17/05/2019, 13.21
RUSIA
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Ekaterimburgo, el pueblo sale en defensa del parque y contra la Iglesia ortodoxa

de Vladimir Rozanskij

Hace días que se suceden protestas porque la Iglesia ortodoxa quiere edificar un edificio sagrado en el parque de la ciudad. La policía reprime con violencia a los manifestantes. Putin pide atender los reclamos de la población: “Las iglesias deben unir, no dividir”. Es el primer caso en que se constata la oposición al proyecto del patriarca Kirill de construir “200 iglesias por año”. La némesis del Estado bolchevique, que en el pasado destruía iglesias; y ahora, las construye.

 

Moscú (AsiaNews) - La población de Ekaterimburgo se ha sublevado contra la Iglesia ortodoxa, a raíz de la decisión de construir una iglesia en el parque de la ciudad, eliminando el espacio verde público. Desde el 13 de mayo, las protestas han asumido formas muy intensas, que hasta ahora han llevado al arresto de 70 personas, incluyendo algunos menores de edad. La gente ha destrozado el vallado que protegía la obra del nuevo edificio de culto y comenzó a enfrentarse con los grupos a favor de la construcción. Al día siguiente, las autoridades interrumpieron las obras, pero las manifestaciones no se detuvieron: los “defensores del parque” ocupan la zona paseando, cantando y cortando el tráfico en la zona próxima a las obras.

La vicealcaldesa de la ciudad, Ekaterina Kuzemka, ha prometido realizar un sondeo entre la población para tomar una decisión en relación a la prosecución del proyecto. El mismísimo presidente Putin ha sugerido escuchar a los ciudadanos de Ekaterimburgo en cuanto a la necesidad de construir una nueva catedral, y afirmó que “las iglesias deben unir, no dividir; es mejor atender el parecer de la mayoría de la población local; y si realmente se debe construir la iglesia, pues entonces que se rehaga el parque en otro lugar”.

A las protestan contra la obra se sumaron otras, por la violencia de la policía, que habrían provocado lesiones físicas a los manifestantes arrestados: a un muchacho menor de edad le habrían quebrado las muñecas para obligarlo a firmar una declaración de culpabilidad. Por otro lado, un periodista llamado Vladislav Postnikov de Otkrytaja Rossija, fue detenido y luego liberado con la obligación de comparecer; Postnikov declaró que si bien no había infringido ninguna ley, fue arrestado tras haber filmado a algunos miembros de los servicios de seguridad que se entremezclaban con la multitud.

La construcción de nuevas iglesias es uno de los proyectos más importantes del patriarca de Moscú, Kirill (Gundjaev), que se ha fijado importantes objetivos, como la inauguración de “200 iglesias por año”, para que los servicios de la liturgia ortodoxa puedan ser accesibles a todos los rusos. Las iglesias en obra se construyen tanto en los centros históricos como en las periferias, con la ayuda de las autoridades locales y de particulares, fundamentalmente empresarios adinerados, los llamados “oligarcas”. La protesta de Ekaterimburgo constituye el  primer caso clamoroso de oposición a esta difusión capilar de la influencia eclesiástica en el país, y de su conexión con la élite del poder.

La ciudad de los Montes Urales tiene un alto valor simbólico, siendo el lugar donde se produjo el asesinato del zar Nicolás II y de su familia, en julio de 1918. La construcción de la nueva catedral fue decidida el año pasado, en el centenario de la conmemoración del martirio del zar, cuando todo el Sínodo de obispos rusos de reunió, precisamente, en Ekaterimburgo.

Por otro lado, la ciudad es la cuna natal de Boris Yeltsin, el primer presidente de la Rusia post-comunista. En realidad, ya hubo anteriormente protestas en torno a la ocupación de los espacios verdes de uso público para construir iglesias, como de hecho sucedió en Moscú, en el verano del 2015, en el parque “Torfjanka”, en el vecindario de Losinoostrovskij. El descontento luego volvió a ocupar la escena.

En aquél entonces, el patriarca Kirill intentó aplacar los ánimos, agradeciendo a los que apoyan y sostienen la construcción de las nuevas iglesias, pero “solo cuando este apoyo sea expresado de forma pacífica y en el marco de la ley”. En efecto, en Moscú aparecieron en escena los miembros del movimiento Sorok Sorokov, “Cuarenta cuarentenas”, una expresión que recuerda las antiguas “cuarentenas” de campanas de la iglesias de Moscú,que luego fueron destruidas por los bolcheviques. El grupo es una especie de brigada de fundamentalistas ortodoxos, a quienes les complace recurrir a medios bastante violentos, como de hecho sucedió hace dos años con ocasión de las protestas contra el filme “sacrílego” y anti-zarista Matilda, cuando impidieron la proyección de la película, llegando a arrojar explosivos contra las salas de cine.

Lo paradójico es que, para sofocar las protestas de los ciudadanos, se usen métodos típicos de la represión del disenso en tiempos soviéticos, cuando las iglesias eran clausuradas o destruidas. La Iglesia ortodoxa corre el riesgo de ser vista como la prosecución de su misma negación, es decir, como un instrumento orientado a la negación de los derechos humanos.

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