04/04/2026, 00.04
JAPÓN
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«Mi bautismo para llevar también a los demás la paz de Dios»

En muchas comunidades católicas de Asia se celebra el sacramento de la iniciación cristiana de adultos durante la vigilia pascual. El testimonio de Iwane Toshiya, publicado en la página web de los católicos japoneses. El encuentro con la comunidad católica a través de su esposa y las preguntas de sus hijas. «Poco a poco sentí que palabras sorprendentes como las de las Bienaventuranzas entraban en mi vida cotidiana».

Tokio (AsiaNews) - En toda Asia, al igual que en muchas otras partes del mundo, la noche de Pascua es el momento del bautismo de los adultos que, a través del itinerario del catecumenado, se han preparado para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana. A la pila bautismal llegan muchas historias de personas que, por los caminos más diversos, han encontrado a Jesús en sus vidas. Como ejemplo significativo, publicamos una traducción de un relato publicado en estas semanas por cj-news.org, el sitio web de la comunidad católica japonesa. Es la historia de Iwane Toshiya (39 años), diseñador gráfico residente en la ciudad de Kikuchi, en la prefectura de Kumamoto. Casado en 2013 con Nozomi (38 años), creyente católica, y padre de tres hijos, el señor Iwane fue guiado hacia el bautismo a través de dos momentos decisivos.

La enfermedad como oportunidad para asistir a misa

La familia de Iwane está compuesta por cinco miembros: además de él, su esposa Nozomi, que es católica, su hija mayor Haru (quinto de primaria), la segunda, Natsuki (segundo de primaria), y su hijo menor, Akira (1 año y 4 meses). Los niños también han recibido el bautismo católico.

El primer punto de inflexión para él fue cuando se tomó una excedencia del trabajo. Iwane había estudiado pedagogía en la universidad y, tras graduarse, trabajaba para una ONG que ofrecía a los niños actividades educativas a través del deporte. En 2020, sin embargo, debido a problemas de salud, tuvo que dejar de trabajar durante un año y medio.

Hasta entonces, al trabajar también los días festivos, no podía asistir a la misa dominical. Tras el inicio de la baja, y gracias también a la pregunta de sus hijos —«¿Por qué papá no va a misa?»—, comenzó a asistir a misa en la iglesia de Kikuchi junto con toda la familia. Así recuerda aquel período: «Hasta entonces, el catolicismo era para mí algo que había que “estudiar”, pero poco a poco sentí que se iba infiltrando en mi vida cotidiana».

Al asistir a la misa y escuchar las homilías del párroco, el padre Silvano Da Roit (un misionero saveriano italiano), empezó a darse cuenta de que, cada vez, encontraba alivio a sus problemas. «Hay muchos libros de autoayuda y de filosofía sobre la felicidad, pero ni siquiera al leerlos me convencían. En las «Bienaventuranzas» del Sermón de la Montaña (Mateo 5–7; Lucas 6), se dice que bienaventurados son los pobres y los perseguidos: cosas que normalmente se consideran sufrimientos se definen como «felicidad». Al principio todo esto me sorprendió mucho, pero ahora siento que es realmente así, y estoy convencido de que la verdadera felicidad se encuentra precisamente ahí».

Una persona enviada para llevar la paz de Dios

El segundo punto de inflexión para Iwane fue replantearse su forma de vida, mientras se enfrentaba a problemas de salud y a un periodo de inactividad laboral.

Criado en el distrito de Kyokushi, en la ciudad de Kikuchi, Iwane nunca salió de la prefectura de Kumamoto, ni para estudiar ni para trabajar. Tanto su abuelo paterno como su abuelo materno habían desempeñado funciones importantes en la comunidad local, y sus padres eran profesores. Al ser el hijo mayor, sentía que las personas de su entorno tenían grandes expectativas puestas en él. Aunque estaba agradecido por el entorno en el que había crecido, a veces sentía la presión de tener que «estar a la altura».

Desde pequeño se había esforzado mucho tanto en los estudios como en el deporte, y tras casarse e incorporarse al mundo laboral sentía un fuerte sentido del deber: «Debo trabajar con ahínco y mantener a la familia», se decía. Pero al reflexionar sobre su vida, reconoció que tenía tendencia a preocuparse demasiado por el juicio de los demás. «Me di cuenta de que esta forma de vivir es agotadora. No quiero centrarme en mí mismo, sino convertirme en una persona que se sienta llamada a transmitir la paz de Dios».

Su esposa, Nozomi, nunca le invitó explícitamente a convertirse desde que se casaron, pero él sentía cierta admiración por la forma de vida de ella, sustentada por la fe católica. Así, en septiembre de 2024, comenzó a asistir a un curso de catecumenado.

Agradecimiento hacia la comunidad eclesial

Iwane expresa su profundo agradecimiento por el hecho de que su familia haya sido acogida plenamente por la comunidad de la iglesia de Kikuchi.

Cuando, hace diez años, la visitaron por primera vez, eran la única familia con niños pequeños. Hoy, en cambio, la comunidad está compuesta por mitad de japoneses y mitad de extranjeros, sobre todo vietnamitas. También hay dos familias jóvenes vietnamitas, y los niños socializan de forma natural entre ellos, creando un ambiente animado. «Los niños crecen dentro de la iglesia. Es un lugar donde uno se siente a gusto».

Ha decidido que su nombre de bautismo será «San Francisco de Asís». Deseoso de «trabajar por la paz del Señor», el señor Iwane recibe el bautismo el 4 de abril, durante la vigilia pascual en la iglesia de Kikuchi.

 

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