25/03/2026, 15.15
GOLFO - IRÁN - VATICANO
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Vicario de Arabia: ‘La guerra contra Irán ha trastornado la vida en el Golfo’

de Dario Salvi

Mons. Berardi describe el clima de tensión y preocupación en la población, sorprendida por la respuesta iraní al ataque israelí-estadounidense. Desde los viajes hasta las celebraciones, pasando por el trabajo migrante, prevalece un clima de “incertidumbre”, unido al temor de que se ataque “el agua”. Las tensiones ocultas entre chiíes y suníes y las relaciones “reforzadas” entre cristianos y musulmanes. La crisis de los Acuerdos de Abraham.

 

Milán (AsiaNews) - Las poblaciones del Golfo “se preguntan cómo es posible que, a pesar del dinero gastado para protegerse, en bases y armas, hayamos sido atacados con tanta dureza” por Irán, y esto llevará inevitablemente a “revisar la geopolítica de esta zona” en la que “se ha perdido la confianza”. Estados Unidos e Israel iniciaron la acción militar “mientras se estaban llevando a cabo conversaciones; primero dijeron que querían llegar a acuerdos y luego bombardearon y mataron al líder político y religioso [Ali Khamenei] de forma selectiva. Y la gente comprende que [Teherán] ahora intenta defenderse”. Así lo cuenta a AsiaNews Mons. Aldo Berardi, vicario apostólico de Arabia del Norte, que en estos días se encuentra realizando una visita pastoral en Kuwait, uno de los cuatro países del territorio bajo su jurisdicción junto con Qatar, Baréin y Arabia Saudita. La guerra lanzada por Israel y Estados Unidos contra la República Islámica es una guerra “basada en la venganza —prosigue— y diferente de las ‘tradicionales’ tal como las hemos conocido hasta ahora”, cuyo objetivo era “la conquista de un territorio. Estamos asistiendo a una escalada verbal, a la que sigue una respuesta material”.

La guerra condiciona la vida cotidiana empezando por los desplazamientos porque, a diferencia del pasado, el viaje desde Baréin, sede del vicariato, hasta Kuwait, que requiere aproximadamente una hora de vuelo, esta vez lo ha realizado en automóvil, pasando por territorio saudí. El tráfico aéreo está prácticamente paralizado debido a los ataques israelí-estadounidenses y a la represalia iraní, que ha alcanzado en varias ocasiones intereses estratégicos de los Estados del Golfo. “Al principio se pensaba que [el enfrentamiento] podría resolverse en una semana”, continúa el prelado, pero Irán ha respondido “de forma violenta” aunque “legítima, al ataque”, oponiendo una “resistencia inesperada”. También hay “incertidumbre” porque las refinerías están “casi todas cerradas”, los pozos de petróleo “no pueden producir” y “el cierre del Estrecho de Ormuz” paraliza el tráfico y el comercio: “una situación —advierte— angustiosa. Y el mayor peligro es que puedan atacar las desalinizadoras, el agua potable, creando un problema enorme, aunque hasta ahora no ha sucedido y esperamos que no ocurra”.

Incertidumbre entre los migrantes

Uno de los elementos de mayor incertidumbre relacionados con el conflicto es la permanencia de la población migrante —sobre todo procedente del sur y el sudeste de Asia— en los países del Golfo, porque son una fuerza de trabajo esencial para las economías locales. “Los europeos y los estadounidenses —continúa Mons. Berardi— ya se han ido, pero hasta ahora no hemos registrado una oleada masiva. Los que tienen más miedo son los sujetos vulnerables, sobre todo los enfermos, las mujeres y los niños, las familias, pero la mayoría se queda a pesar de las dudas, porque nadie sabe cómo evolucionará la situación, si cerrarán también los bancos, las fábricas o las refinerías”. “Algunos —continúa— han perdido el trabajo o no les pagan, otros esperan el fin de las hostilidades”. Sin embargo, ya se observa “un aumento de la pobreza y de la demanda de ayuda [económica] incluso dentro de nuestras comunidades”.

“No faltan las dudas, las preguntas, el temor a que todo se paralice y se produzca una nueva escalada”, advierte el vicario de Arabia. “En ese momento —añade— empezarán a marcharse, pero estos países no pueden sobrevivir sin la inmigración, hay plena conciencia al respecto. Nuestros cristianos rezan por la paz y la solidaridad, por la ayuda entre las comunidades, entre parroquias y dentro de ellas”. “Desde nuestra perspectiva —subraya— no vemos buena voluntad por parte de Israel para detenerse, y Estados Unidos también continúa con sus amenazas y provoca la respuesta de Irán, cuyo pueblo cuenta con una larga tradición y ha demostrado que cuenta con cierta fuerza”. “Esperamos las decisiones [de los líderes] y rezamos —afirma el prelado— para que los inspire una mayor sabiduría y lógica, porque si todo Oriente Medio entra en llamas, será el fin”.

Tensiones confesionales

El nuevo conflicto que estalló el 28 de febrero coincidió prácticamente con el comienzo del Ramadán y de la Cuaresma para cristianos y musulmanes, pero más que dividir ha permitido “reforzar” las relaciones a nivel de las comunidades de base y entre las personas. “Nuestros mensajes —cuenta Mons. Berardi— eran claros: ayunamos juntos, rezamos en un momento que para ambas religiones es especial", buscando una mayor "solidaridad y generosidad, fortaleciendo el vínculo con Dios”. En un momento de guerra y violencia “hemos expresado nuestra solidaridad como cristianos —prosigue el vicario— y este enfoque ha sido apreciado” por la mayoría musulmana. Sin embargo, existe cierto grado de “tensión” entre suníes y chiíes, cuya relación es un elemento de controversia desde hace tiempo, pero el conflicto en el Golfo lo ha exacerbado. Al mismo tiempo, continúa, los gobiernos “intentan mantener un perfil bajo” o envían señales en favor de la convivencia, el consuelo y la solidaridad. “Por ejemplo, el príncipe heredero de Bahréin, que es también primer ministro, visitó al jefe chií y al líder suní y rezaron juntos en la gran mezquita de Manama”. A continuación, visitó también la catedral como gesto de “unidad” con los cristianos. “Se están realizando numerosos esfuerzos —subraya— para atenuar una tensión que, sin embargo, sigue sin resolverse y está latente en el fondo de las relaciones”.

Tensión e incertidumbre que se extienden a las ya próximas celebraciones de la Pascua, en las que se aplicarán restricciones y límites —con diferencias entre países— a las concentraciones y al culto, a fin de garantizar la seguridad de los fieles. “Estamos reflexionando —cuenta Mons. Berardi— sobre las modalidades que vamos a adoptar” , comenzando por el Domingo de Ramos y durante toda la Semana Santa. “En Baréin están prohibidas las ceremonias al aire libre y no será posible, como en el pasado, hacer el Vía Crucis en el patio del colegio católico. Tal como ocurrió con el fin del Ramadán —prosigue—, están prohibidas las concentraciones al aire libre, aunque las funciones congregan hasta 4000 fieles. Celebraremos los ritos en el interior, desde las primeras horas del día hasta la medianoche, en un ciclo continuo”. La situación es diferente en Qatar “donde todo está cerrado” y las funciones, como en los tiempos del Covid-19, se “transmiten online, y los sacerdotes visitan a los fieles para llevarles los sacramentos”. En Arabia Saudita se sigue celebrando con misas en línea [el "milagro de Internet", como lo definió el prelado en el reportaje de AsiaNews], mientras que en Kuwait se celebra dentro de los lugares de culto, evitando aglomeraciones de personas al final de las misas. “A todos los sacerdotes —señala— les he dicho que sean pilares en los que las personas puedan apoyarse en este momento de dificultad. Y doy gracias a Dios de que ninguno de ellos haya pedido volver a su país de origen, a pesar de la guerra”.

¿Fin de los Acuerdos de Abraham?

Los acontecimientos de las últimas semanas, por último, parecen poner en crisis los “Acuerdos de Abraham”, que en el pasado reciente habían favorecido un acercamiento entre Israel y parte de los Estados del Golfo, en particular los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y, durante algún tiempo, Arabia Saudita. “El conflicto —explica el vicario— lo ha vuelto a poner todo en juego. A esto se añade el factor escudo, la protección que los estadounidenses deberían haber garantizado con todas sus bases en la región, pero es muy evidente que no ha sido así”. No hay comentarios oficiales por parte de los gobiernos y existe una fuerte censura sobre la difusión de imágenes y noticias, para no alarmar a una opinión pública ya preocupada y tratar de minimizar los daños que la República Islámica ha logrado infligir a sus vecinos. “A nivel de la gente común —cuenta Mons. Berardi— se preguntan qué sentido tienen las ingentes sumas que se gastaron en protección, en bases, en misiles, para luego ser atacados con tanta dureza. Por eso es una opinión muy difundida —advierte— que hay que revisar la geopolítica de esta zona”.

“Israel está yendo demasiado lejos en la consecución de sus objetivos de defensa, desde Gaza hasta el Líbano, con la pérdida de miles de vidas humanas y una destrucción enorme”. Ahora la pregunta es cómo se puede retomar el diálogo y la mediación, teniendo en cuenta además que la confianza en la diplomacia se ha derrumbado tras la escalada militar. La pregunta para los países que forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es “cómo responder y cómo defenderse” de esta guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán que está incendiando —y no es solo una metáfora, vistos los pozos de petróleo y las instalaciones en llamas— toda la región. “Y Teherán —advierte el prelado— que ha demostrado un poder que nadie esperaba, quizá exagerado en la respuesta y con un sentimiento de odio que crece entre la gente hacia el Estado judío, que se ha mostrado feroce y violento”. “Harán falta años para reconstruir”, concluye el vicario, remodelando equilibrios, vínculos y relaciones “de una sociedad que está a punto de cambiar” en un marco económico “frágil. Por eso resulta aún más importante y urgente el mensaje de la Pascua, la esperanza de confiar en Dios incluso en una situación de muerte”.

 

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