23/06/2016, 14.02
ISRAEL-PALESTINA
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Activista israelí: Netanyahu un obstáculo para la paz, para echarlo basta la acusación de corrupción

de Uri Avnery

Se multiplican las investigaciones contra el Premier, por gastos locos y una mal gestión de los fondos. A despecho del consentimiento, la magistratura podría decretar el fin de la carrera política. El rol de la esposa, Sara en la malversación. La corrupción, un mal radicado en la clase política y dirigente israelí. A continuación publicamos un editorial de Uri Avnery, ex diputado, escritor y activista por la paz. (de Gush Shalom. Traducción italiana a cargo de AsiaNews).

Jerusalén (AsiaNews)- Hace muchos años recibí una llamada telefónica de la oficina del gabinete del entonces Premier. Me comunicaban que Yitzhak Rabin quería verme en privado.

Y fue el mismo Rabin quien me abrió la puerta. Él estaba solo, dentro de su residencia. Me llevó hasta una cómoda silla, ofreció dos abundantes vasos de wisky, uno para mí y otro para él, e inició a hablar sin tapujos-él aborrecía las charlas vacías- pidiendo: “Uri, ¿decidiste destruir a todas las palomas del partido laborista?”   

Mi semanario, Haolam Hazeh, estaba conduciendo en esa época una campaña contra la corrupción y había acusado a dos figuras laboristas de primer plano: el nuevo presidente del banco central israelí y el ministro para los Alojamientos.

Ambos, en la época de los hechos, eran exponentes del ala moderada del partido.

Expliqué a Rabin que en la lucha contra la corrupción no se podía hacer descuentos a nadie, ni siquiera a los políticos cercanos a mi orientación política. La corrupción era ya para mí un motivo de lucha.

La primera generación de los padres fundadores de Israel estaba libre de la corrupción. La corrupción no era ni siquiera imaginable.

De hecho el valor de la pureza era alentado a los niveles más extremos. Una vez un líder laborista de primer plano fue objeto de críticas feroces por haberse construido una mansión en un suburbio de Jerusalén. No existía ni siquiera la mínima mención de corrupción en la cuestión. Él había heredado el dinero. Sin embargo, eso era considerado escandaloso, como un hecho que un jefe de los laboristas pudiese vivir en una mansión. Un “tribunal de los compañeros” sancionó la expulsión del partido y esto decretó el fin de su carrera política.  

Al mismo tiempo, se construía una residencia oficial para el ministro de exteriores, de modo que él pudiese recibir a los dignatarios extranjeros en un ambiente decente. El ministro de esa época, Moshe Sharett, estaba convencido que fuese equivocado continuar poseyendo un departamento privado, por lo tanto decidió venderlo y donar lo recibido a diversas asociaciones benéficas.

La generación sucesiva ya desde el primer momento se presentó en un modo totalmente diverso. Se comportó como si fuese dueña del lugar por derecho divino. Su representante más típico fue Moshe Dayan. Él era nativo del país y David Ben Gurion lo nombró como jefe de su equipo. En este rol él había dirigido diversos “ataques punitivos” a los largo de las fronteras y en un segundo momento, el ataque de 1956 a Egipto que se concluyó con una aplastante victoria (ayudada por la invasión franco-británica del área del canal de Suez, detrás de las líneas del ejército egipcio).

Dayan era un arqueólogo aficionado. Y acumuló en su mansión privada (en esa época las mansiones no pagaban impuesto) con objetos antiguos que sacó de muchísimos lugares del país. Cosa que era rigurosamente ilegal, porque las excavaciones conducidas en manera provocaban la destrucción de pruebas históricas, haciendo luego imposible el poder datar los objetos encontrados. Pero la opinión pública cerró un ojo porque, por otro lado Dayan era un héroe nacional.

Entonces mi revista publicó una revelación devastadora: Dayan no sólo tenía los restos históricos en su jardín, sino que vendía tales objetos en todo el mundo, con una empresa personal que hacía que los precios crecieran. Esta revelación causó un escándalo enorme y fue fuente de odio contra mí. En un sondeo público elaborado ese año resulté ser “la persona más odiada” del país, superando hasta al jefe del partido comunista (y desde aquel momento los sondeos fueron interrumpidos).

El cuñado de Dayan era Ezer Wietzman, el general en jefe de las Fuerzas Aéreas que han logrado la magnífica victoria en la Guerra de los seis días de 1967. Era un secreto de Pulcinella (lo sabía todo el mundo) el hecho que Weitzman era un millonario hebreo americano y vivía en un lujosa mansión en Cesarea, el lugar más caro de todo el país (en la zona en la cual surge ahora la mansión de Benjamín Netanyahu).

Para algunos años esta fue una costumbre común. Cada millonario hebreo en América tenía “su” general en Israel, del cual cuidaba el estilo y que era su orgullo y su alegría. Para los hebreos ricos, tener un general israelí en las fiestas de familia era un status symbol obligado.

Ariel Sharon por ejemplo, hijo de padres pobres, crecido en una aldea de cooperativa, no apenas terminó su carrera militar era ya propietario de una gran mansión. Se la había donado por un americano de origen israelí multi-millonario (según algunas voces el millonario había construido la casa con el dinero robado al fisco).

Era la época en la cual los generales israelíes no eran sólo héroes en la patria, sino en todo el mundo. Moshe Dayan, fácilmente reconocible por su venda negra (en el ojo), era un héroe ya sea en Los Ángeles como en Haifa.

Todos estos generales (hecha excepción a Ezer Wietzman, que provenía de una familia rica) crecieron en condiciones muy difíciles. Los padres eran miembros de los Kibbutz (comunas) o moshavin (cooperativas de barrios), en ese tiempo muy pobres. Sharon, un joven originario de un moshav, me confió que caminaba más de media hora cada día para ir a la escuela secundaria, para ahorrar el dinero del boleto del autobús.

Este dsicurso vale también para la generación sucesiva de líderes. Ehud Olmert, ex Premier-hoy encarcelado por corrupción-creció en un barrio pobre con la obsesión de poseer y rodearse de objetos preciosos. El ex presidente del Estado, Moshe Katzav, que comparte la prisión con Olmert-condenado por violación, no por corrupción-también él creció en la pobreza entre los miembros de la nueva inmigración (a propósito de esto circula una broma: Después de un concierto en la cárcel el guardia carcelero anuncia: “Todos permanezcan sentados hasta que el presidente y el Premier no se vayan”).

Ehud Barak, ex jefe del gabinete y ex Premier, hoy está acumulando una enorme cantidad de dinero “dando consejos a los gobiernos extranjeros”. “Y también él nació en un barrio pobre”.

Yo escapé de esta codicia por el dinero, si bien yo mismo haya vivido en pobreza, después de haber llegado a Palestina a la edad de diez años. Por fortuna, antes de esto crecí en Alemania en circunstancias bien distintas. Habiendo sido, tanto yo como mi familia muy felices ya sea en Israel como en Alemania, de eso he aprendido que la felicidad no tiene nada que ver con la riqueza ni con el dinero.

Me viene a la mente todo esto, porque casi día estamos bombardeados de acusaciones de corrupción contra Benjamín Netanyahu y la esposa Sara, que no goza seguramente de una gran popularidad.

Sara´le, como es llamada a menudo, una ex azafata de las líneas aéreas que conoció a su marido en un vuelo, parece ser una persona de mal genio que tiraniza al personal de servicio de la residencia oficial. Algunos de ellos le han hecho juicios a la mujer. Ellos han revelado que desvía los fondos públicos para sus intereses y sus necesidades privadas.

Sin embargo, lo que mayormente molesta es que Sara Netanyahu, que no fue elegida por nadie, parece que se ocupa de los nombramientos más importantes. Nadie puede llegar a los máximos niveles sin ser entrevistado por ella misma personalmente. A ella se le debe el nombramiento de tres altos funcionarios responsables de las fuerzas del orden: el consultor legal (en realidad el super-ministro de justicia), el potente contador del Estado y el jefe de la policía.

Si así fuese, sería un acto de gra previsión. Porque ahora los tres están abocados día y noche en frenéticas consultas entre ellos sobre cómo obrar con la marea de informaciones relacionadas con los negocios financieros de la familia Netanyahu. Ellos tratan, en modo desesperado evitar un proceso contra los Netanyahu, pero la cuestión se complica cada día más, porque ellos deben responder su modo de obrar en la Corte suprema. En el pasado yo ya he hablado de algunas de estas informaciones, pero cada semana surgen nuevas. Se convirtió como una especie de deporte nacional.

Todo comenzó con la comunicación que antes de convertiré en Premier, en un momento en el cual hacía dentro y fuera del gobierno, Netanyahu se hacía pagar el doble o el triple por sus vuelos aéreos en primera clase por diversos institutos que desconocían el hecho, sin declarar este dinero como entrada. Este modo de obrar hoy se lo llama en lunfardo (slang) israelí “Bibitours”.

Desde entonces él estuvo implicado en todo tipo de negocio que se acerca más al crimen de corrupción y que hoy está en fase de “examen” en varios niveles. Y en el tiempo se agregaron otros a la lista. Los tres altos funcionarios nombrados por Netanyahu se consultan en modo frenético para entender si ordenar una investigación sobre él, eventualidad que lo obligaría-al menos por un período de tiempo- a abandonar el cargo.

Lo máximo se alcanzó cuando en Francia un financiero hebreo acusado por un fraude colosal reveló al juez haber donado, en forma privada, un millón de dólares y de haber pagado los gastos de alojamiento a Netanyahu, en los caros hoteles en diversas ciudades, entre los cuales en la costa francesa. No se pudo saber la cifra exacta, pero se comprobó que Netanyahu haya recibido grandes regalos en dinero de este hombre, que estaba de hace tiempo investigado por corrupción.

Los generosos contribuyentes israelíes (yo comprendido) han pagado por los cinco días de permanencia de Bibi en Nueva York el pasado otoño, la “módica” suma de seiscientos mil dólares. Esta suma- más de cien mil dólares por día- comprendía el peluquero personal (mil seiscientos dólares) y la maquilladora (mil setecientos cincuenta dólares). Finalidad del viaje era una intervención en la Asamblea general de las Naciones Unidas. Me pregunto cuánto habrá costado cada palabra pronunciada.

El hecho se convirtió en dominio público por orden del tribunal, que obró en cumplimiento de la Ley sobre la libre información. Pero la opinión pública israelí parece aceptar todo de buen agrado. Nadie parece indignarse. Y las bromas se realizan alrededor de la “pareja real”. Para muchos entre los mismos electores de Netanyahu, en su mayoría pobres de origen oriental, el descubrimiento es sólo la señal del hecho que es una persona inteligente, que sabe elegir las oportunidades, como cada uno de nosotros querría poder hacer.

Pero, ¿cómo van tratadas estas informaciones que dominan las primeras páginas de los periódicos y de los programas de información televisiva?

Debo admitir que las trato con un cierto desdén. ¿Qué sos estas cuestiones de pequeña corrupción, si comparadas con las decisiones y las no decisiones de Netanyahu las cuales tienen una influencia sobre el destino de Israel?

Considero a Benjamín Netanyahu como el sepulturero de nuestro Estado, el hombre que prepara el terreno para la catástrofe, el hombre que obstaculiza todo posible espiral de paz. Justamente esta semana, Netanyahu afirmó c on orgullo a sus colegas de partido que él no permitirá “jamás” iniciar negociados sobre la iniciativa de paz árabe de 2002, que comprende entre otras cosas la finalización de la ocupación, la creación del Estado palestino y la evacuación de los asentamientos. Muchas personas creen que este rechazo total resultará fatal.

Frente a estas calamidades, ¿por qué entusiasmarse por alguna pequeña cuestión de corrupción?

Pero luego me recuerdo el caso de Al Capone, el gánster que se manchó de crímenes sanguinarios, entre los cuales el asesinato a sangre fría a muchas personas, pero que al final fue condenado y encarcelado sólo por evasión fiscal.

Si Netanyahu puede ser condenado por una cuestión de banal corrupción y obligado a dimitir, ¿no sería todo esto un bien para el país?

 

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