¿Cuánto le cuesta la guerra a Israel y a Oriente Medio?
Según las estimaciones más actualizadas, solo para el conflicto con Hamás en Gaza se ha gastado el equivalente a una quinta parte de la economía israelí. Y hoy, se desperdician miles de millones de dólares por semana en los ataques contra Teherán. Paradójicamente, se destinan cientos de miles de millones a la guerra y apenas quedan migajas para la reconstrucción y el desarrollo.
Milán (AsiaNews) - Desde que el mundo es mundo, la guerra siempre ha tenido un precio. Un precio alto, a menudo muy alto. Pero rara vez ese precio ha sido tan vertiginoso como en el conflicto que desde 2023 está arrasando la Franja de Gaza. Y hoy se suma un nuevo foco bélico, desencadenado por el ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán. No se trata solo de una tragedia humanitaria y política que está afectando a diversos países de la región en esa “guerra mundial en pedazos” que ya anunciaba el Papa Francisco en 2014. La guerra es un gigantesco abismo económico que engulle cientos de miles de millones, mientras poblaciones enteras precipitan en la pobreza.
En cuanto al conflicto Israel-Hamás, según las estimaciones del Banco de Israel, el costo total de la guerra que comenzó tras el ataque del 7 de octubre de 2023 ha llegado a más de 352.000 millones de shekels, más de 110.000 millones de dólares, prácticamente una quinta parte de la economía total de Israel. La cifra, según análisis financieros del Banco Central de Israel, incluye gastos militares directos (unos 243.000 millones), pero también fondos para compensaciones a civiles, intereses de la deuda e intervenciones económicas internas para sostener a un país movilizado casi permanentemente.
El ritmo del gasto en los últimos dos años y medio ha sido impresionante. En las fases más intensas del conflicto, según el economista militar Gil Pinchas (ex asesor económico del Jefe del Estado Mayor del Ejército y responsable del departamento de presupuesto del Ministerio de Defensa israelí), el costo promedio se ha estimado en torno a los 300 millones de shekels al día, casi cien millones de dólares. Cada cohete interceptado, cada misil lanzado, cada hora de vuelo de los cazas tiene una especie de “precio de lista” en los registros militares.
Detrás de estas cifras hay una movilización sin precedentes. Más de 300.000 reservistas israelíes fueron llamados a filas durante el primer año de guerra, a los que se suman unos 170.000 militares en servicio permanente. El peso económico no solo afecta a los gastos militares: también significa fábricas paradas, oficinas vacías y una producción ralentizada. El propio Banco Central israelí estima que por cada reservista se pierden al mes unos 38.000 shekels (poco más de 10.000 euros) en términos de producción económica. Costos destinados a aumentar, dado que ahora, con el ataque a Irán, el Ministerio de Defensa ha llamado a otros 100.000 reservistas.
Pero el conflicto no afecta solo al presupuesto estatal de Israel. Estados Unidos también ha soportado costos relevantes. Según un proyecto de investigación (Costs of War) iniciado en 2010 por la Watson School of International and Public Affairs de la Brown University de Providence para estudiar los costos humanos, económicos, políticos y ambientales de las guerras, desde 2023 Washington ha proporcionado más de 21.000 millones de dólares en ayuda militar a Israel, a los que se suman entre 9 y 12.000 millones de dólares gastados en operaciones militares relacionadas en la región, entre el Mar Rojo y el Golfo Pérsico.
Si se consideran las consecuencias sobre el terreno solo en la Franja de Gaza, la dimensión económica se vuelve aún más impresionante. Estimaciones conjuntas de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea indican que reconstruir Gaza costará al menos 70.000 millones de dólares y llevará décadas. En la Franja, donde todavía viven más de 2 millones de personas, el 84 por ciento de los edificios e infraestructuras (hospitales, escuelas, energía y agua) están dañados o destruidos, hay cerca de 425.000 viviendas afectadas y 55 millones de toneladas de escombros por retirar. En otras palabras, el costo de destruir supera con creces al necesario para construir. Pero el tiempo que se requiere para que las armas arrasen ciudades enteras es infinitamente breve comparado con los tiempos de la reconstrucción. Es una dinámica que se repite en muchos conflictos contemporáneos.
El intercambio de ataques y represalias entre Israel e Irán, con la participación directa o indirecta de Estados Unidos, está transformando el conflicto en una confrontación regional cada vez más costosa. La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra el país de los ayatolás ya ha golpeado miles de objetivos militares y gubernamentales en decenas de oleadas de ataques. Y viceversa, se han lanzado misiles balísticos y drones iraníes contra Israel; la represalia de Teherán contra bases militares estadounidenses, infraestructuras estratégicas vinculadas a Estados Unidos e intereses occidentales, ha involucrado a Irak, Qatar, Emiratos Árabes, Azerbaiyán, Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin y Chipre.
Según estimaciones citadas por la agencia de noticias internacional Reuters, la guerra abierta con Teherán podría llegar a costar varios miles de millones de dólares a la semana a la economía israelí entre movilización militar, defensa antimisiles y ralentización de las actividades económicas. La nueva espiral de guerra ha reavivado también los enfrentamientos en el frente libanés, con lo que queda de Hezbolá, y ha vuelto a encender las ambiciones de los hutíes yemeníes de golpear los intereses israelíes y estadounidenses en el Golfo Pérsico.
En este escenario, Gaza, con sus emergencias humanitarias y su destrucción generalizada, corre el riesgo de desaparecer. O de convertirse simplemente en el trágico prólogo de una de una trama más amplia, dominada por intereses geopolíticos que involucran rutas energéticas, corredores comerciales y el control de territorios estratégicos.
La paradoja es evidente, desconcertante. Mientras se destinan cientos de miles de millones a la guerra, apenas quedan migajas para la reconstrucción y el desarrollo. Con una fracción de las sumas gastadas en armas se podría apostar por la paz y la prosperidad, financiando infraestructuras, programas de salud y proyectos de estabilización económica para millones de personas. Uno de los temas más urgentes que habrá que afrontar en Gaza será el de los huérfanos, los mutilados, los ancianos, los marcados por traumas de posguerra que perdurarán en la población durante décadas. Sin embargo, Oriente Medio sigue siendo uno de los principales mercados globales para la industria militar. El paraíso en la tierra para los Señores de la guerra que anhelan un conflicto que se retroalimente hasta el infinito, más allá de de cualquier posible salida política.
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24/06/2025 16:59
