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RUSIA
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Siberia: Boronin, el político valiente de las montañas de Altái

de Vladimir Rozanskij

Es candidato a la Duma Estatal por el partido de la oposición Rusia Justa. "Putin vive en su empíreo, pero nosotros tenemos que ocuparnos de los problemas de la gente real". Aunque sostiene que Navalny ha cometido errores, considera que muchos de sus proyectos merecen ser apoyados.

Moscú (AsiaNews) – El alcalde de Sibirsk, un pueblo de las montañas de Altái, en Siberia, se presenta como candidato a diputado en la Duma Estatal en las próximas elecciones legislativas. Oleg Boronin se presentará en la lista de Rusia Justa, un partido opositor moderado cuyo principal objetivo político consiste en combatir la corrupción.

"Putin vive en su empíreo, pero nosotros tenemos que ocuparnos de los problemas de la gente real", dice el combativo líder de la aldea situada en medio de los interminables territorios asiáticos de Rusia, en una larga entrevista con Ksenja Smoljakova, de Radio Svoboda. A pesar de ser un líder provincial, Boronin es muy conocido en todo el país por sus clamorosas iniciativas de protesta, independientes de cualquier grupo organizado.

Anunció dos veces huelgas de hambre para lograr que las autoridades regionales mantuvieran la calefacción pública, tan necesaria en su tierra.  Consiguió que le otorgaran la facultad de administrar los impuestos a nivel municipal de acuerdo con la ley. Además, en más de una ocasión, logró convencer al parlamento provincial para que apruebe sus propuestas, a pesar de que la inmensa mayoría de los diputados pertenecen a la agrupación mayoritaria Rusia Unida, el partido de Putin.

En las últimas convocatorias electorales, las autoridades eliminaron de las listas a muchos candidatos cercanos al movimiento Navalny, además de imponer otras formas de discriminación contra la oposición. Aún así, Boronin resiste y se mantiene en la carrera electoral. El candidato recuerda que "vivimos en Rusia, donde la historia se ha desarrollado en medio de una continua represión, no sólo en los años 1920-30, sino desde el siglo XVII e incluso antes". El político siberiano explica que “por un lado, esto formó una conciencia servil en el pueblo”, pero al mismo tiempo, engendró “una rebelión interior en las personas normales".

Boronin no se detiene en medidas puntuales, ni en las leyes contra los "agentes extranjeros", sino que se limita a decir que no se debe aceptar la discriminación: "Debemos rechazarla, ante todo en nuestro corazón y en nuestra mente".

En cualquier caso, el candidato de Rusia Justa cree que "cualquier forma de protesta en el país, que sea posible por ley, debe tener un propósito positivo para la gente, y los líderes de estas acciones deben ser siempre responsables de todas las personas que involucran".

A diferencia de Navalny, a quien admira, y de otras figuras carismáticas, este político aguerrido de Altái insiste casi en solitario en su idea de "oposición constructiva". Cuando las autoridades lo sancionaron por sacar a la gente a la calle, muchos lo criticaron por no enfrentarse a ellas y cumplir su condena en servicios comunitarios. "Pero realmente había empujado a la gente a manifestarse", dijo en aquel entonces, "de modo que no podía decir que pasaba por allí de casualidad; no me sirven las protestas que no consiguen nada".

Boronin admira la filosofía de protesta de Gandhi, cuando un líder asume la responsabilidad moral de su pueblo por objetivos que interesan a todos: "Hoy carecemos de objetivos claros y comunes, en eso quiero trabajar, de lo contrario todas las protestas acaban en la nada, incluso sin represión". En su opinión, Rusia adolece de un centralismo político, pero aún más de autoritarismo en el ámbito social y económico. Compara el período actual de la historia rusa con la época de Stalin, "cuando la lucha por el poder tenía motivos claros y había que reconstruir el país por completo", mientras que en la época de Brézhnev "era sólo la disputa interna en la cúpula del Partido Comunista, y los disidentes eran bohemios románticos".

El caso de Aleksei Navalny deja a Boronin con la mente dividida: "Realmente hizo cosas ilegales y merecedoras de condena, y aquí lo sabemos bien, porque fueron especulaciones con la madera de los bosques de Altái. Pero fue sentenciado a cuatro años por cuatro trozos de madera, mientras que otros infractores mucho peores se libraron con multas”. Como político, señala Boronin, no se puede ignorar a Aleksei, uno de los fenómenos más importantes de la vida social rusa de la última década, y añade que muchos de sus proyectos merecen ser apoyados.

El político siberiano se lanza a la contienda electoral sin miedo a los poderosos ni a los falsos propagandistas, "simulacros de la oposición", como también llama a los comunistas del KPRF. Solo no podrá cambiar Rusia, pero hay que escuchar su voz, la de un hombre realmente cercano al pueblo y sus necesidades.

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