30/10/2019, 13.12
LÍBANO
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Hariri presenta su dimisión: ‘Nadie es más grande que su país’

de Pierre Balanian

El premier deja el mandato en manos del presidente Aoun, que ahora tiene ante sí dos opciones: reasignarlo, quizás con un ejecutivo técnico, o bien buscar una tercera figura. Los manifestantes exultan pero anuncian que no están dispuestos a abandonar las plazas.  Gebran Bassil, un nudo odiado por los manifestantes, pero estimado por la cúpula de gobierno del Líbano. La parálisis le cuesta al país unos 500 millones de dólares por día.

Beirut (AsiaNews) - Las cosas ya no marchan nada bien entre el ministro de Relaciones Exteriores, Gebran Bassil, y Saad Hariri. Tras 13 días de protestas contra el gobierno que han congregado a más de un millón de libaneses, el presidente del Consejo Libanés ha renunciado a su cargo. 

Es la segunda vez que Saad Hariri presenta su renuncia: la primera fue hace poco más de un año, en noviembre de 2018, cuando se vio forzado a ello durante un período en el que permaneció prisionero en Arabia Saudita, que estaba deseosa de crear una crisis en el Líbano. La segunda fue ayer por la tarde, cuando con una declaración relámpago anunció que se había “llegado a un callejón sin salida”. 

En base al Art. 5, apartado 35 de la Constitución Libanesa, el presidente de la República debe aceptar la renuncia y emitir un Decreto presidencial para nombrar un nuevo premier; o bien, pedir al premier que permanezca en el cargo por un período de garantía. Un año atrás, el presidente de la República, Michel Aoun, había congelado la emisión del Decreto, con la justificación de que el dimisionario estaba prisionero y por tanto, no estaba en pleno uso de  sus facultades. Esta vez, las cosas son distintas: Hariri entregó personalmente su renuncia en manos del Presidente.  

Esto suscitó alegría y aplausos de los manifestantes, que consideran esta dimisión como una primera victoria. Sin embargo, han subrayado que no tienen intenciones de abandonar las plazas hasta no ver sancionados a todos los políticos ladrones y lograr la restitución del dinero robado por éstos al Estado a lo largo de cuatro décadas. Según un estimado estadounidense, la cifra gira en torno a los 800.000 millardos de dólares en cuentas en el exterior, más 367.000 millardos colocados solamente en bancos suizos.  

Pocos minutos antes de la dimisión de Hariri, al ver que las fuerzas del orden no abrían las calles cortadas, algunas brigadas de motociclistas del centro de Beirut (que se presentaron como habitantes locales, pero que todos piensan se trataría de seguidores de Amal y Hezbollah) decidieron avanzar por su cuenta e invadieron las plazas, agrediendo a los manifestantes que huían. Prendieron fuego (pero sin llegar a quemarlo totalmente) el símbolo del puño enarbolado en la plaza. 

Los motociclistas luego destruyeron las tiendas y el escenario, arrollaron a su paso los altoparlantes y destruyeron la pantalla gigante. No abandonaron la Plaza de los Mártires hasta que ésta quedó completamente vacía, sin manifestantes, que huían, viendo la llegada tardía de las Fuerzas del orden y del ejército. 

Según fuentes certeras a las que ha accedido AsiaNews, Hariri habría solicitado mantener alejado a Gebran Bassil (uno de los políticos más insultados durante las manifestaciones) de cualquier futuro gobierno, pues éste habría pedido participar. La propuesta fue rechazada por el mismo Bassil, que hace menos de un año había activado los canales diplomáticos internacionales y el derecho internacional para salvar a Hariri y lograr su regreso al país en lo que entonces fue definido como un “arresto domiciliario facultativo” en Riad. 

La propuesta también fue rechazada por Nabih Berri, presidente de la Cámara, y por el Presidente de la República, Michel Aoun, suegro del ministro Bassil. Según Mostafa Alush, ex diputado libanés, uno de los motivos que han llevado al “callejón sin salida” mencionado por Saad Hariri es, precisamente, Gebran Bassil. Y, según muchos seguidores de Bassil (que goza del apoyo de la mitad de los cristianos en el Líbano) él es odiado porque quiso hacer una visita oficial a Siria y quiere hacer repatriar a los sirios.

En un discurso de menos de 5 minutos y antes de dirigirse al Palacio Presidencial, Saad Hariri trató de justificar su acción alegando “desafíos internos del país”, con la convicción del “deber de crear un shock positivo y formar un nuevo gobierno capaz de hacer frente a los desafíos, y defender los altos intereses de los libaneses”.

Hariri está convencido de que será convocado para formar un gobierno transitorio, formado por tecnócratas, en vista de la dificultad de solicitar esto a las otras tres figuras carismáticas sunitas: Fuad Siniora, de quien se sospecha robó más de 13 millardos de dólares; Nagib Mikati, acusado por el robo de cerca de 14 millones; y Tamam Salam. Hariri también está seguro de contar con el apoyo del Gran Muftí sunita, Abdelatif Fayez Darian, que se reunió con él después de que el primero dimitiera. Sin embargo, según fuentes cercanas al Movimiento libre de Gebran Bassil, con mayoría en el Parlamento, la re-candidatura de Hariri está fuera de discusión.  

Los bancos y la Bolsa continúan cerrados. En tanto, en el mercado negro, el dólar trepa alcanzando el umbral de las 1800/2000 libras libanesas, a diferencia de las 1515 que registrara el día previo a la clausura de los bancos. Cada día de parálisis le cuesta al país unos 500 millones de dólares. Es por ello que crecen en el Líbano los reclamos de muchos sabios, que piden proseguir con las manifestaciones, pero evitando cortar las calles, sin paralizar todo el país. Un gobierno transitorio compuesto por tecnócratas que aún debe ser aprobado por el Parlamento, ¿sería esto suficiente para los manifestantes? 

Parece que no, siendo que continúan exigiendo la renuncia de todos los parlamentarios y del presidente de la República: ateniéndose a lo que establece la Constitución, ¿quién deberá entonces nombrar a un nuevo gobierno, incluso de caras limpias, sino el premier nombrado por el Presidente y aprobado por el Parlamento? El Líbano ha entrado de lleno a un círculo vicioso económico y político: las reivindicaciones de la gente son justas, pero nadie sabe cómo realizarlas de manera concreta. Faltan líderes, y es por eso que el presidente Aoun ha pedido a los manifestantes que elijan a alguien entre ellos, para poder tener interlocutores y entablar un diálogo.

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