10/01/2026, 14.34
MUNDO RUSO
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Venezuela y Ucrania, el nuevo mundo de Putin y Trump

de Stefano Caprio

La “doctrina Monroe” invocada por Trump se corresponde perfectamente con los principios del Russkij Mir de Putin. EE.UU., al igual que Rusia, evalúa hasta qué punto deben ser controlados, conquistados, invadidos y explotados los países de su propio espacio de competencia, ya sea el doble continente americano o el ex espacio euroasiático soviético.

 

La operación estadounidense en Caracas ha provocado reacciones encontradas en Rusia, empezando por la envidia de Putin a Trump, que ha logrado en dos horas lo que él no ha podido conseguir en cuatro años, es decir, capturar y aniquilar al líder “ucronazi” Zelensky y exhibirlo ante el mundo como han hecho con el dictador “narcotraficante” Maduro. El ex presidente Dmitrij Medvedev ha expresado en cambio, con su habitual jerga exaltada, una advertencia a los “camaradas del Pindostán”, como se llamaba despectivamente a los estadounidenses en tiempos soviéticos: “ahora ya no pueden reprocharnos nada, ni siquiera formalmente”, porque “la gente de Trump solo se preocupa por sus propios intereses, de manera cínica y violenta”.

En resumen, la “doctrina Monroe”, invocada por Trump para defender los ideales del MAGA, ahora se corresponde perfectamente con los principios del Russkij Mir de Putin. EE.UU., al igual que Rusia, evalúa hasta qué punto deben ser controlados, conquistados, invadidos y explotados los países de su propio espacio de competencia, ya sea el doble continente americano o el ex espacio euroasiático soviético, y nadie debe interferir, especialmente los depravados de Europa. Los pindosy estadounidenses de los tiempos soviéticos eran antes los griegos de los tiempos zaristas, acusados de “degradación moral” ya en el siglo XIX, que al mismo tiempo eran los adversarios en la defensa de la verdadera fe ortodoxa, y no es casualidad que la guerra rusa en Ucrania fuera provocada también por el cisma con el patriarcado de Constantinopla. En el griego moderno, en efecto, pindos significa “pantano pestilente”, todo aquello que hay que eliminar y limpiar.

En la fuerte ironía de Medvedev también se trasluce una cierta satisfacción, del tipo “ya ven, ahora todos nos imitan”, lo que da a Rusia la convicción de haber logrado volver a gobernar el mundo como en los buenos tiempos de la guerra fría. Entre Ucrania y Venezuela se consuma así el fin del globalismo de los treinta años de la era postsoviética, desde las reformas liberales de Yeltsin en 1992 hasta la operación especial de Putin en 2022; con las conquistas de Trump en 2026 comenzaría una nueva era de división del mundo entre los diversos emperadores, como Trump, Putin y Xi Jinping. Ahora se entiende mejor por qué se ha prohibido oficialmente la palabra “guerra” en el lenguaje público de Rusia, a tal punto que en los textos voina se debe escribir v***na con asteriscos, de lo contrario se corre el riesgo de fuertes multas. La guerra es solo un “ideal religioso” que proclama el patriarca Kirill de Moscú, quien en Navidad declaró a los soldados “hombres santos que actúan en nombre de Dios”, mientras que lo que está ocurriendo es una operación verdaderamente “especial”, en la cual la conquista militar es solo la fachada, porque el verdadero fin es una nueva definición de las relaciones entre los hombres y los Estados, un nuevo mundo que todavía hay que organizar.

En realidad recién estamos empezando, y las absurdas negociaciones de paz en Ucrania pierden cada vez más significado para dar paso a la compraventa del petróleo, de los territorios y de los hielos eternos que ahora se están derritiendo, como los de la tan codiciada Groenlandia, la nueva “Ucrania” que marca la frontera ártica de los imperios. Trump ha ordenado a la presidenta interina venezolana Delcy Rodríguez, sometida a su completo control, cortar toda relación comercial y financiera con Rusia y China, que han expresado su protesta en las ya enmohecidas salas del Consejo de Seguridad de la ONU. Sus representantes han exigido la liberación de Maduro, y los estadounidenses respondieron que “no estamos librando una guerra en Venezuela ni la hemos ocupado”, precisamente en el mismo momento en que comenzaban las sesiones del tribunal para presentar los cargos contra el depuesto líder esposado.

El ruso Vasilij Nebenzia añadió en la sesión de la ONU que lo ocurrido el 3 de enero en Caracas es “un presagio del regreso a la época de la ilegalidad y del dominio estadounidense impuesto por la fuerza, del caos y de la inmoralidad”, tonos agresivos de la guerra fría del siglo XX y de la “guerra híbrida” del tercer milenio, pero también un anuncio del restablecimiento de los roles. Después de haber justificado en reiteradas oportunidades la operación rusa en Ucrania, Nebenzia lamentó que en los últimos años “una serie de Estados” aplican las normas del derecho internacional “de manera selectiva, según las circunstancias políticas”, lo que en la práctica significa que cada uno actúa a su antojo. El representante chino Fu Cong añadió que Beijing "está conmocionada por lo que ha sucedido en Caracas", y condena las “acciones unilaterales de EE.UU.”, desempolvando él también lenguajes antiguos con perspectivas nuevas.

Por otra parte, abundan las declaraciones amenazantes de Rusia, como la del jefe de la comisión de la Duma para la política de información Aleksey Pushkov, quien habló de las posibles “consecuencias catastróficas” tras las proclamas triunfales de Trump, “análogas a las desastrosas intervenciones de Washington en el pasado, atribuyéndose el derecho a decidir todo en su hemisferio sin consideración por nada ni por nadie”. El vicejefe de la comisión parlamentaria de defensa, Aleksey Zhuravlev, propuso responder a la incautación de los petroleros rusos “hundiendo barcos estadounidenses”, y luego atacar Europa con los misiles hipersónicos Oreshkin, porque considera que las acciones de los occidentales “equivalen a ataques contra territorio ruso” y, dada la euforia de los estadounidenses que han quedado impunes por la operación en Venezuela, la única respuesta adecuada para detenerlos es “darles patadas en la cara”.

El analista jefe del Fondo Nacional de Seguridad Energética de Rusia, Ígor Yushkov, expresó en cambio la preocupación de que la operación especial en Venezuela altere el mercado mundial de petróleo, “retirando del mercado” entre 500 y 600 mil barriles diarios, lo que podría elevar el precio a 65-70 dólares por barril. Pero no añadió que eso beneficiaría exclusivamente a Rusia, obligada hasta ahora a hacer descuentos a todos para vender unos pocos barriles más, dondequiera que sean aceptados. Los primeros que van a sufrir esta “guerra energética” son, por otra parte, los habitantes de Cuba, que sin el petróleo venezolano se quedan sin luz y sin calefacción, y Trump espera abrir en La Habana su mayor agencia turística, quizás junto con otra en Gaza, en la unión hedonista de Oriente y Occidente.

Como recuerda, en efecto, Ivan Preobrazhensky, politólogo de Radio Svoboda, “Rusia y Venezuela trabajan juntas desde hace años en el contrabando de petróleo a nivel mundial”, y Rusia interviene para condenar las injerencias en los asuntos internos de otros Estados “sólo cuando no es la propia Rusia la que interfiere”. Normalmente los petroleros rusos salen de los puertos venezolanos con la bandera de Ghana o de otros Estados, y ahora se exhiben las banderas de Rusia para exigir a los estadounidenses que no los toquen, pero EE.UU. ya ha detenido a un par de ellos a pesar de la presencia de un submarino ruso de protección, como en las mejores películas de guerra naval. La extracción de petróleo en Venezuela ha estado limitada durante mucho tiempo por las sanciones, y lo que logra producir es propiedad de las empresas aliadas con Rusia, Irán y China, a quienes ahora EE.UU. quiere expulsar, tal vez para ponerse luego de acuerdo con ellos en sus propios términos. Como ya sucedió en Panamá, donde la influencia china se eliminó sin necesidad de ninguna acción militar, sólo mediante acuerdos de inversión financiera.

El juego está abierto, sobre todo porque reactivar la producción petrolera venezolana requerirá enormes inversiones a largo plazo, dado que el petróleo de esos pozos es de poca calidad, muy denso y pesado, y necesita que se le añada petróleo estadounidense. El sueño de Trump es controlar la producción a nivel mundial, pero no es seguro que esto interese verdaderamente a las compañías petroleras estadounidenses, a las que Trump no puede coaccionar con métodos dictatoriales al estilo de Putin, o a los herederos de Maduro. Tampoco será tan sencillo desmontar el régimen de Caracas, más allá del encarcelamiento del presidente y su esposa, dadas las estrechas relaciones incluso familiares de los Rodríguez con el clan Maduro. La sustituta del jefe encadenado podría jugar en dos frentes: llegar a un acuerdo con los estadounidenses y mantener las relaciones con los rusos y los chinos, considerando que Delcy es también la ministra de petróleo de Venezuela.

Al final, las jugadas de Trump pueden resultar beneficiosas para Putin, visto que han congelado todas las negociaciones de paz en Ucrania, que al Kremlin claramente no le interesan. Excluir de los sucios negocios con el petróleo venezolano a las compañías rusas, comenzando por la Rosneft de Igor Sechin, el verdadero jefe de la casta económica en el poder en Rusia en la vasta escala de la corrupción en todos los niveles, podría terminar siendo a su vez conveniente, atribuyendo a las pérdidas de inversiones todo lo que ha sido robado durante años en Venezuela.

De todos modos Rusia ha demostrado su incapacidad para ayudar a sus propios aliados, y China se limita a las condenas formales, lo que demuestra que el “Sur global” carece de peso real en el escenario de la geopolítica mundial, como ya sucedió con el colapso del régimen de Bashar al-Assad en Siria o las acciones militares de Israel y EE.UU. en Irán. Ahora se está preparando una mansión dorada para que descanse el ayatolá Jamenei cerca de la de Assad, y no se puede descartar que se pida que entreguen a Maduro para hacerlo descansar cerca del ex presidente de Ucrania Janukovich, convirtiendo la periferia de Moscú en un cementerio de elefantes de los tiempos pasados, trofeos de los emperadores del tiempo actual y de la nueva división del mundo.

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