13/07/2021, 12.17
CAMBOYA
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Phnom Penh: murió el padre Vendramin, primer sacerdote en regresar al país después de Pol Pot

de Giorgio Bernardelli

En 1990, las monjas de la Madre Teresa consiguieron la autorización para que el sacerdote pudiera residir con ellas para celebrar la misa. Misionero del PIME, apenas llegó al país, el P. Vendramin escribió: "Toda Camboya ha quedado reducida a un campo de trabajos forzados". Durante 30 años acompañó el renacimiento de la pequeña Iglesia local.

Phnom Penh (AsiaNews) - La Iglesia católica de Camboya está de luto por la desaparición de quien fuera su pionero tras los años de Pol Pot. Toni Vendramin, un misionero italiano del PIME, retornó a Camboya en 1990. Fue el primer sacerdote en volver al país tras los años de terror, y falleció anoche a la edad de 78 años. Llevaba varias semanas internado en el Royal Phnom Penh Hospital, por un cuadro de neumonía bacteriana.

Originario de la provincia de Treviso y sacerdote desde 1969, el P. Vendramin vivió 15 años como misionero en Bangladés, antes de marcharse a Camboya, precisamente cuando el gobierno de los Jemeres Rojos comenzaba a dar las primeras señales de apertura. "Las religiosas de la Madre Teresa habían sido invitadas por el gobierno: querían regresar al país de forma permanente, pero buscaban un sacerdote que las acompañara. Habían conocido a un misionero francés, el padre Emile Destombes (futuro vicario apostólico de Phnom Penh, fallecido en 2016, ed.) quien estuvo allí dos o tres meses con un visa de colaborador. Otro misionero de Maryknoll, el padre Tom Dunleavy, también acompañó a las hermanas por un breve tiempo. No había otros sacerdotes. Las hermanas aseguraron al gobierno que volverían a Camboya, pero siempre y cuando se les garantizara “que contarían con un sacerdote que pudiera celebrar la misa para ellas”. 

El 23 de noviembre de 1990, junto con cuatro religiosas de las Misioneras de la Caridad, el P. Vendramin tomó un vuelo desde Hong Kong a Phnom Penh. "Llegamos sin visado, pero con una carta de invitación del Primer Ministro Hun Sen; en el aeropuerto no sabían qué hacer", contó el P. Toni. "Toda Camboya había quedado reducida a un campo de trabajos forzados y de exterminio de su propio pueblo, en nombre de una ideología aberrante y criminal", escribió el sacerdote a pocos días de llegar al país, en una carta dirigida a sus amigos.

El gobierno camboyano quería que las Misioneras de la Caridad abrieran un hogar para personas mutiladas por la explosión de minas terrestres. Las monjas no se sentían capaces de hacerlo. De modo que empezaron a recoger a los enfermos o a los mendigos que dormían en las calles; luego se ocuparon de los niños abandonados y de los enfermos de sida. "No había iglesias, nos encontrábamos en casas particulares para celebrar la misa", recordaba el padre Vendramin. “A finales de 1990 conseguimos recuperar un dormitorio del seminario menor: allí celebramos la primera Navidad; fue una experiencia muy fuerte". Pero todavía había muchas restricciones para desarrollar la actividad. "No podía moverme más allá de un radio de 20 kilómetros de Phnom Penh", explicaba el religioso. "Recién con la llegada de las Naciones Unidas, para las elecciones de 1993 mejoró la libertad para circular y pudimos comenzar a reorganizar la Iglesia".

En los últimos años, el P. Vendramin dirigió la parroquia de San Pedro, en la zona del aeropuerto. Mientras el gobierno lo permitía, una vez al mes iba a la prisión para visitar a los reclusos. "Venir aquí fue una experiencia muy profunda para mí", dijo el año pasado, haciendo balance de sus 30 años en Camboya. "Todo ha cambiado en Phnom Penh: donde solo había dos o tres carreteras asfaltadas hoy hay rascacielos de 40 pisos construidos por los chinos. Pero las heridas del pasado permanecen, más o menos abiertas u ocultas. En cuanto a la presencia católica, actualmente en todas las misiones se cuenta con un jardín de infantes y a veces una escuela primaria. Además de las instalaciones básicas, hay hogares para discapacitados y otras iniciativas sociales tanto a nivel diocesano como nacional. La ciudad ha crecido, y esta pequeña Iglesia nuestra también está creciendo, a pequeños pasos".

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