07/01/2026, 15.07
CHINA - ESTADOS UNIDOS
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Todos los intereses chinos en América del Sur a los que Trump quiere poner fin

Tras la captura del presidente venezolano, han vuelto a cobrar protagonismo las tensiones estratégicas entre Estados Unidos y China, que en los últimos años ha invertido fuertemente en América Latina y el Caribe. La competencia entre las dos potencias podría volver a centrarse en el canal de Panamá, que en los últimos años ha tratado de buscar el equilibrio entre intereses contrapuestos, pero en el punto de mira de Washington también podrían terminar otros proyectos de infraestructura e inversiones en materias primas de Beijing.

Panamá (AsiaNews) - Tras la captura y el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el presidente estadounidense Donald Trump ha señalado que Estados Unidos podría dirigir ahora su atención a otros puntos estratégicos y ricos en recursos. Uno de ellos es Panamá, y concretamente su canal, en el que, al igual que en Venezuela, China ha invertido fuertemente en los últimos años.

La influencia sobre el canal de Panamá era un tema sensible en enero del año pasado en el discurso de investidura de Trump, quien había declarado que Estados Unidos recuperaría el canal. En la estrategia de seguridad nacional, el documento que publicó a principios de diciembre la actual administración, Washington dejó en claro su voluntad de “restablecer la supremacía estadounidense en el hemisferio occidental” y “excluir a los competidores no pertenecientes al hemisferio”, una referencia no demasiado velada a Beijing.

Pocos días después, el gobierno chino publicó su propio documento sobre la región de América Latina y el Caribe en el que reafirmaba los vínculos diplomáticos entre China y la región: “China siempre ha demostrado solidaridad incondicional con el Sur global, incluyendo América Latina y el Caribe”. Se trata de una respuesta a las alianzas militares que Estados Unidos ha forjado con los países de Asia y que Beijing percibe como una creciente injerencia en su propio “patio trasero”. Por eso las acciones de Estados Unidos en Venezuela ahora preocupan sobre todo a algunos de los principales aliados de Washington en Asia, como Japón y Filipinas. Al mismo tiempo, varios países del Caribe, como Guatemala, Haití, Belice y otras islas más pequeñas mantienen aún relaciones diplomáticas con Taiwán, otra cuestión en la que ha concentrado sus esfuerzos Beijing, que considera a la antigua isla de Formosa una “provincia rebelde” y un asunto puramente interno sobre el que otros países no deben tener voz ni voto.

Según algunos analistas, la competencia entre China y Estados Unidos en América Latina recién comienza. Desde 2018 China ha firmado acuerdos de asociación como parte de la Belt and Road Initiative con 24 países sudamericanos, y en algunos casos ha reemplazado a Estados Unidos como principal socio comercial. Uno de los proyectos chinos más ambiciosos de la región es el puerto de Chancay, cerca de Lima, controlado en un 60% por la empresa estatal china COSCO. Fue inaugurado en noviembre de 2024 y desde hace tiempo se lo considera “la puerta de entrada” de China a Sudamérica. Se trata, de hecho, del primer puerto que puede recibir enormes barcos portacontenedores, y el objetivo es lograr que los productos sudamericanos (sobre todo soja, cobre, petróleo y litio) se intercambien por mercancías chinas, reduciendo la dependencia de los puertos norteamericanos y los costos logísticos hasta en un 20%, y permitiendo ahorrar 10 días de navegación.

Como explicó hace pocos días al Wall Street Journal Leland Lazarus, ex diplomático estadounidense y actual consultor de defensa, Washington teme que algunos de estos centros logísticos puedan transformarse en puntos de apoyo estratégico para las fuerzas armadas chinas. Según algunos informes del Departamento de Defensa estadounidense, Cuba es uno de los países donde China podría haber considerado establecer una base militar. Otras estadísticas afirman que entre 2009 y 2019 Beijing transfirió equipamiento militar por un valor total de 634 millones de dólares a cinco países latinoamericanos, con Venezuela a la cabeza. Mientras que solo entre 2000 y 2018 Beijing invirtió 73 mil millones de dólares en materias primas sobre todo en lo que se denomina el Triángulo del Litio, formado por Argentina, Bolivia y Chile.

Panamá, que en 2017 reconoció la política de “una sola China” y rompió relaciones con Taiwán, corre el riesgo de ser el próximo país donde salgan a la luz todas las tensiones entre Beijing y Washington. Tras las afirmaciones que hizo Trump al comienzo de su mandato, el país centroamericano se había retirado de la  Belt and Road Initiative. En un intento de calmar aún más la disputa sobre el canal, el presidente panameño José Raúl Mulino no asistió en mayo a la CELAC, la cumbre de los líderes sudamericanos con el presidente chino Xi Jinping.

El 28 de diciembre las autoridades de la ciudad de Arraiján retiraron un monumento dedicado a la contribución de los trabajadores chinos a la construcción del canal de Panamá durante el siglo XIX, una decisión que desató de inmediato la ira de Beijing. “El monumento era un testimonio y un memorial de la amistad centenaria entre China y Panamá y de la enorme contribución que realizaron los trabajadores chinos que cruzaron los océanos, algunos de los cuales incluso pagaron la construcción con su propia vida”, comunicó el ministerio de Asuntos Exteriores de China. El presidente de Panamá también condenó la decisión: “No hay ninguna justificación para la barbarie que ha cometido el alcalde de Arraiján al demoler el monumento a la comunidad china en el Puente de las Américas”, escribió en una publicación en Facebook, y afirmó que la comunidad china en Panamá “merece todo nuestro respeto. Es necesario iniciar inmediatamente una investigación. Un acto tan irracional es imperdonable”.

El gobierno panameño todavía está considerando el acuerdo que anunció BlackRock para marzo de este año: el consorcio había propuesto un acuerdo de 22,8 mil millones de dólares para la compra del 90% de Panama Ports a CK Hutchison, una sociedad de Hong Kong que desde 1996 tiene el control de los puertos de Balboa y Cristóbal, en un intento por devolver el control del canal a compradores alineados con Estados Unidos.

Brasil, por el contrario, firmó 37 acuerdos bilaterales con China en mayo de 2025, mientras que el ferrocarril Transoceánico que debería conectar el Atlántico brasileño con el Pacífico peruano atravesando la Amazonía y los Andes, aunque se anunció en 2014, espera todavía ser completado. Pero China siempre ha razonado con una lógica a largo plazo.

 

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