07/11/2017, 13.34
ARABIA SAUDITA
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La noche de los diablos del miedo: la guerra en la familia real saudita

de Pierre Balanian

Mohammed bin Salman quiere todo el poder y para conquistarlo se vale de la lucha contra todo y contra todos. A las guerras externas -Siria, Yemen, Irán, Qatar, Hezbollah – se han sumado las guerras internas de los Saud. Arrestos de alto vuelo de 11 príncipes, 38 ministros y hombres de negocios, acusados de corrupción: son todos aliados del difunto rey o rivales al trono. Entre los aliados de Mohammed bin Salman se cuentan Donald Trump e Israel.

Riad (AsiaNews) – La “Monarquía del Silencio” – como alguna vez se denominó a Arabia Saudita- alza cada vez más la voz, y en tanto la generación de nietos se acerca al trono, su voz es una voz de guerra: Siria, Yemen, las amenazas contra Qatar, Irán y el Hezbollah libanés. Hace cuatro días que ha salido a la luz que también hay en curso una guerra interna entre los Al Saud.  

“La noche de los diablos del miedo”: de esta manera se define a la ráfaga de arrestos que ha involucrado a 11 príncipes, 38 ministros y hombres de negocios, [acusados] de corrupción, por parte del Órgano supremo encargado de la lucha contra la corrupción, creado por el rey Salman apenas 2 horas antes de producirse los arrestos. El Órgano está presidido por el heredero al trono, Mohammad Bin Salman (MBS). Los arrestos han tocado sobre todo a los rivales políticos de MBS incluso más ricos que él, con el congelamiento inmediato y secuestro de cuentas bancarias incluso antes de tener lugar cualquier audiencia judicial. Las detenciones también han involucrado a personas cercanas al difunto soberano y a personajes clave de la prensa saudita y pan-árabe. Entre ellos podemos citar al príncipe Al Walid Ben Talal, propietario de la red televisiva Rotana; al jeque Walid Al Ibrahim, propietario de la red MBC;  Saleh Kamel, propietario de la red televisiva ART. Según parece, el heredero al trono elimina cualquier voz que se muestre mínimamente contraria, y concentra todo el poder mediático en sus manos, sobre todo con el control de la TV pan-árabe Al Arabiya.

Tras haber recibido el poder del padre, que lo ha nombrado heredero al trono, MBS ahora se hace del poder de la prensa, y con la campaña anti-corrupción, el arresto de los principales inversionistas y el congelamiento de sus capitales, se convierte en el dueño indiscutible del poder económico.

Según el escritor saudita Saleh Al Zahrani, el “rey Salman ha dado inicio a la primavera árabe saudita contra la corrupción en el país”. Pero estas palabras resultan poco convincentes para la opinión pública interna e internacional.

Entre los arrestados figuran otros nombres ilustres: el príncipe Pahd, ex viceministro de Defensa; el príncipe Trki, ex príncipe de la Región de Riad; Khaled El Tweijri, ex jefe de la Cancillería real;  Adel Fakih,  ministro de Planificación; Ibrahim Assaf, ex ministro de Hacienda; Abdallah Al Sultan, jefe de las Fuerzas armadas navales; Bakr Bin Laden, propietario de las industrias Bin Laden; Mohammad Al Tobeishi ex jefe del protocolo real en la Cancillería real; el príncipe Trki ben Nasser, ex responsable general del área de ambiente, y tanto otros que aún no han sido revelados.  

 Uno de los rivales más insidiosos arrestado en la noche del 4 de octubre es el príncipe Meteb ben Abdallah ben Abdelaziz, tercer hijo del difunto rey Abdallah,  jefe de la Guardia nacional. Se trata de aquél que podría obstaculizar el ascenso al trono de MBS, sosteniendo otro posible rival: el tío paterno. Según fuentes fehacientes, el príncipe Ahmad Bin Abdelaziz, hermano del actual rey Salman, se encuentra bajo arresto domiciliario hace cuatro años, por orden del heredero del trono.

Para subir al trono, MBS necesitaba dos consensos: el de la familia real y el de los Wahabitas, los dos pulmones del reino saudita. El alejamiento de los Wahabitas –realizado suavemente,  nombrando un embajador mujer, otorgando a las mujeres el permiso para poder conducir, etc. – y el arresto de los opositores dentro de la familia real demuestran que el futuro joven rey ha elegido imponerse a cualquier costo, contra todo y contra todos. La prensa, todavía libre, se pregunta cuál será el punto donde habrá de sustentase si pierde el apoyo familiar y el religioso; de dónde saca la fuerza que lo torna tan seguro al actuar de este modo revolucionario.  

Si uno hurga en los motivos que fundamentan los arrestos, debe notarse que la detención del príncipe Al Walid ben Talal, primo del heredero al trono, cuya fortuna se calcula en cerca de 18 millardos de dólares, se debe, en parte, al apoyo de Al Walid presta a Mohammad Ben Nayef ben Abdelaziz Al Saud, ex heredero al trono, vice presidente del Consejo de ministros y ex ministro del Interior, que fue alejado del poder y sometido a arresto domiciliario.

Al Walid Ben Talal hizo un pedido público dirigido a MBS para que éste liberara a su primo Mohammad Ben Nayef. Además, él se negó a financiar e invertir en Neom, la futura ciudad que el nuevo heredero del trono quiere construir. El 11 de diciembre de 2015, el multimillonario también se había enemistado con Donald Trump, declarando oponerse a su candidatura, y definiéndolo como una “deshonra para los Estados Unidos”. En aquella ocasión, Trump le respondió diciendo: “Ese estúpido no podrá controlarme”. La guerra fría entre los dos incluso prosiguió en 2016, cuando Trump acusó al príncipe Al Walid de ser uno de los propietarios de Fox News.

Entre los arrestados ilustres, secuestrados en hoteles de cinco estrellas, también figura Saud Dweish,  presidente de la sociedad saudita de telecomunicaciones, la mayor prestadora de telefonía móvil y de Internet de todo el Reino.

 

Dos días atrás, sucedió un “accidente” en el sudoeste del reino: el helicóptero que llevaba a bordo al príncipe Mansur ben Mokren ben Abdelaziz y a algunos responsables del principado de Azir, cayó misteriosamente. Se murmura que estaban tratando de huir del país.  

Una verdadera y auténtica purga de opositores ya está en curso: a dos jefes de las tribus de  Mityar y de Otaibeh, fieles al difunto soberano Abdallah, les ha llegado la prohibición de dejar el país.

La periodista Grazia Bitar, de la TV libanesa, ha comparado a MBS con Nerón, dispuesto a quemar Arabia Saudita con luchas internas, la guerra contra Irán y los desórdenes en el Líbano. En tanto, al rey y al heredero del trono le llegan, vía Twitter, las bendiciones de Donald Trump, quien declara que ellos “saben bien lo que hacen”.  

El décimo canal televisivo de Israel ayer ha revelado que el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí ha ordenado a las embajadas israelíes apoyar a Arabia Saudita y poner el foco en el caso de la renuncia del premier libanés Saad Hariri en virtud de las presiones ejercidas contra Hezbollah. Guerras desastrosas y carentes de resultados: ya llevan tres años en Yemen, en Bahréin y en Siria; amenazas de emprender guerras directas contra Qatar, el Líbano e Irán. ¿Acaso todas estas guerras sirven para distraer la atención de la verdadera guerra interna que se libra por el trono, o –como dice la periodista libanesa- hay una voluntad de incendiar todo? 

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