17/11/2022, 14.10
LINTERNAS ROJAS
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Primero fue Atenas, ahora es Beijing: ¡larga vida a la 'democracia directa' china!

de Emanuele Scimia

Para Xi Jinping, el nuevo Pericles, la verdadera democracia es la democracia “consultiva” china, en la que participa todo el pueblo. Sin embargo, el régimen se ha olvidado de consultar a todos los chinos que siguen protestando por los confinamientos contra el Covid. Pero también a los disidentes, clérigos y académicos que languidecen en prisión o pierden su trabajo por no alinearse.

 

Roma (AsiaNews)- “El proceso de toma de decisiones en China no se limita a los políticos, como en Occidente, sino que también incluye a la gente común”. La ventaja de la democracia socialista china es que, gracias a la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, se lleva a cabo "una amplia consulta [popular] para la toma de decisiones y la resolución de problemas".

Este es el tenor de los artículos que circulan a menudo en la prensa oficialista china, sobre todo después de que Xi Jinping obtuvo un histórico tercer mandato en el poder. Es un decidido elogio de la "democracia directa" china, que sus partidarios llaman "consultiva". En la antigüedad era Atenas, ahora es Beijing. Xi, el nuevo Pericles, afirma que “la democracia consiste en resolver los problemas reales de la gente”, no en promesas electorales que son un adorno decorativo.

En un editorial publicado por China Daily el 10 de noviembre se puede leer: "Los estudios académicos demuestran que las decisiones políticas que se adoptan sobre la base de consultas públicas resultan estrechamente alineadas con la opinión pública".

Tan se consulta al pueblo chino que éste sigue protestando por los continuos confinamientos impuestos según la política de "covid cero" de Xi. El caso más llamativo se produjo recientemente en la metrópoli sureña de Guangzhou (Guangdong). El mes pasado, grupos de trabajadores huyeron a pie de una planta de Foxconn (una ensambladora de iPhone) en Zhengzhou, Henan, que habían puesto en cuarentena por Covid-19. También se produjeron importantes protestas en el Tíbet, por no hablar de los ciudadanos de Shanghái, obligados en la primavera a permanecer en sus casas sin víveres durante días.

La democracia que funciona es la que resulta incapaz de llevar a cabo una campaña de vacunación eficaz contra la pandemia (para lo cual haría falta vacunas que realmente sirvan). La democracia que funciona es aquella que -en palabras de Xi- "involucra a todos, independientemente de la afiliación al Partido [Comunista Chino], a todas las organizaciones populares y grupos étnicos de todas las clases sociales".

A los disidentes no, a ellos no los involucra: el Partido Único los consultó, quizás vía web, pero ellos se opusieron a lo que se les proponía (¿imponía?) desde arriba. En vez de un escaño en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, a los "consultados" no alineados se les garantiza un lugar en la cárcel o en una residencia especial vigilada, tal vez a la espera de un juicio o veredicto durante años. O, por qué no, los despiden del trabajo.

Habría que preguntarle a Xu Zhiyong, fundador del Movimiento de los Nuevos Ciudadanos, que se encuentra en la cárcel desde hace más de dos años por criticar la gestión de la crisis pandémica que impuso Xi. O al abogado de derechos humanos Li Yuhan, que lleva más de cuatro años en la cárcel por defender a un grupo de compañeros perseguidos por la policía. O al obispo católico de Xinxiang (Henan), Mons. Joseph Zhang Weizhu, detenido ilegalmente sin condena ni cargo durante más de un año. Y también al jurista Xu Zhangrun, despedido en julio de 2021 de la Universidad de Qinghua por haber denunciadp la "tiranía" del Partido, culpable de destruir "el sistema político chino" que estaba en vías de reformarse tras la muerte de Mao Zedong.

Desgraciadamente la lista es mucho más larga, pero el Partido no consulta a los chinos si quieren o no protección contra la tiranía, un elemento insustituible en una sociedad verdaderamente democrática. El que realmente necesita los oropeles es Xi: hacer pasar un régimen policial por una "democracia diferente" resulta muy conveniente como forma de legitimación, interna e internacional. Está en buena compañía. Vladimir Putin también quiere que la gente crea que hay más de un modelo de democracia.

 

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