29/06/2026, 16.06
LÍBANO - ISRAEL - IRÁN
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Zonas piloto y líneas rojas: un pacto de la 'discordia' entre el Líbano e Israel

de Fady Noun

El acuerdo marco de Washington es la única esperanza que tiene Beirut de recuperar la integridad territorial y la soberanía, neutralizar a Hezbolá y lograr el regreso de la población desplazada. Pero este acuerdo divide al país y podría fortalecer a las milicias chiítas. Por primera vez se han fijado zonas donde el ejército libanés y el israelí tendrán un canal de comunicación directo.

 

Beirut (AsiaNews) - Es demasiado fácil perderse en los entresijos del acuerdo marco al que llegaron en Washington las delegaciones libanesa e israelí durante las conversaciones que se llevaron a cabo del 23 al 26 de junio bajo los auspicios de Estados Unidos, si se pierde de vista su doble objetivo, el segundo de los cuales resulta paradójico: la retirada total del ejército israelí del Líbano, en primer lugar, y la neutralización militar de Hezbolá —objetivo común de Beirut e Israel— en segundo término. Aunque está integrado en gran parte por libaneses, el "Partido de Dios" está armado, financiado y comandado por Irán, y constituye, en efecto, un obstáculo que debe ser eliminado —preferiblemente por medios pacíficos— si el Estado libanés quiere recuperar la plena soberanía sobre su territorio nacional.

El acuerdo marco divide al país y las advertencias sobre el peligro de una deriva hacia la guerra civil se han multiplicado en la prensa libanesa y extranjera. Sin embargo, para el Líbano es la única manera de recuperar la integridad de su territorio y devolver a la población sus aldeas destruidas por Israel, neutralizando al mismo tiempo al movimiento proiraní.

Para conjurar la amenaza de una guerra interna, varios actores, entre ellos el diputado Marc Daou, hicieron suya la advertencia contra la "discordia" lanzada por el presidente del Parlamento, Nabih Berri, dirigida tanto a las autoridades del gobierno como a las milicias proiraníes. Además, sobre el terreno, las violentas manifestaciones organizadas por Hezbolá la noche de la firma del acuerdo fueron reprimidas por el ejército, que mostró una extrema firmeza y advirtió contra cualquier intento de "desestabilizar" el país mediante el bloqueo de carreteras.

Elogiado y denigrado

En general, el acuerdo de Washington ha sido bien recibido por los soberanistas, pero criticado por el tándem chiíta. El jefe de las Fuerzas Libanesas (FL), Samir Geagea, lo considera "la iniciativa política más importante del Estado libanés en medio siglo". Entre las voces contrarias se encuentra el presidente del Parlamento y líder del movimiento chiíta Amal, Nabih Berri, quien comentó con una frase lapidaria: "He examinado -dijo- el contenido del acuerdo marco, lo he leído y he visto la discordia". El movimiento publicó el 27 de junio un comunicado oficial en el que anunciaba su rechazo del documento, al que califica de "desequilibrado", porque favorece al "enemigo" en detrimento del "interés nacional". El movimiento chiíta reiteró inmediatamente después su "rechazo a cualquier negociación directa con el enemigo" israelí.

Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Naïm Kassem, publicó un comunicado en el que afirma: "Este acuerdo es nulo" y que solo se deben preservar y aplicar "las disposiciones del memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos", en referencia al texto que firmaron a distancia Washington y Teherán en Suiza el 17 de junio para poner fin a la guerra en Oriente Medio, que incluye el Líbano.

Zonas piloto

En concreto, el documento de 14 puntos sitúa el desmantelamiento de las fuerzas armadas de Hezbolá en el centro del acuerdo. Establece que Beirut detenta "la autoridad soberana exclusiva para decidir sobre la guerra y la paz", y niega el derecho de "cualquier Estado o actor no estatal" a actuar militarmente sin su aprobación. El gobierno libanés se compromete a "restablecer y ejercer plenamente su soberanía sobre todo su territorio", lo que implica el "desarme completo y verificado de todos los grupos armados no estatales [...] en todo el territorio del Líbano".

El acuerdo pone en práctica por primera vez el concepto de "zonas piloto". Según la cadena pública israelí Kan, el ejército israelí se prepara para iniciar esta mañana la retirada de dos "zonas piloto" en el distrito de Nabatiye, en coordinación con el ejército libanés a través de un nuevo canal de comunicación directo entre ambos países. Las autoridades israelíes exigen que el ejército libanés ocupe de inmediato los sectores evacuados para impedir el reasentamiento de combatientes de Hezbolá y el lanzamiento de proyectiles. Asimismo, el acuerdo prevé reducir gradualmente el contingente en el sur del Líbano, condicionando la continuación de la retirada a los resultados de esta primera fase. Sin embargo, un alto funcionario de seguridad israelí afirmó que los militares mantendrían "una plena libertad de acción" ante cualquier amenaza que consideren inminente. Esta medida constituye la principal esperanza para que los habitantes del sur puedan regresar a sus localidades y afrontar una reconstrucción respaldada por los socios internacionales a iniciativa de Estados Unidos.

La órbita iraní

Al concluir el acuerdo, Beirut quería crear una dinámica paralela a la que Irán intentaba poner en marcha mediante las negociaciones celebradas en Suiza el pasado 17 de junio, donde había logrado imponer un alto el fuego en el Líbano. Aunque el Estado libanés había acogido oficialmente esta iniciativa, en realidad había producido cierto malestar en el Líbano. Este clima coincidió con la aparición de carteles publicitarios instalados por Hezbolá en la carretera del aeropuerto para agradecer a Irán, lo que alimentó el sentimiento de frustración de un sector importante de la opinión pública.

Para los soberanistas, estas señales hacían temer un regreso de la influencia del Partido de Dios en la vida política nacional. También aumentaron las preocupaciones sobre el impacto potencial del memorando de entendimiento firmado en Suiza en las negociaciones entre el Líbano e Israel, consideradas como una de las últimas herramientas capaces de poner fin al dominio iraní y al uso del Líbano como moneda de cambio en las relaciones de poder regionales.

Fortalecimiento de Hezbolá

Además, el acuerdo plantea otra preocupación importante. Durante las conversaciones en Ginebra, habían surgido temores por un posible desbloqueo de fondos iraníes que podrían salvar indirectamente las finanzas de Hezbolá. Sin embargo, el acuerdo de Washington estipula que cualquier financiación iraní destinada a "actores no estatales" estará prohibida y sometida a estricta vigilancia del gobierno libanés con la ayuda de Estados Unidos. El mecanismo prevé asimismo que estos actores no puedan beneficiarse de ninguna financiación internacional destinada a la reconstrucción, ni actuar como intermediarios para desviar dichos recursos. Además, los fondos iraníes que pudieran liberarse en virtud de un levantamiento parcial de las sanciones no podrían, según este enfoque, ser utilizados para respaldar actividades consideradas desestabilizadoras en la región en perjuicio del Líbano, de Oriente Medio o de los Estados del Golfo.

Un acuerdo bajo presión

Analistas y observadores creen que, no obstante, será difícil aplicar el acuerdo, dada la división interna del país. Según Axios, solo fue posible alcanzarlo tras intensas negociaciones entre Washington y Tel Aviv, aunque, dentro de sus 14 puntos, Israel ve la posibilidad de un acuerdo de paz a cambio del respeto de la integridad territorial del Líbano. Desde el punto de vista libanés, algunas de las condiciones que se consideran humillantes, como la facultad otorgada a Israel para evaluar el desempeño del ejército libanés, jamás se habrían aceptado sin la supervisión estadounidense. 

Además, según los soberanistas, a Hezbolá le resulta demasiado fácil evitar asumir su parte de responsabilidad por lo sucedido, comenzando por la iniciativa de iniciar las hostilidades contra el Estado judío el pasado 2 de marzo para vengar la muerte del líder supremo Ali Jamenei. Esta facción comparte, si bien de forma desigual, la responsabilidad por la catastrófica situación en la que se encuentra el Líbano. Por lo tanto, aunque Hezbolá denuncie una especie de "acuerdo de capitulación", no puede minimizar su propia responsabilidad en esta aventura bélica que obligó a casi un millón de libaneses a abandonar sus aldeas y dejó 4.247 muertos y cerca de 12.195 heridos desde el 2 de marzo, según datos del Centro de Operaciones de Emergencia del Ministerio de Salud libanés, por no hablar de la destrucción de decenas de miles de viviendas.

Michael Young, analista del Middle East Carnegie Center, citado por Le Figaro, explica que el acuerdo marco "es bastante malo para el Líbano" porque el Estado "no tiene ninguna carta en la mano". Al mismo tiempo, añade: "Acabemos con la ilusión de que el Partido de Dios ha opuesto una resistencia decisiva a los israelíes, cuando estos han arrasado la mayor parte de las aldeas chiítas al sur del Litani y ahora están destruyendo las aldeas al norte del mismo. Con semejante resistencia, no quedará mucho del Líbano". Alarmados por la destrucción, que afecta a algunos yacimientos arqueológicos considerados patrimonio de la humanidad por la Unesco, como las ruinas de Tiro, los expertos creen que "la destrucción ya no es la consecuencia de la guerra, sino que se ha convertido en su principal objetivo".

Líneas rojas estadounidenses

En el fondo, según los analistas, el conjunto de estos acontecimientos se inscribe en una lógica destinada a preservar las líneas rojas estadounidenses. Entre ellas: impedir que Teherán acceda a armas nucleares; contener las actividades desestabilizadoras de sus aliados en la región; rechazar cualquier forma de control del estrecho de Ormuz; preservar la soberanía del Líbano y favorecer una salida gradual del estado de guerra entre el Líbano e Israel. En este punto, nada permite saber cómo terminará el conflicto por delegación que sigue desarrollándose sobre el terreno. Para el Líbano, la etapa que se abre promete ser compleja y el tablero está especialmente lleno de obstáculos para alcanzar el triple objetivo de una retirada israelí total, el regreso de las poblaciones desplazadas por la fuerza y el desarme de Hezbolá.

 

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