27/03/2017, 16.00
PAKISTAN
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En Pakistán, los cristianos y el matrimonio se debaten entre el vínculo del Sacramento y la violencia doméstica

de Shafique Khokhar-Ata-ur-Rehman Saman

La comunidad cristiana ha emprendido un análisis profundo en torno al matrimonio. La atención se centra en los casos de abuso y violencia en el ámbito de la pareja. Por décadas, la única manera de separarse de un compañero violento era convertirse al islam. La historia de María, una de las víctimas.

Lahore (AsiaNews) – Rasguños y moretones en el rostro, en el cuello y en el brazo de María [usamos solamente el nombre, para proteger su identidad] cuentan mejor que mil palabras la violencia que ha sufrido por demasiado tiempo entre los muros domésticos. Sentada en un rincón de la casa de sus padres, la mujer todavía es presa del shock y del terror por los continuos abusos cometidos por su marido en estos años de matrimonio; un pastor llamado Víctor la asiste en este lento camino de recuperación. “Sólo en los últimos tres meses –cuenta- he tenido que abandonar siete veces la casa de mi marido, tras sufrir graves episodios de violencia física y psicológica”.  

La historia de María es tan sólo uno de los muchos ejemplos de violencia doméstica que se consuman a diario en Pakistán. Episodios graves, que no sólo afectan a la mayoría musulmana, sino que también se verifican dentro de la comunidad cristiana. Sin embargo, en el caso de las mujeres, se plantea un problema ulterior: la imposibilidad de escapar de los compañeros violentos por medio del divorcio, que el Estado les niega, excepto que se pague el precio de convertirse al islam.

En Pakistán, las leyes referidas al matrimonio cristiano revisten algunas normas particulares, muchas de las cuales se remontan a la época coloniaI: el Christian Marriage Act de 1872, el Christian Divorce Act de 1869 y la Succession Act de 1925. En 1981, la situación fue reformada por el entonces dictador Zia ul-Haq [quien también es autor de las polémicas leyes sobre blasfemia, ndr] con un decreto presidencial, que no contó con el consenso del Parlamento y tampoco con el de la comunidad de referencia.

Las modificaciones introducidas por el dictador han vuelto muy difícil, cuando no imposible, obtener el divorcio en base a las leyes del Estado, con la eliminación de la sección 7ma, la cual precisamente determinaba las causas de anulación de las nupcias. Como consecuencia, para escapar de la violencia doméstica y de los abusos perpetrados por el marido, hoy a las mujeres cristianas no les queda sino una única, práctica e inmediata solución: convertirse al islam.

Ateniéndose a sus principios, la Iglesia –tanto la católica como la protestante- considera que el matrimonio es un sacramento indisoluble y como tal, no prevé el divorcio. Durante el dominio británico se previeron algunos casos de divorcio, que no se limitaban al adulterio sino que también se extendían a enfermedades mentales incurables, a casos de crueldad y abandono del hogar conyugal.  Desde que se incluyeron las reformas mencionadas anteriormente, el moderno Pakistán ha excluido a los cristianos para dichas excepciones, en base a la enmienda en la sección 7ma, implementada por el general Zia ul-Haq. No obstante, el año pasado, a raíz de una petición presentada ante el tribunal por el cristiano  Amin Masih, un juez se vio empujado a restablecer la sección 7ma para los cristianos, citando como justificación el principio constitucional de la paridad de derechos entre los ciudadanos.

Una decisión que ha contribuido a replantear el debate dentro de la comunidad cristiana, católica y protestante, y tanto en las altas esferas como entre los mismo fieles, acerca de la indisolubilidad del sacramento y la licitud del divorcio. Con pareceres y posiciones distintas, entre quienes piden la posibilidad de cancelar las nupcias, y quien se pone en defensa de la ortodoxia y no admite, por ende, derogar los principios.

A partir de agosto del año pasado, la Comisión nacional de Justicia y Paz de la Iglesia católica pakistaní (NCJP) ha estado organizando encuentros y debates con sacerdotes y laicos para discutir las normas referidas al matrimonio en el caso de los cristianos, y replantear el tema de los divorcios. El objetivo es trazar un marco dentro del cual poder rever las leyes vigentes, y asegurar así el pleno respeto de los derechos humanos y de las normas internacionales, teniendo también en cuenta los pasos dados por otras comunidades cristianas.  

El objetivo es evitar las conversiones al islam que tengan como único objetivo interrumpir un vínculo conyugal violento y represivo. Tal como le sucedió a María, la protagonista inicial de esta historia, que hoy, gracias al restablecimiento de la sección 7ma, ha podido separarse del marido violento y con el sostén del padre Víctor y de su familia, trata de reconstruir una existencia feliz y tranquila. 

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