Yo, católico indio en la tierra de Arabia, y la fe que florece en lugares inesperados
En una nueva entrega del reportaje de AsiaNews, el responsable de comunicación del vicariato de Arabia del Norte cuenta su historia personal de fe. De Mumbai a Baréin, un camino en el que no han faltado desafíos y dificultades, pero que también ha sido “una gracia” y “un don” para “dar testimonio a los demás”. Y la esperanza de "permanecer arraigado en mi identidad cristiana en esta tierra de Arabia”.
Manama (AsiaNews) - “Yo rezo para seguir siendo testigo del milagro de mi vida, y mi experiencia como católico - crecido en Baréin - demuestra que la fe puede florecer incluso en lugares inesperados”. En la quinta entrega del reportaje de AsiaNews desde los países del vicariato apostólico de Arabia del Norte (Baréin, Arabia Saudita, Qatar y Kuwait) compartimos el testimonio personal de Renato Dean D’Costa, responsable de comunicación del vicariato. Nacido en Mumbai, India, en septiembre de 1991, con un hermano menor y una familia de sólida tradición católica, se trasladó siendo niño al reino del Golfo, donde ha vivido y cultivado su fe en una tierra de mayoría musulmana.
A lo largo del tiempo no han faltado desafíos y dificultades, pero las raíces cristianas y la pertenencia a la Iglesia son los cimientos sobre los que ha construido su vida y superado los momentos más oscuros. Como en 2020 cuando, según cuenta, estuvo a punto de morir de Covid-19 y experimentó una curación que ha sido no sólo una “gracia personal, sino también un don para dar testimonio a los demás”. “Espero permanecer arraigado en mi identidad cristiana en esta tierra de Arabia, concretamente en Baréin, que ya se ha convertido en mi país de adopción. Mi camino - afirma - me ha enseñado que la fe requiere sinceridad”.
A continuación, el relato completo:
Nací en Mumbai, en la India, en una familia católica, y después de dar mis primeros pasos, me trasladé siendo muy pequeño a Baréin, el país del Golfo donde crecí y por eso considero mi verdadero hogar. Asistir a una escuela india local y haber compartido el camino con compañeros procedentes de diferentes culturas y religiones me enseñó, desde la edad más temprana, el verdadero significado de la palabra “diversidad”.
Vivir como cristiano en la región del Golfo significa, ante todo, madurar en la fe con plena conciencia. Aunque las manifestaciones públicas como las campanas de las iglesias o las procesiones por las calles no forman parte de la cultura local, como ocurre en Goa, lo importante es tener un fuerte vínculo con la Iglesia como hogar espiritual. En este sentido, mi participación y mi presencia constante en el grupo juvenil ha sido fundamental para mantenerme arraigado en mi fe.
Como migrante (o “expat”), la parroquia ha sido algo más que un simple lugar de culto; es un lugar de pertenencia que une a personas de países e idiomas diferentes. Momentos como la misa dominical, las clases de catecismo y los eventos parroquiales siempre fueron un punto de referencia para mí.
Por otra parte, el compromiso de las autoridades de Baréin con la tolerancia religiosa y la convivencia pacífica ha hecho que mi experiencia sea profundamente positiva. Este ambiente de armonía me permite practicar mi fe sintiéndome completamente en casa. Un ejemplo entre muchos, además de ser un signo de gracia, es poder celebrar la fiesta de San Francisco Javier - que en Goa festejamos en el mes de diciembre - en el corazón de Oriente Medio.
A lo largo de los años, muchos acontecimientos han marcado mi crecimiento personal, pero recuerdo muy especialmente uno que me gusta definir como “punto de inflexión” en mi camino. Fue en Goa - donde me encontraba por un breve periodo - durante la pandemia de 2020. Antes de eso, yo me habría definido como un “católico tibio”, que participaba en la catequesis y en las actividades de la Iglesia a menudo de forma rutinaria, como hacen muchos jóvenes, pero sin una verdadera experiencia de Cristo como centro de la vida y de la fe. Sin embargo, durante la pandemia contraje Covid-19 y en la fase más aguda de la enfermedad estuve a punto de morir, precisamente en el día de mi cumpleaños. Esa fue una profunda experiencia de vida y también de fe.
Pensando a posteriori en mi curación, en el riesgo que había corrido y en los sufrimientos, me doy cuenta de que haber sobrevivido no fue solo una gracia personal, sino también un don del que debo dar testimonio a los demás. Después de haber vivido este milagro en primera persona, a lo largo del tiempo he compartido mi experiencia con el grupo juvenil y con otras personas que han perdido el contacto con la fe, para mostrarles el poder del Señor. Cuento la serenidad que encontré cuando todo lo demás, comenzando por la salud y la vida cotidiana, me fue arrebatado por la enfermedad, en los días más oscuros y difíciles. Eso también, a pesar de mis defectos personales, me ha acercado a Dios y me motiva a esforzarme constantemente para ofrecer la mejor versión de mí mismo.
He tenido la suerte de realizar dos veces la peregrinación jubilar, primero con el grupo de comunicación y luego con los jóvenes. Fue una experiencia memorable participar en una celebración tan grandiosa, visitar las Puertas Santas, ir en peregrinación, interactuar con jóvenes y personas de todo el mundo, experimentar el significado de la “catolicidad”.
También los cursos de formación [organizados por el vicariato de Arabia del Norte] en el grupo juvenil del que formé parte han tenido un papel fundamental para moldear mi persona y orientarme por el camino correcto. Encuentros y eventos que, mediante la oración, la reflexión y la conciencia de la fe y de la presencia de Dios, me han ayudado a crecer y a ser parte de una comunidad en una tierra donde los cristianos no son mayoría.
Al terminar el Año Jubilar, miro al futuro con la esperanza de seguir creciendo siempre en la fe. Espero permanecer arraigado en mi identidad cristiana en esta tierra de Arabia, concretamente en Baréin, que ya se ha convertido en mi país de adopción. Mi camino me ha enseñado que la fe requiere sinceridad. Rezo para seguir siendo testigo del milagro de mi vida y mi experiencia como católico - crecido en Baréin - demuestra que la fe puede florecer incluso en lugares inesperados.
*Responsable de comunicación del Vicariato apostólico de Arabia del Norte
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