. Jacquelin Kim Song y Hna. Lydie Nou Savan, de las Hermanas de la Providencia de Portieux; y cuatro laicos: Joseph Som Kinsan, Pierre Chhum Somchay, Joseph Thong y Joseph Ros En.

Decenas de testigos entrevistados

La ceremonia fue presidida por el vicario apostólico, monseñor Olivier Schmitthaeusler (de las Missions Étrangères de Paris), acompañado significativamente por el obispo coadjutor monseñor Pierre Suon Hangly quien, como segundo obispo en la historia de la comunidad católica de Camboya, continúa el legado de monseñor Joseph Chhmar Salas. A la audiencia de clausura del tribunal diocesano que estudió la causa asistieron unos cincuenta sacerdotes de las tres circunscripciones eclesiásticas de Camboya (Phnom Penh, Kompong Cham y Battambang) y cerca de 200 religiosos y laicos, lo que pone de manifiesto la importancia del momento para la comunidad católica local.

En su discurso, monseñor Schmitthaeusler recordó que la causa de beatificación se abrió en mayo de 2015. "En estos diez años —dijo el vicario apostólico— se ha entrevistado a decenas de testigos que vivieron la época de Pol Pot y conocieron personalmente a estas personas. Inicialmente se examinaron unas 40 personas, pero el trabajo ha permitido centrarse especialmente en 12. Con este acto - añadió - concluye la investigación diocesana y la acreditación del martirio continuará en Roma. Como todavía no hay un reconocimiento oficial, estos hermanos que se presume murieron in odium fidei todavía no pueden ser invocados públicamente, pero es posible hacerlo individualmente en la oración personal".

Mons. Salas y el P. Rapin: vidas entregadas por amor

Las historias de los 12 cristianos que la Iglesia Católica Camboyana envía al Dicasterio para las Causas de los Santos para el examen de su martirio ofrecen una visión detallada de la violencia del genocidio de Pol Pot que, según diversas estimaciones históricas, en su locura ideológica exterminó entre 1,5 y 2 millones de personas, aproximadamente un cuarto de la población de Camboya, entre 1975 y 1979. Pero también muestran el rostro luminoso de la profunda fe con la que la pequeña comunidad católica camboyana, nacida cinco siglos antes con la predicación de los primeros misioneros portugueses, afrontó la prueba de un régimen comunista que pretendía (y en muchos sentidos lo logró)  erradicarla junto con todo lo que se oponía a su ideología.

Monseñor Joseph Chhmar Salas tenía 37 años y estaba en Francia terminando sus estudios cuando, en la primavera de 1975, recibió una carta del entonces vicario apostólico de Phnom Penh, el misionero francés monseñor Yves Ramousse, quien lo invitaba a regresar urgentemente a Camboya. Él sabía que cuando entraran los Jemeres Rojos en la capital todos los extranjeros serían expulsados y era necesario dar inmediatamente un obispo camboyano a esa Iglesia. El P. Salas fue ordenado tres días antes de la toma de Phnom Penh y enviado a la aldea de Tangkok, en la provincia de Kompong Cham, para protegerlo. Logró permanecer allí durante un tiempo con algunos cristianos y su familia, entre ellos su hermana Pracot, que sobrevivió al genocidio y fue una valiosa testigo de lo ocurrido (en la foto superior hoy con monseñor Schmitthaeusler, ndr), su hermano menor Salem, también sacerdote, y el P. Chamroeun.

Monseñor Salas se ofreció luego como voluntario para realizar trabajos forzados con la esperanza de poder llegar de esa  manera hasta los cristianos dispersos por todo el país. Debilitado, murió en 1977 debido a las privaciones y enfermedades en una pagoda convertida en hospital. Su hermana relató que celebraba Misas a escondidas en la choza de paja que les habían asignado, usando su cama como altar, mientras en el exterior algunos cristianos, fingían trabajar en el arrozal y daban la alarma con señales en código si se acercaban los Jemeres Rojos. La cruz pectoral del obispo Salas, conservada por su madre en un gallinero, fue entregada en 2001 al entonces vicario apostólico de Phnom Penh, monseñor Emile Detombes, y es una valiosa reliquia para la Iglesia camboyana.

Tres años antes de la caída de Phnom Penh, en 1972, había sido asesinado en la aldea cristiana de Kdol Leu el P. Pierre Rapin, misionero francés de las MEP originario de la Vendée. Desde 1970 los Jemeres Rojos habían tomado el control de su zona tras el golpe de Estado del general Lon Nol. Sabía bien el riesgo que corría si se quedaba en la aldea, pero escribió a un amigo sacerdote: "Los cristianos me han pedido que me quede, que se haga

 la voluntad de Dios". La noche entre el 23 y el 24 de febrero de 1972 resultó herido por un artefacto explosivo que colocaron contra la pared de su casa. Aunque no parecía que su vida corriera peligro, los Jemeres Rojos forzaron la situación para llevarlo de todos modos a su hospital; al día siguiente devolvieron su cadáver a los habitantes de la aldea. Estando ya herido, el P. Rapin le dijo a uno de sus fieles que lo auxiliaba: "Si capturan a los que quisieron matarme, perdónenlos, no les hagan ningún daño. No sirve de nada vengarse. Tengan fe en Dios".

Las historias de los cuatro laicos

Más difíciles de reconstruir, pero no menos significativas, son las historias de los cuatro laicos que figuran en la lista enviada a Roma. "Joseph Ros En —cuenta el P. Vincent Chrétienne, misionero de las MEP en Camboya y presidente de la Comisión Histórica que trabajó en la causa— era profesor en la Universidad de Phnom Penh. Fue asesinado porque alguien lo denunció precisamente por ser profesor y también cristiano. Y él lo confirmó durante los interrogatorios: 'Es verdad, lo soy', dijo. Por eso estamos prácticamente seguros de que fue asesinado in odium fidei".

"De Joseph Thong —continúa el P. Chrétienne— sabemos que era catequista, mientras que Joseph Som Kinsan era un militar que fue arrestado inmediatamente después del 17 de abril de 1975, el día en que los Jemeres Rojos entraron en Phnom Penh. Muy significativa es también la figura de Pierre Chhum Somchay; este hombre tenía doce hijos, todos fueron asesinados durante las masacres de los Jemeres Rojos. Sin embargo, bajo el régimen comunista conservó un pequeño cuaderno en el que había escrito una oración por cada uno de ellos. Finalmente, en 1977, fue asesinado también él, porque los Jemeres Rojos se dieron cuenta de que era cristiano".

 

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