18/10/2017, 11.03
RUSIA
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La campaña de Putin para las nuevas elecciones

de Vladimir Rozanskij

El presidente todavía no ha anunciado su candidatura. Podría hacerlo en diciembre. De hecho, se habla de un plan alternativo, en vista del cual Putin ya estaría listo para señalar a su delfín: se trataría de Aleksej Djumin. En tanto, aparecen en escena nuevos gobernadores y podrían nombrarse nuevos ministros.  

Moscú (AsiaNews) – En la prensa y en la opinión pública rusa, se multiplican las hipótesis acerca de las futuras decisiones del presidente Vladimir Putin, incluso y sobre todo en lo que respecta a la próxima campaña presidencial, en vista de las elecciones, previstas para el 18 de marzo de 2018 (la fecha simbólica de la anexión de Crimea). Algunas medidas adoptadas, así como los nombramientos a nivel regional de las últimas semanas, dejan entrever una serie de cambios en un sistema “vertical” que ya lleva veinte años instalado, y que en el último tiempo ha presentado varios signos de agotamiento.  

Según fuentes atribuidas a la cúpula del partido presidencial “Rusia Unida”, reportadas por la agencia “Medusa”, Putin presentará oficialmente su candidatura para un cuarto mandato presidencial, recién en el mes de diciembre, durante el mensaje anual a la Asamblea federal. Esta vez, el presidente debiera presentarse como candidato independiente y no en nombre del partido, para marcar su superioridad con respecto a las partes y su figura de “padre de la patria”.

La administración presidencial está preparando una red de canales en Telegram, distribuidos en las 89 regiones de Rusia, para dirigirse, en particular, a las generaciones más jóvenes; los canales serán gestionados por periodistas locales y colaboradores de servicios de prensa, elegidos en virtud de su consonancia con el candidato y la eficacia de la comunicación en el territorio.  Serán canales dedicados a la difusión del programa putiniano, y permanecerán abiertos durante todo el año que viene.  

La jugada más incisiva, y que a la vez presagia mayores cambios, ha sido, en las últimas semanas, el nombramiento de 10 nuevos gobernadores regionales. Se trata del instrumento que ha caracterizado principalmente la política interna de Putin desde los primeros años: en lugar de la amplia autonomía concedida por Yeltsin, que en los años ’90 había creado numerosas contraposiciones además de alimentar las ambiciones de personajes a menudo imprevisibles, desde fines del año 2000 fue impuesto un esquema “vertical de poder”, quitando a los gobernadores su carácter electivo. Al ser nombrados directamente por el presidente, los jefes de las regiones son fieles ejecutores de sus programas; los recientes cambios apuntan, todos, al envejecimiento de la clase dirigente, que parece ser uno de los principales objetivos de la nueva campaña. Por un lado, se trata de un fenómeno natural después de dos décadas de gobierno, por  otro, se entiende que está la voluntad de hallar nuevas sintonías con los más jóvenes, cuya devoción al poder putianiano parece ser cada vez más discutible. Las nuevas generaciones muestran una notable intolerancia en relación a las situaciones de poder cristalizado y a menudo comprometido por la corrupción y por conflictos de interés, e incluso a nivel psicológico no parecen sostener el pathos ideológico del nacionalismo grande-ruso de los últimos años. El orgullo nacional y el deseo de volver al rol de superpotencia mundial, de hecho, es en buena parte una consecuencia de la nostalgia por los fastos de la Unión Soviética, de la cual los más jóvenes ya no tienen recuerdo alguno ni lazos que los unan a ella.

 

Los “nuevos” elegidos están entre personas estimadas

Los nuevos nombramientos han sorprendido mucho a los observadores e incluso a los mismos ciudadanos, como ha sido el caso de Vladimir Vassiliev en Daguestán o el de Aleksandr Burkov en la región de Omsk,  en Siberia; se trata de personajes muy conocidos y a la vez muy apreciados por la opinión pública, pero que hasta ahora estaban remotamente alejados de las ambiciones de poder o de los juegos políticos habituales. Los nuevos gobernadores parecen responder a los reclamos de honestidad y transparencia invocados en tantas manifestaciones callejeras llevadas a cabo durante el año pasado; al comenzar a hacer frío, inevitablemente dichas protestas se reducirán pasando a ser prácticamente nulas, por las dificultades que supone salir a la calle,  y esta medida podría presentar, hacia la primavera, un escenario completamente “limpio” de las escorias pasadas, que habrán sido eliminadas.

En los próximos meses se aguardan varios cambios a nivel central, como pueden ser pedidos de renuncia y reemplazos de ministros, para liberarse también de los fardos de la administración moscovita. A estas rotaciones debieran sumarse varias reformas, sobre todo en el campo económico, para hacer frente a la galopante crisis de sistema en la cual Rusia se está precipitando desde hace un par de años. Los problemas se deben, en parte, a las situaciones de conflicto a las que Rusia se ha abocado en Siria y en Ucrania, con las consecuentes cifras astronómicas en gastos bélicos y las sanciones impuestas por Occidente; pero también dependen de condiciones estructurales de la economía rusa, que se rige por la exportación de materias primas y de recursos energéticos, que actualmente atraviesan muchas dificultades en comparación con la década anterior.

Ante la pregunta de si ya no consideraba que era tiempo de anunciar su candidatura, Putin respondió, ya a principios de septiembre, que “apenas se da el anuncio, todos dejan de trabajar”. En realidad, esta respuesta ha generado sorpresa a la vez que ha dado lugar a ciertas hipótesis: difícilmente los funcionarios dejen de trabajar bajo el mandato de Putin, pero podrían dejarse llevar si el candidato fuese otro. De hecho, se habla de un plan alternativo, en vista del cual Putin ya estaría listo para señalar a su delfín: se trataría de Aleksej Djumin, un hombre de 45 años actualmente gobernador de Tula, hombre fuerte y ex jefe de los servicios de seguridad del presidente, y en el año 2014 comandante de las Fuerzas especiales que aseguraron la reunificación de Crimea a Rusia. Djumin también gestionó la evacuación del ex presidente ucraniano Viktor Janukovič y su traslado a Rusia, y hoy podría aparecer como el nuevo líder capaz de atravesar la frontera que separa a Rusia del futuro.

 

 

    

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