13/12/2016, 11.56
CHINA - VATICANO
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La Asamblea de representantes católicos chinos y el silencio del Vaticano

de Bernardo Cervellera

La reunión, que ha sido definida como “el organismo soberano” que domina la Iglesia china, se llevará a cabo en Beijing del 26 al 30 de diciembre. Para el Papa Benedicto XVI, la misma es “incompatible con la doctrina católica”. Su función: afirmar que la Iglesia es “propiedad” del Estado (y del Partido) y dividir a los fieles cada vez más. Los ejemplos del pasado. En el año 2010, muchos obispos fueron raptados por la policía para obligarlos a participar. Católicos oficiales y clandestinos hacen un llamado al Papa para que se pronuncie sobre esta Asamblea y sobre las ordenaciones episcopales ante la presencia de un obispo ilícito. Los católicos de todo el mundo deben exigir al gobierno chino que respete la dignidad y los derechos religiosos de sus ciudadanos. 

Roma (AsiaNews) – Del 26 al 30 de diciembre próximos en Beijing se celebrará la Novena Asamblea Nacional de los representantes católicos chinos. La misma es la reunión más autorizada de la Iglesia oficial en China, es decir, de aquella reconocida por el gobierno. En sus estatutos dicho encuentro es definido como “el organismo soberano” de la Iglesia.

La Asamblea reúne a decenas de obispos oficiales reconocidos por Beijing –a aquellos reconocidos por el Vaticano y a aquellos no reconocidos, ilícitos o excomulgados. Junto a ellos, hay representantes de la Asociación patriótica (AP), tanto católicos como ateos, además de un cierto número de sacerdotes, laicos y hermanas. En la última reunión, en diciembre de 2010, hubo 341 miembros. La asamblea hace un mapeo de las tareas que los católicos desempeñan en la sociedad, de las actividades de la Iglesia, de los nombramientos episcopales e incluso de cuestiones de teología,  además de votar la renovación de cargos para el presidente del consejo de obispos chinos (una especie de conferencia episcopal no reconocida por la Santa Sede por carecer ésta de obispos clandestinos) y para el presidente de la AP.  

Aún no se sabe mucho acerca de los temas que serán afrontados en la próxima reunión. Fuentes de AsiaNews dicen que responsables de la AP han viajado a lo ancho y a lo largo de China para invitar a los obispos al encuentro, verificando (y a veces prometiendo) la posible elección de prelados para los dos cargos mayores. Como se sabe, en China no hay elecciones libres, sino que todo es preparado tras las bambalinas, de modo que en la reunión la votación resulta una mera formalidad, y ésta se concluye tal como fuera programado con antelación a la misma.  

Entre los posibles candidatos a presidente del Consejo de obispos se barajan el nombre de Mons.  José Shen Bin, 46 años, obispo de Haimen (Jiangsu), o el de Mons. Juan Bautista Yang Xiaoting, 52 años, obispo de Yulin (Shaanxi).

 

Entre los candidatos a la presidencia de la Asociación Patriótica, circulan los nombres de Mons. José Guo Jincai, 48 años, obispo ilícito de Chengde (Hebei). En el caso de los dos primeros obispos, ambos son reconocidos por la Santa Sede; este último, en cambio, es uno de los ocho obispos ilegítimos. Es más,  Mons. Guo Jincai, ordenado en el año 2010, ha dado inicio a una serie de obispos ordenados sin el mandato papal, inaugurando un nuevo capítulo de abuso de poder y violencia sobre la libertad religiosa de la comunidad cristiana.

Sin embargo, otras fuentes prevén que la Asamblea confirmará a los actuales presidentes: Mons. José Ma Yinglin, obispo ilícito de Kunming (presidente de la conferencia) y Mons. Fang Xingyao de Linyi (presidente de la AP), estrechamente cercano al gobierno de Beijing.

Muchos laicos y sacerdotes católicos miran con indiferencia la reunión de la Asamblea, que es sólo vista como una ocasión para que algunos oportunistas trepen las escalinatas hacia el poder, pero sin una verdadera preocupación por la misión de la Iglesia en China.  

Al mismo tiempo, muchos sacerdotes de la Iglesia oficial y clandestina se sienten ofendidos por esta cumbre, en la cual se entremezclan “arroz y arena”, obispos oficiales en comunión con el Papa, y obispos excomulgados tratados a la par y obligados a compartir el sacramento de la unidad. Otro hecho que genera problemas es que la batuta no la llevan los obispos –lo cual aplicaría a una Iglesia que pretenda ser “apostólica”-, sino los jefes del ministerio para los asuntos religiosos (Administración estatal para asuntos religiosos, SARA), lo cual prácticamente confirma que quien comanda la Iglesia en China es el gobierno, es decir, el Partido comunista, que encima se entrometería en cuestiones estrictamente religiosas como son el nombramientos de obispos, las cuestiones referidas a la doctrina y a la liturgia, y las decisiones que atañen a la vida misionera.

 

El silencio del Vaticano

Estos sacerdotes recuerdan que la Asamblea, el Consejo de obispos y la Asociación Patriótica han sido rotulados como “inconciliables con la doctrina católica” por parte de Benedicto XVI en su Carta a los católicos de China (2007). “Y no obstante –dice uno de ellos a AsiaNews – participar en estos encuentros, adherir a esta asociación se ha convertido en un hecho obvio, que ya no provoca escándalo, sino que incluso es casi un elemento necesario para la fe en China.  De este modo se degrada el significado de la fe y del sacramento de la eucaristía, expresión de comunión con Cristo y con el Papa”.

Distintos sacerdotes de la Iglesia no oficial, que no adhiere a la AP y que por esto es perseguida, se muestran sorprendidos por el silencio del Vaticano ante el caso. Ellos, al igual que muchos sacerdotes de la Iglesia oficial, piden a la Santa Sede y al Papa Francisco que se pronuncien al respecto, criticando esta manipulación de la fe; o, más bien “esperan un pronunciamiento suyo” al respecto.

 

En efecto, cuando la SARA organizó la Asamblea anterior (7 al 9 de diciembre de 2010), la Comisión para la Iglesia en China –que entonces estaba viva y era guiada por Benedicto XVI-  pidió a los sacerdotes y obispos unidos al pontífice que evitaran “tener gestos (como, por ejemplo, celebraciones sacramentales, ordenaciones episcopales, participación en reuniones) que contradijeran la comunión con el Papa” (marzo 2010). Y muchos obispos siguieron la indicación a tal punto que la SARA tuvo que postergar la cita y finalmente terminó obligando –incluso con el uso de la fuerza- a varios obispos a participar en la misma.

Hasta ahora, la Santa Sede está callada. Quienes sí hablan, en cambio, son algunos comentadores de cuestiones vaticanas que, con una interpretación cercana a la AP, aconsejan al Vaticano mantenerse en silencio porque, en el fondo, esta reunión organizada por la SARA no es sino una mera cuestión política.  

En efecto, sí que es una “cuestión política”, pero lo es justamente porque en China todo es político, incluso la religión.

La Asamblea de representantes católicos chinos, de hecho, tiene un único valor: afirmar que la religión es propiedad del Estado (o del Partido). Al hacer esto, la SARA obtiene un segundo resultado: dividir a la Iglesia cada vez más, aumentar la brecha entre católicos oficiales y clandestinos. Y esto es un problema eclesial. Adicionalmente, las decisiones políticas que se toman en la Asamblea luego recaen sobre la vida de la Iglesia en las (carentes) perspectivas de evangelización y en el nombramiento de obispos. Por eso, el silencio del Vaticano para muchos fieles y sacerdotes resulta ser un aval de la situación o incluso una empatía con la misma.   

 

Iglesia “independiente”, propiedad del Estado

Si se observan las reuniones anteriores, nos percatamos de que las Asambleas han sido convocadas para proclamar estas dos verdades del Partido: la “propiedad” del Estado sobre la Iglesia y sobre la religión católica, y la división.

En 1998 (17-20 enero), en la Sexta Asamblea, los obispos querían elegir como presidente a Mons. Antonio Li Duan di Xian, conocido por ser un gran pastor, fiel al Papa. Pero el partido decidió distinguir al obispo patriótico de Nankín, Mons. José Liu Yuanren y al triste obispo ilícito de Beijing, Mons. Miguel Fu Tieshan.

En el año 2004 (7-9 julio), se alabó una vez más la “independencia de la Iglesia” (de la Santa Sede), y su sumisión al Partido, dando lugar a la reconfirmación de Liu Yuanren y de Fu Tieshan.

La del 2004 conformó un intento –según las palabras de Ye Xiaowen, quien entonces se desempeñaba como director de la Oficina de asuntos religiosos- de destruir la canonización de mártires chinos, efectuada en el año 2000. La misma había hecho confluir a todos los católicos en el culto a los mártires: fueron distribuidos libritos a todos los fieles, se llevaron a cabo celebraciones comunes entre oficiales y no oficiales; hubo gestos de reconciliación. La campaña lanzada contra la canonización y la Asamblea aterrorizó a los obispos oficiales, y los gestos de reconciliación prácticamente se terminaron.

La Asamblea debía luego ser convocada en el 2009, y tal vez un año antes, puesto que en el 2005 falleció Mons. Liu Yuanren, y en el 2007, Mons. Fu Tieshan. Pero la carta de Benedicto XVI dirigida a los católicos chinos descolocó al gobierno chino, en tanto ya más del 90% de los obispos se había reconciliado con el pontífice y trabajaba –tal vez fatigosamente- en la reconciliación entre oficiales y clandestinos. Estas semillas de unidad frenaron la convocatoria de la Asamblea, que fue proclamada en suspenso hasta fines del 2010, a menudo obligando a los obispos, mediante el uso de la fuerza policial,  a participar en la misma.

Para humillar a los obispos y dividir a la comunidad, además de la Asamblea, la SARA (o más precisamente, la AP), se valió del instrumento de las ordenaciones ilícitas, sin el mandato pontificio: en el año 2000, en el 2006 (con la ordenación de Ma Yinglin, el actual presidente de la AP), en el 2010-2011, antes y después de la Asamblea.

En este período también se están utilizando los mismos métodos: ordenaciones con la participación obligada de obispos excomulgados (Chengdu y Xichang) y la indicción de la Asamblea para fines de diciembre. El Vaticano también ha callado con respecto a esta violación de la santidad del sacramento.

 

El Partido dividido

Desde el 2000 a hoy, todas estas tentativas se han propuesto otro objetivo adicional: tornar más difícil la relación entre China y el Vaticano, haciendo estallar casos de conflicto hasta llegar a la ruptura. Desde 1999, la Santa Sede y China  han tratado de hablarse mediante acercamientos, encuentros, intercambio de visiones, pero llegado un punto sucede algo que obliga a los interlocutores a separarse. Siempre, en todos estos años, la responsabilidad de la ruptura recae sobre la AP (ligada al Frente Unido y a la SARA). Todo esto se debe fundamentalmente al hecho de que en un futuro acuerdo entre China y la Santa Sede deberá ser discutida la función de la AP y su control sobre la Iglesia: a pesar de no ser una asociación eclesial, ésta se entromete en la vida de la Iglesia e incluso se coloca por encima de los obispos.  

El segundo motivo para esa actitud se debe a motivos internos: es cada vez más evidente que existe una grieta entre el Ministerio chino de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Asuntos Religiosos. El primero ve con buenos ojos una relación distendida con el Vaticano, que permitiría a China tener un estatus más digno y aceptable en la comunidad internacional; el segundo ve al Vaticano y a sus reclamos de libertad como una amenaza a su poder.

Una fuente del Partido en Beijing ha revelado a AsiaNews que la presencia del obispo excomulgado Lei Shiyin en Chengdu y en Xichang fue algo buscado adrede precisamente por la SARA y por el Frente Unido, pero no así por el ministerio de Relaciones Exteriores, que se mantuvo en un silencio embarazoso.

Pero también el Vaticano ha callado al respecto, dejando creer a los fieles y a los cristianos del todo el mundo que las celebraciones con obispos ilícitos ya han pasado a ser algo obvio, y que la libertad religiosa ya no es más “el tornasol de todos los derechos humanos” (Juan Pablo II), sino un bien superfluo que puede ser rebajado a fin de salvar una flexible esperanza en las relaciones diplomáticas.

Por todo esto, los católicos oficiales y clandestinos se dirigen al Papa en busca de un juicio autorizado en relación a la Asamblea y con respecto a las ordenaciones en las cuales participan obispos ilícitos con la fuerza de la policía.

Pero es importante que toda la Iglesia universal solicite a las autoridades chinas que respeten la dignidad y los derechos religiosos de sus ciudadanos, sin constreñirlos a participar en reuniones y sin obligarlos a llevar a cabo acciones que vayan contra su conciencia. 

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