12/01/2018, 13.31
RUSIA
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El futuro de Putin, según el patriarca Kirill

de Vladimir Rozanskij

El Patriarca ortodoxo de Moscú fue entrevistado por Dmitrij Kiselev, uno de los periodistas más importantes de la TV estatal. Defender la civilización de la degradación de los valores morales. La economía digital y las tarjetas de crédito. En la Navidad rusa han participado 2,5 millones de fieles (sobre un total de 145 millones de rusos).  

Moscú (AsiaNews) – Desde la Navidad del 7 de enero y hasta la fiesta del Bautismo del 19 (que corresponde a la Epifanía), en Rusia se pasan días de alegría conocidos como los svjatki, los “santitos”, que guardan similitudes con las máscaras del Carnaval occidental. La ruptura del ayuno pre-navideño y el inicio del año nuevo (que, según el calendario juliano, comienza el 14 de enero), todavía incluye la antigua tradición de las bromas y de las payasadas, para expulsar los temores con medios apotropaicos, con el Abuelo de Hielo y la Baba Yaga de las fábulas rusas, en lugar de Papá Noel y los Reyes Magos.

En el clima relajado de estos días, uno de los periodistas más importante de la TV de Estado, Dmitrij Kiselev, ha entrevistado al Patriarca ruso Kirill (Gundjaev), tratando incluso de provocarlo con temas políticos de la campaña electoral que acaba de ser lanzada, en vista de las elecciones presidenciales del próximo 18 de marzo. La perspectiva de que haya una cuarta reelección de Vladimir Putin es encuadrada en su nuevo rol de “candidato del pueblo”, no ligado a partidos políticos, y hoy, más que nunca,  inspirado por ideales religiosos arraigados en la tradición cristiana ortodoxa.

En la entrevista, el patriarca ha insistido sobre las perspectivas apocalípticas que siempre ha evocado y ahora, con más frecuencia aún, y que, a su modo de ver, constituyen un reclamo a la necesidad de prepararse para desafíos decisivos para la humanidad entera. Trayendo a colación el pasado, Kirill ha recordado la época de los zares, en la cual Rusia asuumió la responsabilidad de ser la “conciencia” (‘sovestlivost’) de la comunidad internacional. Esta actitud se refiere fundamentalmente al período post-napoléonico, cuando el imperio ruso, guiado por el zar Alejandro I,  el triunfador de la guerra contra el dictador en curso, propuso la “Santa Alianza” entre los imperios cristianos de Europa, para evitar nuevas aventuras revolucionarias. Su sucesor, Nicolás I, apodado el “gendarme de Europa” se comprometió a sostener las grandes monarquías, comenzando por el papado, para defender a la civilización de los movimientos liberales y de la degradación de los valores morales. Según palabras del patriarca ruso, ésta sería, también hoy, la tarea de la Rusia de Putin.

Aunque sin exponerse directamente a favor de líder político que conduce el país desde hace casi 20 años, el guía espiritual de los ortodoxos rusos ha hecho un desesperado llamamiento a sus fieles y a todos los ciudadanos, incitándolos a acudir masivamente a las urnas: “La Iglesia considera que es muy, muy importante la participación en las elecciones del próximo presidente, sobre todo para los fieles ortodoxos”. La invitación nace del temor a que haya poca afluencia, y de un escepticismo difundido en la población, que no ve en el mecanismo electoral una posibilidad real de influir en el curso político del país, firmemente en manos de Putin y de su aparato de poder, al cual también es asociada la jerarquía eclesiástica.

Pensando a futuro y en las perspectivas que se abrirían tras las elecciones, Kiselev ha preguntado al patriarca acerca de su opinión sobre el programa putiniano, en particular en lo que concierne a la propuesta de la “economía digital”, sobre la que tanto insiste el programa presidencial. Se trata de un tema particularmente delicado para la Iglesia, que desde hace años se opone a la obligación de las transacciones informáticas por considerarlas un “instrumento satánico”. En particular, los grupos ortodoxos más radicales se oponen a la adopción obligatoria de códigos fiscales que contengan las cifras 666, en las cuales ven un signo apocalíptico de la victoria del Anticristo.

Tratando de evitar tonos excesivos, el patriarca ha recordado que “la Iglesia estima mucho el concepto de seguridad, no sólo por los intentos fraudulentos de usar las tecnologías digitales para ocasionar daños irreparables a la sociedad, al país entero o a personas en singular. No se trata de cuestiones meramente tecnológicas, sino de dimensiones espirituales: la Iglesia está muy preocupada por el hecho de que los medios técnicos contemporáneos puedan limitar la libertad de las personas”. El prelado luego insistió sobre la amenaza de las formas digitales de la economía, comenzando por las tarjetas de crédito: “¿Qué pasaría si, repentinamente, en cualquier momento dado de la evolución histórica, se condicionase el acceso a estas tarjetas digitales a cambio de una declaración de lealtad al poder dominante? Hoy en día, para obtener la ciudadanía en cualquier país europeo, a cualquier persona que quiera naturalizarse o tener una visa de permanencia, se le pide ver una filmación en la cual se narra la vida de ese país, se cuenta cuáles son sus usos y costumbres, y sus leyes.  En esta película es habitual que se ponga muy en evidencia el tema LGBT, y luego de la proyección, se plantea la pregunta: ¿Está de acuerdo con todo esto?”. Si la persona responde: “Sí, estoy de acuerdo, para mí todo esto es normal”, entonces, pasa la selección y se vuelve ciudadano de ese país. Si dice que no, no recibe nada. ¿Y si el acceso a las propias  financias fuese limitado ateniéndose a condiciones similares? Son éstos los peligros contra los cuales la Iglesia hoy quiere hacer escuchar su voz”, concluyó amenazadoramente la entrevista  el patriarca Kirill.

Aguardando conocer los datos de los sondeos y de las sucesivas elecciones, el Ministerio del Interior ruso ayer difundió los datos relativos a la afluencia de fieles en las celebraciones navideñas. En todo el país, se celebraron 11.000 Divinas Liturgias en la noche del 6 al 7 de enero, en la cuales participaron 2,5 millones de rusos (sobre 145 millones de ciudadanos); en Moscú, las celebraciones se llevaron a cabo en 400 iglesias, con la presencia, en total, de menos de un millón de personas, sobre 12 millones de moscovitas. Son cifras algo inferiores a las de las festividades pascuales pasadas, en las cuales participó aproximadamente el 3% de la población, y el 7% de los habitantes de la capital; por otro lado, en la tradición ortodoxa la Pascua es mucho más sentida que la Navidad. De todos modos, según las teorías que más o menos hacen coincidir los sostenedores de Putin con ciudadanos de fe ortodoxa, los llamados patriarcales convocando a la participación parecen estar más que justificados.

 

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