17/02/2015, 00.00
VATICANO - MYANMAR
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Cardenal de Yangon, la iglesia birmana: voz de pobres y marginados, testigos de Cristo con las obras

de Dario Salvi
El primer purpurado de Myanmar cuenta que su Iglesia está "abierta a todos", que no evangeliza con el proselitismo sino "mediante obras y trabajo". Los católicos han transmitido a los otros credos el valor del diálogo interreligioso y obran por la paz entre el gobierno y las minorías étnicas. A los estudiantes en la plaza sugiere firmeza, pero no violencia. Y lanza nuevamente el estudio de las religiones en la escuela.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)-  La iglesia birmana "debe ser siempre más parte "del proceso de reconstrucción que está en acto en el país, tiene que ser la "voz de los pobres, de los últimos, de las minorías étnicas, de cuantos han perdido la esperanza y son marginados". Sin embargo, ella "no es una Ong con una agenda y objetivos que alcanzar", sino es una realidad "abierta a todos", ninguno excluido" a través de la cual "llevar el mensaje de Cristo". Es lo que afirma el neo. Cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, que el pasado 14 de febrero  recibió la birreta cardenalicia, junto a otros dos asiáticos: Francois-Xavier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok y Pierre Nguyen van Nhon, arzobispo de Hanói. Entrevistado por AsiaNews antes de regresar a Myanmar, el neo-purpurado explica que "el valor de ser cristianos" y la obra de evangelización no se alcanzan "con el proselitismo", sino mediante "las obras y el trabajo". "Como afirma el Papa Francisco, podemos crecer a través de la acción y la atracción, porque no estamos en la búsqueda de poder o de opresión sobre los otros".

El card. Bo nació el 28 de octubre de 1948 en Monhla, pueblo del distrito de Shwebo, en la arquidiócesis de Mandalay, en el centro de Myanmar. Él creció en la casa de los salesianos y siguiendo el carisma de D. Bosco, cumplió el camino de formación espiritual. Ordenado sacerdote en Lashio el 9 de abril de 1996, él estuvo a cargo de la parroquia de Loihkam hasta 1981, luego en la misma Lashio por los 2 siguientes años. El 17 de julio de 1990, la prefectura es elevada a diócesis y él se convierte en su primer obispo, recibiendo la consagración episcopal el 16 de diciembre. El 13 de marzo de 1996 lo transfieren a la diócesis de Pathein y en el 2002 es nombrado administrador apostólico de la arquidiócesis de Mandalay. El 15 de mayo de 2003  es promovido como arzobispo  de Yangon, donde ingresó el 7 de junio.

En estos años el neo purpurado intervino en varios eventos y en las cuestiones más importantes que han caracterizado la vida del país, relanzando nuevamente la Iglesia local que hace poco celebró sus 500 años de vida. Él ha reivindicado en varias ocasiones el derecho a la libertad religiosa y el deber de reforzar el diálogo interreligioso, promoviendo al mismo tiempo el camino de la evangelización y apoyando el proceso de paz entre el gobierno y las minorías étnicas.

Hablando de Myanmar, el card. describe a su país como que está "en una fase de reconstrucción" después de decenios de conflictos, tensiones, dictaduras y profundas divisiones. "En dos o tres años no es posible construir una sociedad perfecta, destruir e fácil mientras que es más difícil reconstruir. La situación está mejorando, nacen nuevas escuelas, son liberados los prisioneros políticos, hay hoy más derechos-agrega- pero es necesario tener paciencia, escuchar y buscar el diálogo, el compromiso entre las partes". En este sentido, él invita a los estudiantes que están en la plaza en estas semanas para pedir modificaciones en la reforma de la instrucción a "que estén unidos, firmes" pero al mismo tiempo, evitar, "cualquier forma de violencia o el uso de la fuerza". Las reivindicaciones de los jóvenes son legítimas, confirma el card. Bo. Algunos puntos entre los cuales la libre asociación sindical y la valorización de las minorías étnicas "son justas", por esto "los invito a ser educados, instruidos y firmes".

Comentando el nombramiento cardenalicio, el arzobispo de Yangon habla de "una sorpresa hecha por el Papa". Pero que no considera "un honor individual o un título, sino una responsabilidad para la Iglesia de Myanmar y para todo el país". El pontífice "trata de alcanzar a todos, mira a las periferias del mundo y también si en Myanmar los católicos son solamente el 1,3 ,1,5%, él demostró toda su atención hacia nosotros". El purpurado recuerda la obra de la Iglesia birmana por la democracia, por la paz y el diálogo interreligioso en una nación todavía hoy marcada por conflictos y divisiones: confesionales entre budistas y Rohingya, musulmanes del Estado occidental de Rakhine; étnicas, en particular entre el gobierno central y la minoría kachin en el homónimo Estado en el norte, en la frontera con China, habitado en grandísima mayoría por cristianos y católicos.

En los últimos años el gobierno y la dirigencia en el poder, se concentraron demasiado sobre la "pertenencia birmana y la fe budistas", que representan por otro lado el 85% del país, relegando a los márgenes a las minorías étnicas. La Iglesia obra por la reconstrucción y la reconciliación, agrega el purpurado, deseando una "honesta distribución de los recursos" y afirmando los valores de "justicia, paz y desarrollo". A través de Caritas birmana (Karuna), continúa, ella trabaja por los derechos de los individuos y el diálogo interreligiosos", aprovechando del hecho que "hoy el gobierno está más dispuesto a recibir sugerencias y propuestas".

La iglesia es parte de este proceso, que toca también a la reconciliación entre budistas Arakan y musulmanes Rohingya. Se necesitan acuerdos, diálogo y paciencia, comprensión, porque "no hay una solución simple e inmediata en el horizonte". La situación "permanece crítica", pero como católicos "estamos comprometidos en la promoción de los negociados", porque fue justamente la Iglesia la que llevó a Myanmar el valor del diálogo interreligioso, "desconocido a budistas y musulmanes, pero que ahora se convirtió en urgencia y una necesidad común a todos". Entre las propuestas lanzadas por los vértices católicos birmanos, es la de inserir en los "curricula" escolásticos "el estudio de la religión, es más de la distintas religiones que están presentes en Myanmar". "Porque es importante que los niños aprendan la historia-concluye el primer cardenal de la Iglesia birmana- el respeto, la convivencia y es por otro lado importante que este recorrido de conocimientos y de educación, abrace a las escuelas, las instituciones, a los jóvenes, ministros, funcionarios, hasta los monjes de los monasterios y los futuros seminaristas en los seminarios".   

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