19/10/2015, 00.00
VATICANO-ITALIA
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​Card. Montenegro: Pedagogía y acogimiento para resolver la crisis de los migrantes

El presidente de Caritas Italia dice a AsiaNews: “En Italia todavía quedan muros por derribar, que sólo caerán cuando en lugar de servir la mesa para el pobre, nos sentemos a comer con él”. En el Sínodo “se discute también sobre las familias que son forzadas a emigrar. Y no se trata sólo de un problema del Tercer Mundo: en mi tierra, Sicilia, se está volviendo a partir en busca de mejores oportunidades. Y quienes pagan las consecuencias son las familias, núcleo de la sociedad”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – "Cuando estemos en grado de derribar los últimos muros y de sentarnos a comer con el pobre, mirándolo a la cara y reconociéndolo como hermano nuestro, habremos dado el último paso necesario”. Quien lo dice a AsiaNews es el Card. Francesco Montenegro, presidente de Caritas Italia y arzobispo de Agrigento. El prelado está participando en el trabajo del Sínodo ordinario sobre la familia, que se está desarrollando en estos días en el Vaticano. Y agrega: "Lo que se precisa para resolver la crisis de los migrantes es un compromiso pedagógico, que transforme la tolerancia en acogimiento".

En cuanto a los “mayores esfuerzos” solicitados a la Iglesia italiana por el Papa Francisco, en referencia al acogimiento de los migrantes, y sobre el rol de león que Caritas asume en este compromiso, el Card. Montenegro tiene ideas claras al respecto: “Creo que el rol principal de Caritas es de índole pedagógico, una dimensión que nunca ha de ser olvidada. Caritas necesita ayudar a las comunidades en la cultura del acogimiento, porque esta cultura no es siempre vivida o visible. Y justamente por tener un valor pedagógico, necesita de los hechos”.

El hecho en cuestión es simple: “Si yo tengo cerca mío un hermano que sufre, que atraviesa necesidades, entonces tengo que poner en juego el amor. Y este amor no se mide por lo que yo doy, sino por aquello de lo cual me privo. Caritas invita a las comunidades a dar ese paso adicional de generosidad y de donaciones, privándose de algo para darle espacio al otro”.

Italia tiene una noble historia de hospitalidad, pero en los últimos tiempos se han desencadenado demasiadas polémicas en torno al tema: “Creo que los muros levantados contra la inmigración no se han caído aún. El hecho de que Italia es hospitalaria ha sido demostrado de muchas maneras, pero queda aún por verse que este acogimiento sea transformado en disponibilidad. Recuerdo las palabras de Mons. Bello, cuando decía: ‘La convivencia de los pueblos no es tan sólo servir la mesa del pobre, sino sentarse a la mesa con él’. Quizás es éste el paso que queda por dar”

En la práctica, subraya, “es descubrir que el otro es un hermano con quien puedo estar. Y no es cierto que encontrarme con alguien a quien no conozco necesariamente hace surgir sentimientos de miedo. Así como el otro puede darme miedo, debemos tener en mente que también yo puedo generarle miedo a él. Creo que todavía debemos hacer este camino, donde un acogimiento sea visible. Muchas veces, más que de integración, hablamos de tolerancia: yo te permito estar cerca mío, y tú debes agradecerme que yo no te eche de aquí. Esto no es integración. La integración nace cuando, juntos, nos miramos a la cara, y descubrimos que podemos hacer juntos el camino que tenemos por delante”.

Entonces el punto es cómo resolver esta crisis que involucra a tantos millones de personas: “Esta crisis ya había sido prevista en 1950. Los técnicos de la época delineaban ya la posibilidad de un éxodo masivo durante estos años.  Estamos comenzando a dividir a los migrantes entre quienes escapan porque son perseguidos por motivos religiosos o políticos, y quienes huyen por motivos económicos. Y estamos empezando a negar el acceso a los refugiados por motivos económicos...¿pero el hambre, no es ya una guerra?”.

“Estamos ante una situación -agrega el Card Montenegro- más que difícil. Esta gente tiene derecho a vivir y yo, si me atengo a la Consitución Italiana y a la Declaración Universal de los derechos del hombre, no puedo cerrarles la puerta. Si vienen, deben ser acogidos. Pero he dicho siempre que el mal no es la inmigración: ésta no es más que el síntoma de una injusticia por la cual se rige el mundo”.

“En tanto sigamos colonizando esas tierras - explica- quienes las habitan vendrán a pedirnos que rindamos cuentas, con intereses incluídos, de todo cuanto ha sido hecho. Y es lo que está sucediendo: si no sistematizamos esta relación de injusticia transformándola en una relación de justicia, nada cambiará. La mejor solución sería ver realizadas, en su lugar, dinámicas que no empujen hacia una migración: los países de los cuales parten los migrantes están siendo privados de sus jóvenes, ¿cuál será su futuro? Y nosotros, con esta mentalidad de ser los primeros en nuestra clase, ¿que futuro tendremos? O construimos el futuro en base a una solidaridad, como nos invita a hacer el Papa Francisco, o corremos el riego de permanecer como espectadores de una realidad que no podrá cambiar si no es con nuestra intervención”.

El tema de los migrantes abarca, obviamente, el Sínodo en curso: “Hemos hablado sobre esto, hay muchas intervenciones sobre el tema. Está claro que este fenómeno de la migración está dividiendo a las familias, pero quiero subrayar que no se trata de un drama que involucra solamente a otras tierras. Yo veo en mi propia tierra cómo muchos han comenzado a partir, por ejemplo, rumbo a Alemania o a otras naciones: las familias se quiebran. Parte el padre, la madre debe ocuparse de los hijos y el dinero nunca alcanza. No podemos dejar de tomarlo en cuenta, sobre todo porque el futuro está ligado a la familia, porque el mundo entero es una gran familia, y si no cuidamos a la familia en lo pequeño, núcleo de la sociedad, tendremos poco camino por recorrer”. 

 

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