25/09/2016, 12.11
VATICANO
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El Papa en el Jubileo de los catequistas: es amando que se anuncia a Dios-Amor

En la misa jubilar ante decenas de miles de catequistas de todo el mundo, el Papa Francisco destaca el "centro" de la fe a proclamar: "El Señor Jesús ha resucitado, el Señor Jesús te ama, por ti ha dado su vida" . Pero también destaca la calidad del mensajero, "no a fuerza de convencer, jamás imponiendo la verdad, y tampoco volviéndose rígido en torno a alguna obligación religiosa o moral". El rico es"ciego" porque no ve al pobre; "bizco", porque "mira con reverencia a la gente famosa, de alto rango, admirada por el mundo, pero aparta la mirada de tantos Lazaros de hoy". Hoy "hemos caído en este abismo de la indiferencia, la mundanidad, el egoísmo". Solidaridad para con los obispos mexicanos en su compromiso por la familia y contra la ideología de género. La beatificación del sacerdote Engelmar Unzeitig, asesinado en el campo de exterminio de Dachau. La Jornada por el Sordo.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "No a fuerza de convencer, jamás imponiendo la verdad, y tampoco volviéndose rígido en torno a alguna obligación religiosa o moral", sino que "es amando que se anuncia a Dios-Amor". El Papa Francisco, en la homilía de la misa con motivo del Jubileo de los catequistas, describió la figura de los que se dedican en la Iglesia al anuncio de la resurrección de Jesús y a la enseñanza de la fe católica.

Para la ocasión han llegado a Roma de todo el mundo más de 15 mil catequistas, que representa a millones repartidos en todas las naciones. Varios cientos vienen de Asia. Muchos de ellos son voluntarios en este esfuerzo; otros son empleados comprometidos totalmente en la comunicación de la fe cristiana.

En la homilía, el Papa, ante todo, ha dejado en claro el corazón del mensaje cristiano a comunicar: "Este centro, en torno al cual gira todo, este corazón que late y da vida a todo, es el anuncio pascual, el primer anuncio: el Señor Jesús ha resucitado, el Señor Jesús te ama, ha dado su vida por ti; resucitado y vivo, está a tu lado y te espera todos los días. Nunca debemos olvidarlo. En este Jubileo de los Catequistas, se nos pide que no nos cansemos de poner en primer lugar el anuncio principal de la fe: el Señor ha resucitado. No hay un contenido más importante, nada es más sólido y actual".

Inmediatamente después, el Papa se detuvo en el mensajero que anuncia el anuncio: "Es amando que se anuncia al Dios-Amor: no a fuerza de convencer, jamás imponiendo la verdad, ny tampoco aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral. A Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino. El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y verdadero, con la escucha y la acogida, con la alegría que se irradia. No se habla bien de Jesús cuando se está triste; tampoco se transmite la belleza de Dios haciendo sólo bonitos sermones. Al Dios de la esperanza se le anuncia viviendo  hoy el Evangelio de la caridad, sin miedo a dar testimonio de él incluso con nuevas formas de anuncio".

Para explicar qué es el amor, Francisco se inspiró en la parábola del hombre rico y el mendigo que relata el Evangelio de hoy (26to del año, ciclo C, Lucas 16,19-31). El rico, explica el Papa, "no hace daño a nadie, no se dice que sea malo. Sin embargo, tiene una enfermedad peor que la de Lázaro, que estaba «cubierto de llagas» (ibíd.): este rico sufre una fuerte ceguera, porque no es capaz de ver más allá de su mundo, hecho de banquetes y ricos vestidos. No ve más allá de la puerta de su casa, donde yace Lázaro, porque no le importa lo que sucede afuera. No ve con los ojos porque no siente con el corazón. En su corazón ha entrado la mundanidad que adormece el alma. La mundanidad es como un «agujero negro» que engulle el bien, que apaga el amor, porque lo devora todo en el propio yo. Entonces se ve sólo la apariencia y no se fija en los demás, porque se vuelve indiferente a todo. Quien sufre esta grave ceguera adopta con frecuencia un comportamiento «estrábico»: mira con reverencia a las personas famosas, de alto nivel, admiradas por el mundo, y aparta la vista de tantos Lázaros de ahora, de los pobres y los que sufren, que son los predilectos del Señor.".

La actitud del Señor es la opuesta: "el Señor mira a los que el mundo abandona y descarta. Lázaro es el único personaje de las parábolas de Jesús al que se le llama por su nombre. Su nombre significa «Dios ayuda». Dios no lo olvida, lo acogerá en el banquete de su Reino, junto a Abraham, en una profunda comunión de afectos. El hombre rico, en cambio, ni siquiera tiene un nombre en la parábola; su vida cae en el olvido, porque el que vive para sí no construye la historia. La insensibilidad de hoy abre abismos infranqueables para siempre".

Haciendo una pausa y mirando a las decenas de miles de personas que se reunieron, agregó de forma espontánea: "Y nosotros hemos caído en este abismo de la indiferencia, la mundanalidad, el egoísmo".

El Papa, finalmente, muestra el contraste entre "la vida opulenta" del rico, que “reclama necesidades y derechos" incluso en la muerte y "la pobreza de Lázaro", de cuya boca "no surgen lamentos, protestas ni palabras despectivas".

"Como servidores de la palabra de Jesús - dijo el Papa - estamos llamados a no hacer alarde de las apariencias y a no buscar la gloria; y tampoco podemos estar tristes y disgustados. No somos profetas de desgracias que se complacen en denunciar peligros o extravíos; no somos personas que se atrincheran en su ambiente, lanzando juicios amargos contra la sociedad, la Iglesia, contra todo y todos, contaminando el mundo de negatividad. El escepticismo quejoso no es propio de quien tiene familiaridad con la Palabra de Dios”.

“Quien proclama la esperanza de Jesús es portador de alegría y sabe ver más lejos, porque sabe mirar más allá del mal y de los problemas. Al mismo tiempo, ve bien de cerca, pues está atento al prójimo y a sus necesidades. El Señor nos lo pide hoy: ante los muchos Lázaros que vemos, estamos llamados a inquietarnos, a buscar caminos para encontrar y ayudar, sin delegar siempre en otros o decir: «Te ayudaré mañana». El tiempo para ayudar es tiempo regalado a Jesús, es amor que permanece: es nuestro tesoro en el cielo, que nos ganamos aquí en la tierra”.

“En conclusión, que el Señor nos conceda la gracia de vernos renovados cada día por la alegría del primer anuncio: Jesús nos ama personalmente. Que nos dé la fuerza para vivir y anunciar el mandamiento del amor, superando la ceguera de la apariencia y las tristezas del mundo. Que nos vuelva sensibles a los pobres, que no son un apéndice del Evangelio, sino una página central, siempre abierta ante nosotros".

Antes de recitar el Angelus, al concluir la misa, el Papa  Francisco dio las gracias a los catequistas presentes: “Gracias por vuestro compromiso en la Iglesia al servicio de la evangelización. La Virgen os ayude a perseverar en el camino de la fe ya testimoniar con la vida lo que transmitís en la catequesis”.

El pontífice también expresó su solidaridad hacia los obispos mexicanos, comprometidos en una  férrea batalla con el presidente Enrique Peña Nieto, que en los últimos meses ha expresado su voluntad de introducir en el país la ideología de género y el reconocimiento del matrimonio homosexual, con el derecho a la adopción por parte de las parejas gay. “Me asocio con gusto –dijo el Papa- a los obispos de México, en el apoyo al compromiso de la Iglesia y de la sociedad civil a favor de la familia y de la vida, que en este tiempo reclaman una especial atención pastoral y cultural en todo el mundo”. También aseguró sus oraciones “por el querido pueblo mexicano, para que cese la violencia que en estos días ha azotado incluso a algunos sacerdotes”. El 18 de septiembre, en la diócesis de Papantla (Estado de Veracruz) dos sacerdotes fueron raptados, y hallados muertos al día siguiente. Se trata del padre Alejo Nabor Jiménez Juárez y del padre José Alfredo Suárez de la Cruz.

Francisco luego recordó que ayer, en Wurzburgo (Alemania), fue proclamado Beato Engelmar Unzeitig, sacerdote de la Congregación de los Misioneros de Mariannhill. “Asesinado por el odio a la fe en el campo de exterminio de Dachau – dijo -  él contrapuso al odio el amor, a la ferocidad respondió con la dulzura. Su ejemplo nos ayude a ser testigos de caridad y de esperanza, incluso en medio de las tribulaciones”.

Por último, en ocasión de la Jornada del Sordo, que se celebra hoy, Francisco quiso saludar a “todas las personas sordas, aquí también representadas, y alentarlas a dar su contribución para una Iglesia y una sociedad (que sean) cada vez más capaces de acoger”.

 

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